miércoles, 28 de mayo de 2014

viaje a la Ribeira Sacra. Galicia mayo 2914



13-18 MAYO 2014
 

Assela Alamillo Sanz
 

VIAJE A LA RIBERA SACRA
 







VIAJE A LA RIBEIRA SACRA GALLEGA

PRIMER DIA (13  mayo 2014)
Llegamos después de un buen viaje a Orense y, sin entrar en la ciudad, circulando por la ribera del Sil seguimos hasta el pueblo de Sober y de ahí a buscar la Rectoral de Anllo por carreteras escondidas entre zonas boscosas, casas de campo, calvarios pequeños, muros pétreos por los que trepa el musgo  y en los que las rosas ponen una nota de color. Finalmente encontramos la bonita casa que nos va a albergar unos días, edificio señorial que habla a primera vista de su noble pasado y en el que, nada más penetrar por el zaguán, constatamos su magnífica restauración, la decoración que combina el aspecto tradicional y popular con la iniciativa y el gusto por el arte sin etiquetas, en el que todas las tendencias combinan y armonizan y todo ello sin que falte comodidad en los servicios.
Se meten por la vista asociados los cuatro colores que predominan en este entorno de la Galicia interior: el gris del granito, el blanco de los muros, el rojo de los elementos decorativos, desde la pintura de las maderas y las tejas hasta el color de las flores y el verde de la exuberante vegetación.
Tras la acogida cálida de los que regentan el pazo, Nacho y Javi, y la ocupación de las respectivas habitaciones, llega el momento de la cena en el comedor, habilitado en la zona donde se encontraban los antiguos establos. La cena confirma la buena impresión que nos ha hecho el albergue que utilizaremos en los próximos cinco días porque es una ceremonia que se repetirá cada noche que nos permite cambiar impresiones tranquilamente a la vez que degustamos un menú sabroso, bien presentado, en un ambiente de limpieza y detalles muy de agradecer, con su aperitivo imaginativo, dos acertados platos que no se han repetido ninguna noche, un postre refrescante y rico y también variado,  todo acompañado de un pan que sabe a pan y del vino de la zona o incluso de su propia cosecha, suave y agradable al gusto, con la oferta de una infusión para finalizar.

Segundo día
Los anfitriones nos hacen recomendaciones para la visita proyectada en el día de hoy, con buenos consejos sobre carreteras, rutas y puntos de interés que completan el plan previsto ya por Nuria y que nos hacen salir con la ilusión de lo mucho que la zona nos ofrece. Hoy será día de monasterios y hay que empezar por el más grandioso de todos, convertido en Parador Nacional de Turismo desde 2004, el magníficamente restaurado Parador de Santo Estevo, situado en un paraje extraordinario, no lejos del río Sil pero en lo alto, al que se llega después de recorrer una sinuosa carretera, que pertenece al municipio de Nogueira de Ramuín.
Es uno de los paradores más grandiosos y monumentales de la red nacional que está abierto sólo la mitad del año y tiene sus problemas de supervivencia económica. En un poster que se encuentra a la entrada se puede apreciar el estado del antiguo monasterio benedictino antes de su reconstrucción, sin cubiertas salvo en dos lados y en un estado de deterioro notable. Es posible entonces valorar más el actual estado de tan nobles muros, un conjunto artístico que fue declarado Monumento Histórico ya en 1923.
Nosotros llegamos en una luminosa mañana de miércoles y notamos una agitación desacostumbrada que pronto nos explicamos al darnos cuenta de que el día anterior se había celebrado en el recinto una boda de alto nivel y todavía duran las consecuencias. A esa hora los novios y algunos otros invitados están saliendo del Parador para su viaje de novios o de regreso.
La bien conservada iglesia abacial que forma parte del conjunto y está anexionada al monasterio propiamente dicho, la de Santo Estevo de Rivas del Sil, que esa es su denominación en contraste a otro del mismo nombre en las orillas del Miño, está abierta, lo que nos permite visitarla sin prisas y a nuestro aire porque además  se encuentra vacía. En sus orígenes se construye en el estilo románico, de finales del siglo XII y comienzos del XIII, que se puede apreciar bien en los ábsides laterales del exterior, semicirculares, pero, como tantas otras iglesias, sufrió modificaciones y añadidos en los siglos siguientes. Tiene planta basilical, con tres naves separadas con grandes columnas. En el techo unas bellas bóvedas de crucería construidas en el siglo XVI sustituyeron a la primitiva techumbre de madera. La fachada principal, rematada en dos torres cuadradas con pináculos de pizarra, tiene elementos ornamentales de finales del siglo XVII y principios del XVIII. Aun así conserva claros vestigios de la primitiva fachada, como son los dos grandes contrafuertes que flanquean la portada.
En un lateral del crucero se expone un altar románico, labrado por ambos lados y muy bien conservado, que data probablemente del siglo XII y que fue descubierto encajado dentro de uno de los muros del claustro grande mientras se hacían unas obras. Tiene la iglesia además interesantes capiteles románicos, bellos retablos barrocos y un órgano del mismo estilo en uno de los muros del crucero.
A través de la bonita portada principal del monasterio, terminada ya en el siglo XVIII, entramos en el Parador, antiguo monasterio que se fundó en el siglo VI pero del que los primeros testimonios son del siglo X. Como todo lugar mágico que se precie, también aquí hay una leyenda que justifica su fama y los símbolos del escudo. Se cree que en los siglos X y XI se refugiaron en él nueve santos obispos que contribuyeron a dar  fama e importancia al lugar durante toda la edad media. Queda de ello el vestigio iconográfico de las nueve mitras en el escudo que está esculpido a un lado y otro del balcón principal de la fachada. A finales del siglo XV, debido a una reforma de los monasterios impulsada por el Cardenal Cisneros, éste pasó a pertenecer a la orden benedictina y así duró hasta finales del siglo XIX en que se le dio un uso civil, pues se convirtió en Escuela de Artes y después quedó como simple iglesia parroquial.
Entramos para visitar lo que se permite a los visitantes, sus tres claustros de distintos estilos, románico, gótico y renacentista, todos ellos de gran belleza y muy bien restaurados, alrededor de los que se organizaba el monasterio.
Nada más pasar el atrio llegamos al más grande de los tres, de planta rectangular que ha sido restaurado de manera que uno de los lados, el peor conservado, se ha cubierto con cristales espejos, que reflejan los otros lados y proporcionan una sensación de amplitud y magnificencia. Tiene tres cuerpos,  con arcos de medio punto en el primero y el tercero y a él dan las habitaciones del actual parador. Nosotros encontramos en el interior unas grandes carpas instaladas en él que impiden apreciar la armonía del conjunto. En ese momento unos obreros se disponen a desmontarlas y, según nos enteramos por una de las invitadas, albergaron la noche anterior la discoteca, el festivo colofón de la boda.
Pasamos luego al claustro de los Obispos, en realidad claustro Regular o de las Procesiones, que se comunica directamente con la iglesia. Es el más antiguo de los tres, de dos cuerpos y planta rectangular. El primer cuerpo es románico, de principios del siglo XII. El segundo cuerpo, del siglo XVI, es gótico aunque reformado posteriormente.  Está adornado con una crestería labrada en piedra y remates góticos adosados al muro que sobresalen por ella.
El claustro pequeño, situado al norte del anterior, fue construido por Diego de Illa a partir de 1595; está compuesto por dos cuerpos, formados por arcos de medio punto  rebajados sostenidos por sobrias columnas dóricas.
Otro de los elementos arquitectónicos más valiosos del edificio es la escalera de honor, situada a la orilla de la portería, cubierta con una hermosa bóveda de crucería de 1739, con nueve rosetones variadamente decorados. Por ella ascendemos hasta la parte alta de los claustros pasando por un salón rectangular en el que están expuestas esculturas en bronce de un artista tal vez local muy bonitas. En los muros  cuelgan unos grandes murales que recogen con fotografías y leyendas curiosidades de la región, como son los oficios de los habitantes de los pueblos cercanos.
Una muestra curiosa y conocida en el resto de España es la información de que una gran parte de los afiladores que recorrieron el país y el vecino Portugal son naturales de los pueblos de la zona, hasta el punto de convertirse el nombre de afilador en sinónimo de orensano, y da cuenta de otras particularidades de éste y otros oficios. En el cercano pueblo de Luindra se ha erigido un monumento a los afiladores en el lugar más céntrico, los que con su rueda a cuestas se trasladaban de lugar a lugar.
En la plaza de pavimento de granito que antecede al conjunto monumental de Sto Estevo se levanta un bonito cruceiro en el mismo material, uno de los muchos que se encuentran por toda Galicia, que en esta mañana luminosa destaca recortado en el cielo azul.
Salimos del poblado pequeño que rodea el Monasterio-Parador y nos dirigimos hacia alguno de los bonitos Miradores que están distribuidos por la zona y desde los cuales se divisan unas espectaculares vistas del río encañonado y de sus laderas, a veces abruptas, que lo enmarcan, espectáculo realzado en su belleza por el tiempo soleado y claro y por la vegetación que cubre todas las superficies, entre la que destaca las manchas amarillas de la retama, presente en toda la región y pletórica de color.
Mirador de la Columna. Está algo alejado de la carretera y nos dirigimos por un camino a cuyos lados florecen matas de flores de todos los colores hacia la cumbre de un pequeño otero rocoso en una pequeña explanada protegida por una barandilla de piedra. La vista panorámica del cauce del Sil es espléndida. Hay que prescindir de los cables eléctricos que le quitan algo de encanto y disfrutar del espectáculo. El río Sil dibuja un meandro para salvar las torres graníticas de la mole llamada Cotarro das Boedas, de más de setecientos metros de altitud, en la orilla de la provincia de Lugo.
El río discurre mansamente formando una pacífica serpiente azulada en la que se adentran los espolones rocosos de las orillas. Si en ese momento pasa un barco o un catamarán turístico, se puede apreciar las auténticas dimensiones de ese magnífico escenario.
Seguimos un trecho corto hasta llegar al Mirador de Cabezoas, igualmente situado a cierta distancia de la carretera y que ofrece una vista muy parecida al de la Columna, un meandro del río Sil atravesando los recodos más bravos y agrestes del macizo granítico,  un espectáculo sobrecogedor  en un entorno luminoso donde el silencio es el mejor sonido.
En el itinerario de los Monasterios nos dirigimos ahora hasta el monasterio de Santa Cristina de Rivas del Sil, perteneciente al concejo de Parada de Sil situado en un paraje boscoso al lado del impresionante cañón que forma el río.
la naturaleza entendida como divinidad” 
es una frase referida a este monasterio, imagen poética que vamos a comprobar en nuestra solitaria visita. Descendiendo hacia el recinto, bien por una rampa o bien por las escaleras de granito cubiertas de musgo, vemos los viejos castaños y robles milenarios, de troncos llamativos por las formas que con el tiempo han adoptado. En uno de ellos hay una serie de exvotos e imágenes pintadas que hace suponer es fruto de una devoción ancestral que une el culto a los árboles de los antiguos celtas con las tradiciones cristianas. Parece dedicado a san Benito y llama la atención en un día en que el paraje está absolutamente solitario, como si acabáramos de descubrirlo para la civilización.
Antes de llegar a la iglesia y los restos del monasterio leemos en un cartel  sólidamente enmarcado  la siguiente bonita leyenda:
A vida dos nosos antepasados está escrita nas pedras deste Mosteiro
Y algo más abajo, separado por un espacio dibujado, otra que quiere explicar lo que ya está muy claro en esas palabras:
Atópase vostede ante un mosteiro medieval arredor do cal xirou a vida espiritual, cultural e económica das xentes destas terras

El origen de este monasterio, según consta en la documentación, se remonta al siglo IX, en un cenobio dedicado a la santa.  Su esplendor  se desarrolló en el siglo XII por la protección de los reyes Alfonso VI y Alfonso VII, y llegó a ser el centro religioso más importante de la Ribeira Sacra después de San Estevo de Ribas de Sil, con amplias propiedades en ambas orillas del río. Su decadencia se produjo en el siglo XV y a principios del siglo siguiente pierde su categoría abacial y pasa a depender de San Esteban.
Del primitivo monasterio destaca la bella puerta románica por la que se accede al claustro, de arco de medio punto con artísticos relieves.

La iglesia monacal, a la que no podemos entrar, por desgracia, -porque sabemos que conserva interesantes pinturas murales renacentistas-, es de estilo románico, de los siglos XII o XIII. Su planta es de cruz latina, con una sola nave que se cierra con una triple cabecera semicircular elevada en la que sobresale el ábside central. En la fachada destaca la portada es semicircular con triple arquivolta sostenida por columnas con capiteles labrados con motivos vegetales, y encima de ella podemos ver uno de los mejores rosetones románicos de Galicia, con formas lobuladas.
Descripción: C:\Users\atenea\Pictures\ad.jpgEn su lado norte sobresale la torre campanario también románica, de planta cuadrada y con dos arcos de medio punto en el segundo cuerpo, y rematada por un chapitel de pizarra.
Pasando a través del bonito arco románico que formaba parte del atrio de la iglesia, entramos a las estancias del monasterio entre las que destaca especialmente el bello claustro que fue reconstruido en el siglo XVI
El ambiente en un día soleado y cálido como tuvimos la suerte de disfrutar, sin más visitantes que nosotros, evoca un escenario romántico y atractivo, sugerido por ese cuidado abandono de tan históricas piedras, arropadas por una exuberante vegetación.
Ha llegado el momento de hacer un alto en el camino y reponer fuerzas y nos dirigimos al cercano pueblo de Parada da Sil, pequeño y solitario, en el que descubrimos un mesón abierto, la Casa Pepe, y allí, sin mayor exigencia, aceptamos el menú propuesto por el joven que lo regenta y nos asombra el aceptable precio que ha costado una digna comida, en el local adornado con objetos rústicos o evocadores del ambiente rural, entre los  que descubrimos incluso unas pieles de jabalí y de lobo adosadas a los viejos muros de piedra.
Desde Parada y a muy corta distancia del pueblo, desde el que se llega por una pista señalizada, se encuentra el Mirador de los Balcones de Madrid, uno de los más espectaculares puestos de observación del cañón del Sil, ubicado a 500 metros de altitud, y que se designó de esta curiosa manera porque desde allí las mujeres acudían a despedir a los maridos que salían a buscarse la vida por España, bien como afiladores o barquilleros o serenos y que, cualquiera que fuese el lugar a donde se dirigían, siempre decían que se iban a Madrid.
Gracias a su estratégica situación, dominando el río desde lo alto, ofrece una inmejorable panorámica de uno de los tramos más agrestes del Sil y de las tierras de alrededor.
Todavía nos quedan monasterios en el programa y nos llegamos hasta  el pueblo llamado Montederramo, curioso nombre que alude a la iconografía del escudo heráldico que en efecto, presenta un ramo de flores saliendo de un tiesto.
Lo más destacado es la visita al Monasterio de Santa María de Montederramo, fundado en el siglo X, que perteneció a la Orden de San Benito y posteriormente, en el siglo XII a la Orden del Císter, refundado por una infanta hija de Alfonso VII que trajo a monjes franceses. Entonces tomó la advocación de Santa María. En el siglo XVI se reconstruyó el monasterio y la iglesia. Durante siglos se consideró uno de los monasterios gallegos de mayor poderío económico y social, hasta que se produjo la desamortización de Mendizábal en 1836.
La visita al interior del recinto tiene que ser guiada después de pagar una modesta cantidad en el Ayuntamiento. Empezamos por la  gran iglesia, que en sus orígenes, en el siglo XII fue románica pero de la que no se conserva nada, salvo un ventanal románico aparecido en la última restauración en el muro sur de la iglesia que ahora se puede ver desde la parte alta de uno de los claustros.
La nueva iglesia, diseñada por Juan de Tolosa, fue construida a lo largo del siglo XVI, con una fachada lisa y sobria aunque monumental por sus grandes proporciones. Antes de entrar, la guía nos hace notar que la iglesia está ligeramente inclinada como resultado del terremoto que sufrió Lisboa en el siglo XVIII.
Su interior es un imponente y húmedo espacio, sin  apenas mobiliario, que aún conserva el retablo policromado pero en el que ya no hay culto salvo en ocasiones excepcionales. Es de planta de cruz latina con tres naves cerradas por bóvedas de crucería góticas y una gran cúpula en el crucero. Los pilares estriados están rematados por capiteles jónicos. El pavimento, constituido en gran parte por numerosas losas funerarias, alguna de más de trescientos años de antigüedad, rezuma humedad que se acentúa con el calor y es que por debajo de la iglesia discurre un manantial que evapora sus aguas anegando el suelo.
En la parte alta de la iglesia nos muestran un magnífico coro de madera noble que se ha restaurado recientemente y la iglesia se comunica con el monasterio por una amplia y monumental escalinata.
El monasterio tenía dos claustros, uno de los cuales, el llamado procesional, forma actualmente parte de un colegio público  habilitado en los años ochenta después de rescatarlo de la ruina. Es el patio donde salen los alumnos y por eso se ha cubierto para protegerlos de la lluvia. Desde el punto de vista artístico está muy deteriorado, ya que ninguno de sus cinco arcos semicirculares se conserva íntegro con sus adornos renacentistas y barrocos originales.
Descripción: C:\Users\atenea\Pictures\13 18 mayo 14 ribera sacra\14 miradores y mosteiros\14.7 montederramo. monast sta mª\DSC_0975.JPGEn los muros de este claustro nos encontramos expuestas unas fotografías que evocan uno de los acontecimientos recientes que le han dado protagonismo al lugar, que fue la filmación de varias escenas de la película Los Girasoles Ciegos, de José Luis Cuerda, según la novela de Alberto Méndez, con Maribel Verdú como protagonista. El hecho debió de suponer para el pequeño pueblo una verdadera conmoción y las fotografías expuestas son un recuerdo de ello.
El otro claustro es plenamente renacentista en su estilo y en la desamortización pasó a manos privadas, utilizándose para viviendas y locales comerciales y desfigurando su primitiva fachada que ahora da a la bonita y gran plaza del pueblo, con la que se comunica a través de una portada de acceso libre. Es un elegante claustro cuadrado, del siglo XVI,  con adornos de medallones esculpidos, escudos y columnas exentas renacentistas con capiteles jónicos. Entre los personajes representados en los medallones se reconocen a los reyes Carlos V y Felipe II y otros personajes religiosos.
En la plaza al lado de la iglesia encontramos una estatua en piedra dedicada a San Mamede, que da nombre a la sierra cercana, donde tenía su refugio espiritual el santo. Según cuenta la tradición, para construir su ermita en el alto de la sierra, a más de 1.600 metros de altitud, el santo contó con la ayuda de dos corzos salvajes que le llevaban las piedras. Sin embargo, uno de los corzos fue devorado por un lobo, y el santo, enojado, castigó al lobo haciendo que sustituyera al corzo acarreando las piedras.
El santo pasaba la mayor parte del tiempo en la cumbre de la sierra, sin duda un lugar ideal para la reflexión, de donde sólo bajaba, para ir al monasterio de Montederramo en los días de las fiestas religiosas. Sin embargo eran muchos los monjes que subían a ver al santo, movidos por su espiritualidad. En lo alto de la sierra, al lado de la ermita se encuentra una fuente, de donde hizo brotar agua el propio santo. Agua que da origen al río Mao.
Por el centro de la plaza admiramos unos castaños antiquísimos, en uno de los cuales el tronco ofrece un verdadero escondite, y en el centro una fuente que perteneció en origen al Monasterio, colocada en uno de sus patios.
Descripción: C:\Users\atenea\Pictures\13 18 mayo 14 ribera sacra\14 miradores y mosteiros\14.8 cruceiro marrubio\DSC_0986.JPGCon la favorable disposición que estamos mostrando a conocer y visitar monasterios y lugares religiosos, nos desviamos de nuestro camino en un cruce que señala como objeto de interés el Cruceiro de Marrubio y muy poco después llegamos a un paraje lleno de encanto, como otros muchos en los caminos de Galicia, donde el cruceiro, que conserva muy bien el colorido primitivo, está resguardado por una techumbre  de madera sobre soportes de pilastras de granito y está colocado al lado de una de esas pequeñas ermitas, restaurada en el tejado rojo y con un atrio delante. A la distancia de un kilómetro aproximadamente se distingue el caserío de un pueblo o parroquia dominado por la espadaña de la iglesia.


El siguiente monasterio de los que constituyen la ruta es el de Santa María de Xunqueira, situado en el centro del pueblo de Xunqueira de Espadañedo, pueblo despejado y tranquilo, en la hora del atardecer.
El origen de este monasterio fue en la mitad del siglo XII. Pocos años después pasa a formar parte de la Orden del Císter, tan potente en tierras de Galicia, en dependencia directa de Montederramo y estuvo activo durante más de ochocientos años de vida. Hoy sólo queda la iglesia y parte del claustro renacentista  y otras dependencias monásticas pasaron a propiedad municipal después de la desamortización de Mendizábal.
La soledad del lugar se rompe con la llegada de una señora  que camina a paso lento, apoyada en el bastón, en dirección a la iglesia desde una calle y poco después divisamos a otra que lo hace desde otra dirección contraria. Poco a poco se van reuniendo un pequeño grupo de mujeres que entran al interior de la iglesia con ocasión de un oficio religioso, sea una misa o el rezo del rosario. Nosotros aprovechamos la ocasión para entrar en ella, subiendo por una elegante escalinata.
La fachada, iluminada por el sol del atardecer, es muy sobria y combina el estilo barroco con neoclásico. Sustituyó a la original románica que fue destruida probablemente por un rayo en una tormenta. Por arriba sobresale una espigada torre de formas barrocas que alberga las campanas. En los dos lados de la iglesia se aprecian sendas puertas románicas pero la mejor conservada está tapiada. Se la conoce como “la puerta de los muertos”, pues por ella los monjes tenían acceso a su cementerio.
La iglesia en su interior es románica, compuesta por tres naves terminadas en tres ábsides semicirculares, los dos laterales más bajos. La cubierta de las naves es un artesonado de madera. Los capiteles, siguiendo los preceptos cistercienses, apenas están decorados.

El claustro renacentista, del siglo XVI, está en el exterior e incompleto pues el lado del este ha desaparecido y del lado sur queda solo una parte. Tiene dos pisos, el inferior con arcos de medio punto y el superior, acristalado y en uso, arcos rebajados.

La tarde va decayendo y el sol se acerca al horizonte, proyectando sus rojizos rayos en horizontal, cual potente faro de embellecedora luz. Los días son más largos en Galicia y ello nos da margen a prolongar la jornada turística sin querer renunciar al último de los monasterios programados, San  Pedro de Rocas, cerca del concello de Esgos, que consta de una iglesia rupestre y del monasterio. Es un símbolo de la entrada del cristianismo en Galicia y se tiene por el monumento cristiano más antiguo e interesante de todo el territorio.
 Data del siglo VI, época en que se excavaron en la roca  natural las tres capillas trogloditas que forman un recinto antiquísimo, casi primitivo, testimonio de los primeros asentamientos eremitas en estas tierras, -personas que se retiraban a orar en solitario- y aporta un gran valor antropológico que envuelve en un aura de misterio y magia el lugar. Posteriormente se convierte en cenobio, -lugar de reunión de varias personas para vivir y orar en común- y según la información que nos dan las inscripciones de la lápida fundacional, que se conserva en el Museo Arqueológico Provincial de Orense, los fundadores  fueron siete varones que escogieron este bello enclave  en el año 573 para retirarse a una vida de oración. Aún estando establecida ya la vida monástica, hay constancia de que continuó la eremita en los alrededores de San Pedro de Rocas hasta el siglo XV.
Está ligado el monasterio al evangelizador Martín de Braga (también conocido como Martín de Dumio o Martín Dumiense) en época sueva. A principios del siglo VIII es abandonado el monasterio debido a los ataque que sufre por parte de los musulmanes.
Alfonso III de Asturias, el Magno, implanta la regla benedictina y dota al entonces ya cenobio de grandes donaciones que sus sucesores, Alfonso V en 1007, Alfonso VII, Fernando IV y Enrique III confirman y aumentan.
En un documento datado en el año 1007, en donde también se detallan los privilegios otorgados por el rey Alfonso V, se relata que en el siglo IX un caballero llamado Gemodus en una cacería encontró las ruinas de un monasterio, o las capillas excavadas y él y sus acompañantes se quedaron a vivir allí como religiosos. Se cree que esta historia es una leyenda pero el nombre ya ha quedado asociado al lugar y una de las tumbas del interior de la capilla se le adjudica.
En el siglo IX un incendio destruye gran parte del monasterio que es posteriormente reconstruido con la ayuda del de san Salvador de Celanova.
En el siglo XII el recinto cobra el aspecto que tiene en la actualidad. No fue nunca un monasterio rico ni muy habitado y dependió del monasterio de san Salvador de Celanova primero y después del de Santo Estevo de Ribas de Sil.
Otro incendio vuelve a consumir el conjunto monacal el año 1640. La reconstrucción que se realiza entonces da el aspecto actual del monasterio. Tras la desamortización de Mendizábal y el abandono de los monjes, pasa a ser parroquia que se debe cerrar a comienzos del siglo XX por los numerosos derrumbes que producen y por ser nuevamente consumido por la llamas.
En 1923 fue declarado el conjunto Monumento Histórico-Artístico y se ponen medios para su conservación. En la actualidad, ya cerrado al culto, se ha creado en lo que fue casa rectoral un museo y un centro de interpretación de la vida monástica en la Ribiera Sacra que no hemos visitado.
Leemos antes de llegar que posee ocho sepulcros antropomorfos del primitivo claustro suevo y pronto los descubrimos entre la iglesia y la casa rectoral, en el suelo, esculpidos en el granito, con la forma de figuras yacentes. Una de las tumbas tiene grabada una cruz y todas ellas tienen un rebaje para que encaje la lápida sepulcral. Se cree que en este lugar estuvo ubicado el claustro del antiguo monasterio en donde los monjes realizaban sus enterramientos
Lo más interesante del recinto es la iglesia, que data del siglo XII. Tiene tres naves y la cabecera excavada en la roca. Por unos pasos construidos en madera nos acercamos a ella, pero no se permite el acceso al interior, sino que hay que verlas desde la puerta. Las naves en realidad son capillas separadas por arcos que reposan sobre columnas cuyos fustes y capiteles han sido tallados directamente en la roca. La nave central es más ancha y larga que las laterales, en su suelo hay cinco tumbas, una de ellas con forma antropomorfa. En el techo hay un respiradero por el que entra luz y aire, como si de una falsa cúpula con linterna se tratara. El techo de todas las capillas simula ser bóvedas de medio cañón.
El altar del templo, datado en el s VI, se conserva en el museo arqueológico de Orense.  Una pilastra hace las veces de altar. En la pared de la capilla de la izquierda, un reducido espacio de 5 x 3,40 m, se abre un hueco en el que se supone que estaba el sepulcro del caballero Gemodus. En él se descubrió una pintura mural al fresco, datada entre 1175 y 1200, que muestra imágenes de los apóstoles sobre un mapamundi.
Es digno de admirar por su singularidad el campanario, realizado por Gonzalo de Penalva en el siglo XV,  que situó la espadaña con los dos huecos donde van las campanas en la parte superior de una enorme roca natural de 14 m de altura, lo que ha dado nombre y atractivo a este lugar. Actualmente no hay campanas. Cuando se traspasa el arco, se ven excavadas en la roca unas estrechas escaleras que conducen hacia lo alto.
Muy cerca del campanario, se accede por un arco a un pequeño espacio, creado como cementerio parroquial en el siglo XIX pero actualmente vacío. Solo queda en una esquina un conjunto de seis nichos ya abiertos. En este solar se asentaban las dependencia del antiguo conjunto monacal medieval. Junto a la entrada del cementerio comienza una calzada, por donde se accedía antiguamente al lugar, que lleva a la llamada "Fuente de San Bieito" o San Benito, que según el decir popular sus aguas curan las verrugas
La casa rectoral data del siglo XVII y es un sobrio edificio de planta rectangular hecho en sillería de granito (con las piedras del antiguo monasterio) con balcones con rejas de hierro que se apoyan en típicas ménsulas barrocas en dos de sus esquinas. En el siglo XX se realizaron reformas donde se añadieron algunas ventanas y la puerta de acceso.
Abandonamos este lugar con un encanto especial para regresar por las carreteras, a veces tortuosas pero enmarcadas por un paisaje variado y siempre bello, hasta la Rectoral donde nos espera una sabrosa cena en el acogedor ambiente que ofrecen sus anfitriones y sus instalaciones.

Tercer día
Navegando por el Sil. Desde la Rectoral nos han reservado un paseo fluvial por el cercano río Sil en un catamarán con cabida para doce personas que se toma en un pequeño puerto fluvial a unos diez minutos en coche de la residencia. Vamos con tiempo por una carretera que desciende cual tobogán hacia la orilla y aún tenemos un tiempo para recrearnos en el bonito paisaje con las vivas matas de retama de intenso color amarillo y las pequeñas cascadas que se despeñan desde lo alto.
El embarcadero está formado de dos pasarelas metálicas que salen desde una terraza artificial y un pantalán  desde donde se embarca con facilidad. Allí está el dueño de la embarcación, un joven de nombre Alejandro que además de conducirnos por el cañón del Sil, nos va a dar todo tipo de explicaciones sobre la fauna, flora, geología e historia de la zona y nos va a contagiar su amor por esa viticultura heroica que se cultiva en las escarpadas laderas ya que, como nos cuenta, allí todos son propietarios de alguna viña y su cultivo forma parte de su vida.
El Cañón del Sil es un espectacular, precioso  y en cierto modo desconocido paraje  de la geografía española que merece más fama y propaganda. Geográficamente este tramo del río, cercano a su encuentro con el Miño, sirve de frontera entre las provincias de Lugo y Orense Es una garganta excavada por el río, producida por un movimiento tectónico, una ruptura de placas, en la época cuaternaria. El río discurre por las fracturas que dividieron el terreno en bloques gigantescos cuando la planicie se movió y con el tiempo la corriente del río, erosionando las orillas, ahondó  más el barranco en la dirección este-oeste.
La temperatura está regulada en la zona del cañón y se da una vegetación mediterránea que propicia el cultivo de los viñedos, lo que ya fue descubierto por los romanos.
Un resultado de todo ello es el amplio cultivo de la vid en este paraje denominado desde antiguo Ribeira Sacra, tal vez por el número considerable de monasterios e iglesias que se fundaron en sus márgenes.
Con esta denominación se designan también los vinos que con gran esfuerzo se cultivan en estos difíciles y bellos parajes. Pronto vemos los viñedos encaramados en las laderas, con una pendiente de más de 50 grados que las hacen parecer verticales, colocados entre los grandes pedruscos del terreno en bancales artificiales, sostenidos por lo que llaman muras, serie de piedras formando un tope que hay que construir a mano aportando una a una y renovar cada año por los destrozos que la climatología ocasiona.
Desde siempre se han cultivado manualmente estos viñedos,   acarreando las uvas al hombro y subiéndolas hasta la parte alta con un gran esfuerzo compensado por los 140 euros diarios que los propietarios del viñedo ofrecen a los trabajadores. Vemos también en algunos de ellos, unos cables que permiten utilizar una rústica carretilla como método de transporte para transportar la uva que a veces sólo es posible llevarla al río y trasladarla en barco. También apreciamos en el paisaje de las laderas unas diminutas casitas camufladas en la vegetación que son pequeñas bodegas donde fermentaba el vino. El vino ha sido siempre moneda de cambio entre los habitantes de la Ribeira Sacra. Actualmente hay más de cien bodegas locales y la viña da trabajo a unas seis mil personas.

Alejandro nos hace ver una escultura en lo alto de la montaña con un aspecto antropomórfico que es objeto de una leyenda local. Allí la llaman Cereilloto do demo y dicen que fue obra del diablo, con el que los monjes de San Esteban pactaron para que les ayudara a hacer u puente de lado a lado. Luego se arrepintieron pero esta escultura ya quedó hecha.
El paseo es verdaderamente bonito en un día tan luminoso, disfrutando de un ecosistema variado y rico. Con suerte se pueden ver en vuelo aves de especies protegidas y en cuanto a árboles los hay de muchas especies, distinguimos madroños, arces, alisos, fresnos y naturalmente robles.
Las laderas escarpadas se reflejan en las aguas tranquilas del rio, ofreciendo espectáculos de gran belleza.
El guía señala los miradores que a lo largo del curso del río en esta zona se han construido para deleite de los viajeros y en un momento dado la torre de la iglesia del monasterio de Santa Cristina, sobresaliendo entre el arbolado, en un paraje espectacular. En la montaña del frente, el monte alto do Rodicio, a 1330 metros de altitud, se distinguen los inevitables molinos eólicos. Por las laderas vemos pequeñas cascadas de agua que se precipitan al río.
Más adelante en el recorrido de doce kilómetros notamos que la corriente trae muchos troncos desprendidos naturalmente de las laderas por los vientos y las fuertes lluvias aunque lo peor, como en tantos sitios, es que también arrastra los plásticos indestructibles fruto de la desidia de los humanos que no cuidan el entorno como deberíamos.
Una de las viñas está situada en la morrera de un glacial que se puede apreciar bien en su composición. La nota anecdótica nos la proporciona Alejandro contándonos que es propiedad del director del instituto de enseñanza media de Monforte de Lemos, que no se hace rico con su cultivo pero sí le da satisfacciones personales. Lo mismo ocurre con otra viña cercana, propiedad de un bombero que tampoco puede vivir de la viña. Ambas están perfectamente enamuradas, con sus muros de piedra bien dispuestos.
Se oyen disparos que nos explican que los lanzan periódicamente para asustar a corzos y jabalíes o cuervos y que no se coman las uvas.
La vuelta después del recorrido nos permite volver a disfrutar de los mismos paisajes pero esta vez, con el viento en contra, envueltos en las suaves mantas que el catamarán dispone para los viajeros que las requieran.
Ha sido una bonita actividad que ha durado unas dos horas y que nos deja en el recuerdo paisajes de gran belleza y un conocimiento que nos acerca más a las costumbres y a las gentes de la región.
Seguimos por carreteras pequeñas y sinuosas, entre paisajes de verde vegetación y nos detenemos delante de un pequeño pueblo al lado de Abeleda, que tiene una iglesia románica que, como todas, está rodeada de un cuidado cementerio. Le damos la vuelta para admirar sus fachadas y ábsides, así como la barroca espadaña que sobresale del escaso caserío y continuamos la ruta hasta el pueblo  de Abeleda donde buscamos un restaurante del que hemos oído hablar en términos elogiosos pero que este día no responde a las expectativas porque es una comida bastante normal.
El camino desde A Abeleda hasta Castro Caldelas por la carretera LU 903 es de una belleza inolvidable, entre terrenos escarpados sembrados de viñedos que en el mes de mayo relucen por el verde luminoso de sus hojas, la simetría de las filas amuradas que descienden hacia la orilla del río como magníficas escaleras diseñadas por la naturaleza, las masas oscuras de árboles en la otra orilla del río, las manchas amarillas de la retama, todo el conjunto hace que se disfrute curva tras curva de las cambiantes perspectivas que se ofrecen a nuestra vista.

Después de pasar el río se inicia una subida en la misma proporción que la bajada y se divisa en lo más alto de la gran mole la silueta del pueblo al que nos dirigimos, Castro Caldelas. Llegamos a él a una hora temprana de la tarde, entre el silencio y la soledad de las calles y el pueblo produce una bonita impresión, con sus casas nobles de grandes y blancos miradores acristalados en la planta alta que destacan sobre los muros de granito claro, agazapadas bajo la inmensa mole del castillo fortaleza que domina el caserío.
Nos dirigimos en primer lugar hacia la iglesia, con una fachada neoclásica  reciente, realzada por sus dos altas torres gemelas, con campanario y rematadas por sendas linternas circulares. Está abierta y penetramos en su interior sin que apreciemos ningún valor artístico reseñable.
Seguimos adentrándonos por las calles que suben hacia el castillo, hoy convertido en museo antropológico, que permite entrar en el patio de armas y sentarse sin que nadie lo impida en uno de los lados protegidos del implacable sol que hoy luce.
El castillo de Castro Candelas o Castillo de los Condes de Lemos es una enorme mole situada en la cima de un promontorio que domina todo el territorio, una fortaleza medieval, la más importante en la Ribera Sacra, que tiene su propia historia a lo largo de los tiempos pero de ella queda como episodio más importante la Revuelta Irmandiña que tuvo lugar en ese escenario en el siglo XV, como es relatada en un cartel situado  en el exterior del castillo y llegó a ser la mayor rebelión social de Europa en ese siglo.
Nos informa de que entre 1467 y 1469 se produjo en esta población la llamada Rebelión de los Vasallos, al que le da el subtítulo de “El pueblo de Caldelas lucha por la libertad”. En la revuelta los irmandiños destruyeron parte del castillo para defenderse de los abusos de los señores, dueños de las tierras y entonces también de sus vidas.
Según el cartel “Los gritos de guerra y libertad del pueblo: abaixo as fortalezas, aún resuenan en los muros de este castillo”. Después de que los irmandiños derribaran la torre del homenaje y otros elementos de la fortaleza, la rebelión fue sofocada por D. Pedro Alvárez Osorio, I Conde de Lemos, que obliga a los vecinos de Caldelas a reconstruirla: “Vosotros la tirasteis y vosotros la levantareis.
Los excesivos impuestos y el abuso del conde fuerzan a los habitantes de la villa a denunciarlo ante la Audiencia de Valladolid, pleito que se dirimió a favor del pueblo por parte de Carlos I.
En el año 1560 se termina de reconstruir el castillo y toma una forma menos bélica y más de palacio residencial de alta nobleza, con muros menos gruesos y amplias ventanas.
El último episodio militar que protagonizó el castillo fue durante la Guerra de la Independencia, el ataque dirigido por los caldelaos al 15º regimiento de la división del general Marchand, quien como represalia mando incendiar la villa y el castillo, y como desgraciadamente sucede, las llamas destruyeron importantes documentos sobre la historia de la comarca.
 A finales del siglo XVIII el castillo pasa a manos de la Casa de Alba al morir el X conde de Lemos sin descendencia. El edificio estuvo habitado hasta el Descripción: C:\Users\atenea\Pictures\13 18 mayo 14 ribera sacra\15 Sil\15.2 abeleda castro caldelas\castro caldelas\DSC_0123.JPGsiglo XIX por Sol Stuart, pariente de los Duques de Alba y fue ya a finales del siglo XX, cuando los duques de Alba lo ceden en usufructo al Ayuntamiento para uso cultural.
Actualmente por tanto, contiene una biblioteca, una sala de conferencias y un museo etnográfico. Fue declarado monumento Histórico Artístico en 1949.
Entramos al interior del castillo, al patio de armas, donde hay un gran aljibe, de donde parte una escalera que permite subir a la muralla almenada, que tiene un paso de ronda. Observamos las grandes torres, la llamada torre del reloj, por el gran reloj del siglo XIX que luce en su cara sur, que es la más antigua que se conserva del castillo y al otro lado de la puerta la torre del Homenaje, de tres pisos de altura. No visitamos las dependencias palaciegas en donde hay un gran salón.
Fuera del Castillo y subiendo la calle se llega hasta la parroquia alrededor de la cual está instalado el cementerio, cuidado lugar como tantos otros de los pueblos de la zona, desde donde se domina una magnífica vista a un lado y otro de la loma. El pueblo está cuidado y limpio, con sus casas de cantería y amplios miradores y macetas de flores por cualquier rincón que adornan las calles.
No sin perdernos por pequeñas carreteras que más parecen surcos en el monte, llegamos de nuevo a la Rectoral donde en el exterior hay situadas unas mesas que permiten disfrutar de una bonita panorámica y allí un refresco ayuda a repararse de la dura tarea del turista y a preparar el estómago para la sabrosa cena que nos aguarda.

Cuarto día
En el programa está el visitar las Iglesias Románicas de la zona que comprende parte de Orense y parte de Lugo, conocidas como iglesias luciérnagas (aunque algunas de ellas ya las visitamos el primer día). La “luz” de estas iglesias se encendió en los siglos XI y XII y hoy aún se conservan para disfrute de los visitantes, perdidas entre bosques de robles y castaños milenarios o situadas en miradores del magnífico espectáculo que ofrecen los cañones del Sil y del Miño. Esta zona de Orense es la de mayor concentración de románico de España y es un placer irlas descubriendo en emplazamientos tan variados, recónditos y siempre bellos.
Después del reconfortante desayuno nos ponemos en marcha y nos dirigimos al pueblo de Ferreira de Pantón, donde se encuentra el Monasterio Cisterciense de las monjas  Bernardas. Su título completo es la Abadía Cisterciense del Divino Salvador de Ferreira de Pantón, situada al sur de la provincia de Lugo.
La impresión en una soleada mañana al llegar al recinto es magnífica. La  vieja puerta que en otro tiempo fue entrada al mismo,  con las rústicas columnas adosadas y la cruz de dos brazos en lo alto, el edificio de la iglesia, que muestra el bonito ábside  de frente,  con artísticas ventanas y modillones y capiteles muy bien trabajados, la portada del monasterio propiamente dicho, el alto y bien cuidado ciprés de la entrada, el resto del gran patio con edificios que continúan la línea armoniosa del conjunto, todo es bello y un buen recuerdo para llevarnos.  Los orígenes del monasterio se remontan al siglo X y  del primitivo cenobio se conserva su iglesia románica del siglo XII. En el resto se encuentran ejemplos de otros estilos artísticos posteriores, como suele ser habitual. El monasterio fue primeramente benedictino y luego pasó a las monjas cistercienses. Siempre fueron monjas las que lo habitaron y es el único que ha seguido habitado después de la desamortización. Está declarado monumento nacional.
Entramos en la iglesia por una pequeña puerta en el lateral ya que la fachada principal permanece dentro de la clausura y por tanto oculta, pero es ya obra del XVIII, sin conservar nada del románico. Encontramos un precioso interior de una sola planta dividida por una reja en dos partes, la del público y la del uso de las monjas. El artesonado de madera es digno de admirar aunque lo más interesante son los dos enterramientos de dos nobles de la estirpe del conde de Lemos, de estilo gótico, del siglo XV. También podemos ver una talla  de la Virgen con el Niño, en estilo románico bizantino, hecha recientemente imitando una antigua que fue encontrada fortuitamente en 1975 por unos obreros que trabajaban en la consolidación de la tribuna del templo. Estaba dividida en piezas y muy deteriorada por la humedad y el tiempo, pero es de gran valor y fue restaurada. Por la factura de la talla de la Virgen y por algún otro detalle ornamental se puede conjeturar que la iglesia se construye sobre una primitiva visigoda.
Entramos después en el monasterio donde solamente nos permiten ver a través de un cristal el bonito claustro del siglo XV y XVI. En la sala de la entrada, donde una de las monjas hace propaganda de las pastas y dulces que ellas elaboran y venden, hay una serie de carteles explicativos del edificio y de la orden que nos enteran de algunos interesantes detalles.
El monasterio corresponde al ideal de San Benito: “el monasterio, si es posible, debe establecerse de tal manera que tenga todas las cosas necesarias, esto es, agua, molino, horno, huerta y los diversos oficios se ejerzan dentro del recinto del monasterio, para que los monjes no tengan necesidad de andar por fuera, pues en modo alguno conviene a sus almas”.
Según leemos en otro de ellos, en 1275 la condesa doña Fronilde Fernandez viuda del conde de Monterroso, funda el Monasterio ingresando en él no como Abadesa sino como una hermana más de la comunidad. Siguiendo sus pasos tomaron votos numerosas señoras de la nobleza que renunciaron a todo por amor de Cristo. Tras su muerte doña Fronilde fue inhumada en el claustro, en un sarcófago de factura sencilla abierto en el muro del ala norte –que no podemos ver- y sin inscripción alguna, lo que mantuvo su ubicación desconocida durante años.
Vivió Fronilde en el monasterio de Ferreira hasta 1195 en que llena de días y rebosante en méritos, murió santamente  y fue a recibir al señor el premio merecido por sus obras
Cargados con nuestras respectivas cajas de mantecadas, salimos  del monasterio para seguir el recorrido propuesto en el día de hoy.

Llegamos a la cercana iglesia de San Miguel de Eiré, también perteneciente al concello de Pantón.
Es una iglesia esbelta, elegante, que recuerdas un poco a las del prerrománico asturiano. Está situada también en un magnífico entorno, de valles y montes que se pierden en el horizonte. En su origen, en el siglo XII fue un monasterio benedictino pero en la actualidad sólo se conserva la iglesia que pasó a ser parroquia y que es una joya singular del románico rural gallego de ese tiempo. En 1967 se la declara monumento histórico.
Consta de una sola nave y un ábside semicircular. Tiene una ancha torre  rectangular, maciza, colocada en un eje contrario al de la nave principal con ventanas en sus cuatro lados, en dos de ellas ajimezadas, que le dan un aspecto muy original en la forma.
La puerta que da al norte y que encontramos abierta, es muy interesante por la perfección con que está hecha. Destacan en la archivolta de en medio doce rosetas del mismo tipo pero todas ellas diferentes y un cordero –Agnus Dei- con la cruz en la clave del arco.
El interior del templo es igualmente interesante, tanto por los elementos arquitectónicos de pilastras, columnas adosadas, como por las imágenes representadas en los capiteles y, lo más llamativo que ofrece son las pinturas murales en el ábside que se datan en una época tardía, en el siglo XV o XVI
Podemos disfrutar de la iglesia en su totalidad, exterior e interior, por la circunstancia afortunada de encontrarla abierta. También el entorno rural en el que está enclavada es un ambiente agradable y  acogedor.
Nuestra ruta nos lleva hasta la siguiente iglesia, en el concello de Saviñao, y tenemos la ocasión de verla a distancia, desde arriba, en un mirador descubierto al final de un camino que se introduce por un bosque. Desde allí se contempla un espectacular y bello panorama, con el río Miño que discurre manso y azul formando un meandro y la iglesia en la ladera.
Descendemos con el coche hasta las cercanías de la iglesia de San Martiño da Cova, que lamentablemente sólo podemos ver en su exterior ya que la encontramos cerrada. Según dice el cartel, la iglesia perteneció a un monasterio de  monjes regulares de San Agustín.
También ésta es románica, de final del siglo XII, con elementos decorativos sencillos dentro de su estilo. La fachada es sencilla, con la puerta principal en la que hay un arco de medio punto con dos archivoltas. El ábside está dividido en tres partes por dos semi columnas. La airosa espadaña con dos campanas colocada sobre la fachada.
Su posición es privilegiada, en la cuesta que baja al río, rodeada de viñedos y arbolado, frente al Cabo do Mundo.
Perteneciente al mismo concello de Saviñao es la siguiente pequeña iglesia que conocemos, San Paio de Diomondi, declarada monumento nacional desde 1931.
Es de estilo románico compostelano y de dimensiones superiores a las de otras iglesias románicas de la zona; está ubicada en un paraje rodeado de castaños centenarios, con un pequeño caserío semi abandonado a sus espaldas, solitario en esta mañana brillante. Tampoco podemos conocer su interior. Fue construida en el siglo XII y tiene su origen, como otras, en un antiguo monasterio benedictino.  La fachada es lo más destacable;  tiene tres puertas pero las dos laterales están ciegas. La central tiene un arco de medio punto con cuatro archivoltas que descansan sobre fustes de mármol de una sola pieza. Los capiteles están decorados con figuras de arqueros, cuadrúpedos y aves. Es de planta rectangular.
La particularidad es que la iglesia conserva anexionada a su lateral norte un edificio conocido como Palacio de Diomondi, construido en los siglos XIII y XIV que es uno de los pocos ejemplos de arquitectura civil que existen en Galicia y que ahora están reconstruyendo y por tanto con andamios. Sus dependencias se utilizaron como monasterio y desde Odoario (obispo de Lugo, venerado como Santo en algún tiempo, que restauró el culto después de la invasión árabe,  probablemente traído por Alfonso I hacia  el año 750. Debió de fallecer hacia 780) sirvieron de residencia de verano de los obispos de Lugo. Odoario pasó aquí los últimos años de su vida y algunos historiadores dicen que murió en este monasterio y que posteriormente fue trasladado a Lugo para su enterramiento.

Abandonamos las pequeñas carreteras por las que hemos transitado hasta entonces y salimos a una de las principales y transitadas que conducen a Chantada. Poco antes de llegar nos desviamos para alcanzar la iglesia de Santo Estevo de Rivas do Miño, que sobresale en medio de un bosque, la obra sobresaliente del románico gallego. Es también del siglo XII y está construida en mármol del país, en estilo románico compostelano como la de san Paio y es una magnífica muestra del mismo.
Descripción: C:\Users\atenea\Pictures\13 18 mayo 14 ribera sacra\16 iglesias y allariz\16.5 sto estevo de rivas do miño\DSC_0289.JPGDel antiguo monasterio de monjas benedictinas que existió en tiempos, sobrevive solamente la iglesia que fue declarada monumento nacional desde 1950.
 Nos acercamos a ella por un camino bordeado de enhiestos cipreses muy bien cuidados y penetramos en el recinto que está a un nivel más bajo que el terreno por donde discurre la carretera.
Admiramos la fachada principal que mira al río, con una bonita portada de cuatro archivoltas de medio punto bellamente decoradas. En la menor aparecen siete figuritas, cinco representan a músicos, otra es un personaje que sostiene un disco solar y otro se muestra con un aparato de medición. Por la ejecución de estas figuras se ha vinculado al escultor con el famoso maestro Mateo de Santiago de Compostela, tal vez un discípulo.
Por encima de la puerta y dividiendo la fachada en horizontal hay un adorno con dieciséis pequeños arcos lombardos adornados y en la parte más alta se ve un magnífico rosetón que está considerado como uno de los mejores de Galicia. Es una verdadera pena no poder visitarlo por dentro, para lo cual tendríamos que haber localizado a Carmen, en el pueblo cercano, la señora que tiene la llave.
El ábside es de planta semicircular con cuatro columnas adosadas y tres ventanitas y la lo largo de toda la cornisa hay una línea de arcos lombardos con sus adornos correspondientes, entre los que vemos cabezas humanas y animales.
El campanario está separado de la iglesia, sobre un muro pétreo y todo el conjunto está rodeado de exuberante vegetación.
Retrocedemos hasta salir a la carretera principal y atravesando el pantano llegamos a la cercana población de Chantada donde por sus vacías y bonitas calles de la parte antigua buscamos un restaurante para comer, el Lucus de nombre, y nos damos cuenta que toda la población estaba dentro del local esperando mesa.
Nuestro siguiente destino es Allariz donde tenemos un encuentro con el séptimo integrante del grupo que viene desde Madrid para pasar el fin de semana gallego. El camino nos hace atravesar la ciudad de Orense y por la antigua carretera llegamos al bonito pueblo que tiene el atractivo añadido de ser lugar de compras. Las calles de la parte antigua, estrechas y formadas por bonitas y viejas casas de granito, con escudos señoriales en sus fachadas, de fisonomía claramente gallega, han adquirido una nueva vida al convertirse sus bajos en tiendas de marcas famosas que ofrecen la mercancía en outlet, ofertas siempre atractivas para el visitante.
Eso no impide que entremos a visitar la iglesia románica situada en la plaza del casco antiguo y que compaginemos arte y compras mientras los varones nos aguardan en una terraza tomando un refresco.
Quinto día
La ciudad de Lugo. Llegamos a ella circulando durante un tramo equivocadamente por carreteras secundarias que, como contrapartida, permiten disfrutar mejor del paisaje y de los pueblos y parroquias de la zona. Lugo es una pequeña ciudad, en el centro histórico, claramente delimitado por una muralla construida en tiempo de los romanos, en el siglo III, un lujo al alcance de muy pocas ciudades y un testimonio de la historia a la vez que del arte. Su nombre procede de la palabra latina lucus que significa bosque sagrado. El nombre completo era Lucus Augusti, lugar sagrado del emperador Augusto y fue fundada en el año 13 a de C por Paulo Fabio Máximo en nombre del emperador.
Una vez dentro de ese histórico recinto paseamos por la zona peatonal y entramos por la rua de San Marcos que recibe su nombre del imponente edificio que fue hospital de San Marcos en sus orígenes y después pasó a servicios municipales y finalmente a Diputación Provincial. La fachada se renovó en 1885.
Las casas de la calle frente a tan histórico edificio son típicamente gallegas, con miradores blancos y una armonía y luminosidad que hace agradable su contemplación.
Seguimos por las calles hasta darnos de frente con una esbelta columna coronada por un águila que recuerda los orígenes romanos de la ciudad.
Entramos en la iglesia de santo Domingo, llamada así porque los dominicos se establecieron aquí en el s. XIII. La iglesia se empieza a construir a principios del siglo XIV, en estilo gótico mendicante, con grandes arcos ojivales en su interior. Los ábsides son góticos y el resto terminado en el barroco del s. XVII. Actualmente en el convento viven las monjas Agustinas recoletas.
Muy cerca se encuentra el Museo Provincial, antiguo convento de San Francisco, fundado en el siglo XIII, y entramos en él haciendo una interesante visita por sus salas que conservan objetos artísticos de todos los tiempos, desde los torques celtas, las muestras de los romanos, el arte sacro del medievo, y representaciones modernas, incluyendo salas de etnografía y cerámica popular. Una buena muestra del rico patrimonio cultural. El bonito claustro de estilo románico es el mejor marco para la exposición de tantas piezas del arte de la provincia.
Seguimos caminando por las calles del casco antiguo, las conocidas como “zona húmeda” que se encuentran en tantas ciudades y a las horas del aperitivo se encuentran llenas de gente que consume en las mesas de las terrazas del exterior. Pasamos por la plaza del  Campo con la fuente barroca de San Vicente Ferrer en el medio, presidida por una imagen del santo en actitud de predicar, una plaza con soportales que conserva algunas columnas romanas entre sus muros.
El siguiente alto en el camino es la catedral de Sta María. El legendario obispo Odoario restauró el edificio anterior a la catedral y puso las bases para la actual, logrando un templo de gran belleza, según dicen las crónicas. A éste le sucedió en el siglo XII uno románico que es el estilo predominante en la catedral. Fue diseñada por el maestro Raimundo de Monforte y se dedicó a Santa María y la patrona es la Virgen de los Ojos Grandes cuya estatua se expone en una capilla del ábside detrás del altar mayor. El imponente retablo mayor fue dañado por el terremoto de Lisboa y como consecuencia de ello se decidió dividirlo en fragmentos dos de los cuales, los más grandes, se encuentran actualmente en ambos extremos de la nave del crucero.
Tenemos ocasión de visitarla con tiempo primeramente por el exterior, en el que destaca la Puerta Norte, cobijada por un pórtico del siglo XVI, románica, decorada con un soberbio Cristo pantócrator metido en la almendra mística. En su interior contiene riquezas en todas las artes, técnicas y estilos de los diversos que se pueden apreciar, románico, gótico, renacimiento, barroco y neoclásico. Tiene una estructura en planta de cruz latina con tres naves, crucero y girola con cinco capillas absidales. Entre otras muchas cosas reseñables resalta el magnífico coro en madera labrada, de principios del siglo XVII
La experiencia gastronómica del día es digna de recordar ya que comemos en el restaurante Campos, en la Rua Nova, que están celebrando unas jornadas de la comida asturiana. Grato recuerdo.
La tarde todavía nos da para acercarnos a la fachada principal de la catedral, de estilo neoclásico, de finales del siglo XVIII, que resalta por la luz del sol en el poniente.
Desde la plaza de Santa María se puede acceder a la parte alta de la muralla a través de la puerta de Santiago  y damos un paseo por el adarve de la muralla romana durante un buen trecho, lo que es uno de los atractivos de la ciudad que le confiere mayor personalidad.
Desde allí se pueden ver diversas perspectivas de la ciudad pero sobre todo la más difundida, en la que las torres de la catedral son el telón de fondo del bonito paisaje. Se distinguen además de las dos torres neoclásicas, la Torre Vieja, gótica, rematada por un cuerpo de campanas renacentista. Los tejados y miradores de las antiguas casas del casco viejo se convierten aquí en atractivo panorama.
A la vuelta del paseo por la muralla pasamos por la plaza Mayor, precioso recinto peatonal, con el Ayuntamiento cerrando uno de sus lados y numerosos cafés que abren sus terrazas al aire libre en este clima cálido de la primavera gallega.
Antes de volver a la Rectoral para el merecido descanso, entramos en la ciudad de Monforte de Lemos y nos dirigimos directamente a la parte alta de la ciudad donde se encuentra el conjunto monumental de San Vicente del Pino, formado por la Torre de Homenaje, el Monasterio de San Vicente do Pino con su monumental iglesia en la que a estas horas de la tarde de un sábado no puede faltar la correspondiente boda, lo que nos permite visitar la iglesia en su interior, y el Palacio de los Condes de Lemos, donde se sitúa el Parador Nacional de Turismo. El origen del monasterio data del siglo IX, aunque el edificio actual fue construido en el XVII, en estilo neoclásico. El edificio cuenta con un claustro central neoclásico de cantería excepcionalmente labrada, lugar idóneo para la celebración de eventos, o simplemente para pasear entre el silencio y la belleza de las piedras o tomar un refresco sentados tranquilamente en los sillones de la cafetería.
Con este buen recuerdo se termina un viaje estupendo por tierras gallegas.








Comida en casa campos
Parada en monforte de lemos. Parador e iglesia