jueves, 6 de noviembre de 2008

viaje a la selva negra y alta baviera

CRÓNICA DEL VIAJE A LA SELVA NEGRA

Días 19 al 27 de Septiembre de 2008

El vuelo es de Madrid a Frankfurt y de allí, en autobús a LADENBURG, población con restos romanos que ya hemos descrito en otro viaje.


Día 20, sábado

Nos dirigimos en autobús a la ciudad de ULM, en la alta Baviera. El camino transcurre por uno de los dieciséis estados de Alemania, el de Waden Württemberg cuya capital es Sttutgart. Es una zona que se reparte las cuencas hidrográficas de los dos grandes ríos europeos, el Rin y el Danubio, subiendo por los montes de Suavia, que hacen frontera y es por tanto un lugar estratégico entre estos dos protagonistas de la conflictiva pero rica historia del viejo continente. El Rin es un río frontera, causa de enfrentamientos y guerras desde la época de Carlomagno. Uno de sus afluentes, el Neckar, se abre paso entre montañas y a sus orillas se han creado algunas de las más bellas y culturales ciudades, como Heidelberg y Tübingen. El Danubio es un río de riqueza y cultura, un río integrador.

Cerca de Ulm está el pueblo de Metzingen, donde nació el modisto Hugo Boss y donde hay un gran establecimiento de ropa de factory, de marcas conocidas que hoy no toca visitar.


DEUTSLAND es un concepto que alude más a la geografía que a la política. Significa “región de los Germanos”, era una idea, semejante a la de la Hispania medieval anterior a los Reyes Católicos. Hasta el 18 de Enero de 1870 no se concretiza la unidad política de Alemania. Herder fue el padre de la idea de nacionalismo.

Los estados de Alemania son los siguientes:
Baden Wurtenberg capital Stuttgart
Baviera, capital Munich
Brandenburgo capital Postdam
Hesse capital Wiesbaden
Mecklemburgo-Pomerania Occidental o Mecklemburgo-Antepomerania capital Schwerin
Sajonia capital Dresde
Sajonia Anthalt capital Magdeburgo
Baja Sajonia. capital Hannover
Renania del norte, Wesfalia capital Dusseldorf
Renania Palatinado capital Mainz
Sarre capital Saarbrucken
Schleswig Holstein capital Kiel
Turingia capital Erhfurt
Berlín, Bremen y Hamburgo que son a la vez Estados y Ciudades



ULM.
La ciudad está dividida en dos barrios separados por el río Danubio. La vieja ciudad pertenece al estado de Baden Württemberg y la nueva al de Baviera. Ha adquirido un puesto en la historia por varios acontecimientos, como la batalla de Ulm entre Napoleón y las tropas prusianas pero el acontecimiento más reciente por el que se la conoce es porque en ella vio la luz una de las mentes más preclaras de la Humanidad, Albert Einstein. A lo largo de su historia fue una ciudad libre imperial, es decir, que sólo dependía del emperador. Se regía por el Senado del que participaban los representantes de los gremios. Eran ciudades más o menos prósperas, que daban alojamiento al emperador cuando en ellas celebraba dietas o cuando las visitaba.

Llegamos a la ciudad y nos introducimos de lleno en su centro comercial, de casas bajas en anchas calles peatonales, llenas de vida en las horas en que están abiertos los almacenes pero que se vacían desde la hora del cierre. En la confluencia de dos de estas calles y en el centro de una pequeña plazoleta, levantaron en el centenario de su nacimiento un monumento en basalto rojizo, de formas geométricas que conmemora el lugar donde se levantaba la casa natal de Einstein con estas palabras grabadas en la piedra:

HIER STAND DAS HAUS IN DEM AM 14 MÄRZ 1879 ALBERT EINSTEIN ZÜR WELT KAM. Max Dill 1978


En un muro, frente al monumento, hay otro recuerdo de Einstein, un relieve que representa muy fidedignamente el rostro tan conocido del científico y que, según consta en la base es un regalo del pueblo de la India.

Desandando el camino y enfilando hacia el otro lado llegamos a la plaza del mercado en cuyo centro se levanta la CATEDRAL. Hoy es sábado y la zona está llena de puestos de venta, con sus llamativos toldos de color rojo, que impiden tomar una fotografía despejada del templo, lo cual por otra parte será tarea difícil ya que su única torre mide 161, 50 metros y es la más alta del mundo. Es de estilo gótico y se empezó a construir en el siglo XIV. Después de la reforma pasó a ser iglesia protestante. Entramos en ella. El atrio, al que se accede a través de tres arcos góticos, está decorado por franjas con relieves de escenas sagradas sobre un fondo de color rojizo. Evocan la creación del mundo, de Adan y Eva y su expulsión del Paraíso. En el fuste de las columnas vemos adosadas unas preciosas esculturas.

Su interior lo forman cinco naves, la central es de una altura extraordinaria. No falta la luminosidad pues sus vanos están recubiertos de vidrieras, las más de ellas de moderna elaboración ya que el templo sufrió daños en la guerra mundial. En el centro de la nave principal y debajo de un bonito púlpito hay un altar puesto recientemente para aglutinar a los fieles en esa parte y dejar libre al acceso de los visitantes al magnífico coro que está situado en el ábside. El muro que divide éste del resto de la iglesia está decorado con pinturas murales en buen estado. Los estales o sillería de madera de roble del coro están adornados con imágenes esculpidas con gran maestría. Las del lado del Evangelio son figuras masculinas relevantes de la antigüedad, entre ellas Virgilio, el gran poeta latino, Séneca, Cicerón, Ptolomeo y Pitágoras. En el otro lado, el de la Epístola las figuras son de las mujeres de ese mismo tiempo, concretamente las Sibilas para las que posaron las ciudadanas nobles de la época en que se hizo.

Como siempre contemplamos, interpretamos y disfrutamos de las obras de arte que abundan en estas iglesias. Aquí, a la entrada del coro, lo hacemos con una pintura de la Sagrada Cena y en la cabecera, bajo las vidrieras con un magnífico tríptico que representa la Adoración de los Reyes y debajo de nuevo un cuadro de una Sagrada Cena.

En la plaza de la catedral hay un moderno edificio de paredes blancas alternando con cristales que es la Stadthaus. Vamos en dirección al Ayuntamiento, bello edificio que es el resultado de la anexión de varias casas ya existentes en el que se puede distinguir el estilo gótico, en los tejados triangulares y ventanas ojivales del lado sur, y el renacentista en el lado norte, recorrida por una arcada. Lo más sobresaliente de sus muros, de un color de base ocre oscuro, son las pinturas que la adornan y que representan las distintas virtudes: obediencia, paciencia etc y los vicios, obra del pintor Martin Schaffner. En su fachada este vemos un vistoso reloj astronómico en el centro de una de las casas y en la parte superior otro más pequeño que marca las horas. Aquí también hay un balcón gótico en estas fechas rematado con flores. Finalmente por el lado Sur que da a una gran plaza la fachada, igualmente llamativa y adornada, tiene representado en su parte alta un barco y las banderas de muchas ciudades con las que Ulm mantenía relaciones comerciales.

En el centro de la plaza hay una fuente, de vivos colores, en estilo gótico tardío del siglo XV, adornada con unas figuras de soldados vestidos de época. Al fondo de la plaza un moderno edificio piramidal acristalado contrasta en su estilo con los de su entorno.

Salimos a través de una antigua torre a la vieja muralla, del siglo XIII, a la orilla del Danubio, que a partir de aquí se hace navegable. Al otro lado está la nueva Ulm, que ya pertenece a Baviera. En la muralla han colocado grandes paneles fotográficos con vistas de las ciudades por donde atraviesa el río hasta su desembocadura y vamos aprendiendo de cada una de ellas mientras avanzamos por el paseo verde y agradable hecho al pie de la muralla y a orillas del río, deseando conocerlas en la realidad.

Por otra puerta de la muralla entramos al Barrio de Pescadores, y es fácil comprender que se lo conozca también como la “pequeña Venecia”, recorrida por canales que en algún punto se bifurca formando un islote, con pequeños puentes de piedra que alternan con otros más modernos, calles estrechas y pintorescas a las que dan casas de bello entramado de madera y adornos de macetas con flores en todas sus ventanas. Es un barrio que evoca el pasado histórico, cuando estaba habitado por pescadores y otros artesanos. En su entrada, la llamada Schöne Haus, que tiene en su muro principal una pintura en la que se refleja una vista de una antigua ciudad en la Edad Media y en el suelo una barca varada como recuerdo al nombre del barrio. Las casas nuevas están construidas guardando la armonía con las antiguas. En todas ellas hay flores que adornan los ya de por sí agradables rincones. Sobresale especialmente una casa del siglo XV, la Casa Inclinada –Schiefe Haus- hoy convertida en un Hotel, con un alargado tejado triangular y un entramado de vieja madera que hunde sus raíces en el canal a donde parece inclinarse peligrosamente. Vemos también una vieja noria que gira metiendo sus palas en uno de los canales sin que sepamos si tiene actualmente utilidad práctica o es un acertado elemento decorativo tan creíble en este entorno.

De nuevo en la plaza de la catedral tenemos ocasión de inaugurar el menú de las ricas Würst alemanas en un puesto de salchichas que ha quedado después de desaparecer los demás y dejar el espacio despejado. Ya es tiempo de comer y descansar para prepararse a la visita de la tarde aunque la ciudad de Ulm dé materia para una visita más completa.


LINDAU
Su nombre significa “vega de los tilos”, el magnífico árbol que se ve por toda Europa central en ejemplares espectaculares. Lindau es una ciudad-isla dentro del Bodensee, también conocido como Lago Constanza. Se han descubierto restos de asentamientos celtas y romanos. En el final del imperio romano fue ocupada por las tribus vayubarum, nombre del que sale el actual bávaro, gentes que, en boca de un escritor antiguo: “no tienen tiempo para las Musas”. Se fundó en la Edad Media un monasterio de monjas que dio vida al territorio. Posteriormente pasó a ser ciudad imperial y sabemos que el emperador Maximiliano celebró aquí una dieta. Otro testimonio histórico más contemporáneo es la referencia y las descripciones de la isla que Goethe hace en su “Viaje a Italia” de sus dos estancias en ella de ida y vuelta.

No dejan entrar autobuses dentro de la isla y nos vemos obligados a atravesar andando el Seebrücke, el largo puente que la comunica con la costa, admirando así el lago y sus orillas. Al otro lado del puente nos paramos ante una maqueta de la antigua ciudad, colocada en medio de un jardín lleno de parterres de flores, praderas y árboles enormes que tanto embellecen las ciudades alemanas. Entramos al centro peatonal y primeramente llegamos a la plaza presidida por la estatua de Neptuno a la que dan tres de los importantes monumentos de la ciudad, la Burgerhaus, que sería algo así como casa de la Burguesía, pintada en sus dos fachadas y las dos iglesias, la protestante que es la de San Esteban y la católica dedicada a Nuestra Señora, las dos con sus características cúpulas de pizarra negra en forma de cebolla, tan repetidas en Baviera y en este caso sobre altas torres. De repente la plaza entera se llena del sonido vibrante de campanas que casi nos impide entendernos. Parece que son los campanarios de una y otra los que a la par aúnan sus sonidos invitando a entrar en el interior aunque sólo sea para mitigar el estruendo. En el interior de ambas predomina el estilo barroco pero la católica con mucha más profusión de adornos.

A la salida del segundo templo vemos aparcado delante un coche que nos llama la atención, es un “haiga”, un cochazo antiguo de un color amarillo chillón, con motivos lujosos de adorno en acero cromado en su carrocería y con un tipo de sombrero tejano en su interior, que ostenta un reloj de oro llamativo como para distinguirlo desde fuera, que, impasible, aguarda agarrado al volante no sabemos a quién o a qué. Naturalmente aprovechamos algunos para hacerle la foto de recuerdo o las más osadas se acercan disimuladamente a sus puertas poniendo a la vez cara de picardía para posar delante de semejante ejemplar.

Seguimos nuestro paseo, atravesamos la Maximilianstrasse y llegamos hasta el Ayuntamiento, un bello edificio pintado en sus dos fachadas, en una de las cuales hay una escalera externa terminada en un añadido a la construcción y en ella unas pinturas que tienen como temática los diez mandamientos, una original fuente de inspiración. En la parte alta distinguimos una escultura de la Justicia, con la balanza en la mano, señal del primitivo fin de los Ayuntamientos, que no era otro que impartir la justicia entre los ciudadanos. Por el otro lado, ya saliendo hacia el puerto, vemos la otra fachada igualmente llamativa y policromada. A su lado, en medio de un pequeño jardín, una fuente con figuras esculpidas en bronce, de gran elegancia.

Llegamos al otro extremo de la isla, a la avenida llamada Seepromenade, que da al bonito puerto enmarcado por dos característicos y bellos monumentos, un faro a la derecha, blanco y esbelto, de bella factura, y al otro lado, cerrando la bocana, el gran león que representa a la familia real de los Wittelsbach, los monarcas de Baviera. La fecha anotada en su peana es de MDCCCLVI. Al fondo, tras las aguas tranquilas del lago, se divisan las montañas de un color azulado a estas horas de la tarde. Mientras contemplamos el bello panorama un barco de pasajeros se dispone a hacer su entrada y observamos la maniobra de movimientos seguros por lo frecuentes para ellos pero atractivos para los que acabamos de llegar. Gran cantidad de embarcaciones deportivas están varadas en sus muelles.

Es este paseo una zona abierta, amplia, de Hoteles elegantes con sus terrazas que todavía conservan sus mesas semivacías. Pegado a la orilla se levanta otro de los elementos arquitectónicos más representativos de Lindau, la Mangturm, una torre medieval del siglo XII, de base cuadrada y muy alta, con el último piso pintado en color amarillo fuerte en el que sobresalen dos ventanas cuadradas y rematado con un chapitel puntiagudo de cerámica en colores verde, marrón y amarillo que se distingue desde lejos. Al lado de la pequeña puerta de entrada una inscripción dice lo siguiente

Dieser Turf der Mangenturm genant ward in XII Jahrhdrt. erbaut zu Leuchte, Schutz und Trotz unseres Seehafens. Ein Kräftig wahrzeicher der ehemaligen freien Reichstadt Lindau

Frente al puerto se encuentra la Estación del Ferrocarril, pues a mediados del siglo XIX el tendido del tren llegó hasta la isla, con el fin de cargar en barcos las mercancías procedentes de otras partes de la región. Es un edificio de estilo racionalista, de tejado triangular, su correspondiente reloj y unas estatuas de bronce oscuro adornando la fachada.

Hay que seguir rodeando la isla hasta volver al punto de inicio y pronto nos encontramos con la Diebsturm, otra graciosa torre medieval, redonda y rematada por un historiado tejado en punta con cuatro pequeños miradores adosados y a la que no le falta la seña distintiva de la época que evoca, una gruesa trenza que cuelga de una ventana.

Casi pegada a esta torre encontramos la iglesia más antigua e interesante por sus pinturas de la isla, la iglesia de San Peter, del año 1000, de sobrio estilo románico, con una elevada torre cuadrada rematada en tejado rojo. Pero el interior es verdaderamente interesante, por el buen estado de conservación de sus pinturas murales y por el contenido de las mismas. Ábside y muros laterales están recubiertos de unos murales de colores aún intensos, en donde distinguimos entre otras escenas como la Coronación de la Virgen. en la que personifican en un anciano barbado al Espíritu Santo, en contra de la representación más usual de la paloma. Él ocupa el centro, como figura señera, a su lado otra figura de edad adulta y pelo oscuro es el Creador, Dios Padre y al otro lado, con un aspecto más joven, Jesucristo. Estos dos últimos, cada uno con su respectivo atributo, el mundo y la cruz, coronan a la Virgen, una rubia joven arrodillada entre los tres que con las manos juntas y actitud humilde recibe la corona. En uno de los lados vemos la representación del Infierno, pintada con esa ingenuidad propia de los tiempos medievales, en la que los cuerpos retorcidos entran por una horrible boca de dragón, en unas imágenes que hoy nos parecen tan ingenuas como las de un comic infantil pero que en aquellas gentes iletradas producían su efecto didáctico, lo mismo que las ilustraciones de los códices y manuscritos de temas religiosos.

En la parte sur de la iglesia hay un gran monumento conmemorativo de los caídos en la guerra mundial, ya anunciado en el exterior de la iglesia.

En el paseo entramos en una agradable plaza en la que, delante de una vieja casona semi cubierta de parra virgen que ya comienza a enrojecer, hay una original fuente adornada con cuatro pintorescas figuras de las que a su vez hay una explicación en un panel colgado del muro. Deben de ser personajes populares de los carnavales de la ciudad.

La vuelta la hacemos atravesando los jardines frondosos que nos llevan de nuevo al puente y por él al otro lado donde está aparcado el autobús. Una vez en él viajamos en busca del hotel que nos va a albergar dos noches.

Para ello salimos de Baviera y entramos en la región austriaca de Voralberg, el departamento más occidental de Austria, cuya capital es Bregenz. La oscuridad se va imponiendo al atardecer y sólo podemos apreciar en el primer tramo los montes Alberg a lo lejos. La ciudad de Bregenz la atravesamos ya de noche por un enorme paso subterráneo que nos deja al otro lado en las afueras. El pueblo al que nos dirigimos es Götzis


Día 21 de Septiembre, 2008, domingo

Hoy toca desandar el camino para volver a entrar en Alemania. Nuestro objetivo primero es visitar el más famoso de los castillos del rey Luis II de Baviera, conocido como “El loco”. Mientras vamos por el autobús viendo a la luz del día el paisaje que anoche no pudimos apreciar, nuestro jefe-maestro-amigo Chivite nos va poniendo en antecedentes de la historia de Austria y la del infortunado rey bávaro. Nos informa de cómo, después de la primera Guerra Mundial, se deshacen los imperios, concretamente el austro húngaro que comprendía tan gran territorio de la Europa central y del este, y de su desmembramiento nacen las nuevas nacionalidades: de Silesia y Eslovenia se forma Checoslovaquia, de la baja Silesia y Cracovia surge Polonia, de Transilvania nace Rumanía. Las regiones del sur del imperio se unen a Serbia y Montenegro y forman el Reino de los Serbios, Croatas y Eslovenos, los eslavos del Sur. El sur del Tirol, con capital Trieste pasa a formar parte de Italia. Hungría se separa de Austria y lo que queda de ese gran desgajamiento –c´est le reste- es la república de Austria, un país de 85.000 kmts2. casi tan pequeño como la Austria medieval, que ha expulsado a los Ausburgo después de la abdicación del último emperador, Carlos I, en 1918. A mediados del siglo XIV se le une Tirol y se forma la republica de Osterreich.

La región de Voralberg en la que nos encontramos, pretendieron anexionarse a Suiza porque no confían en la Austria que ha quedado y se celebra un referéndum en 1919 que sale positivo pero el gobierno de Austria no lo consiente. La zona de Salzburgo también quiso pasarse a Alemania.

El día ha aparecido gris y brumoso pero el paisaje nos resulta muy bonito. Nos admiran las grandes praderas de un verde intenso (Pero aquí ¿quién y cuándo pasan la cortadora de césped? Pregunta alguien con ironía y razonable admiración...) y las masas de árboles en diferentes tonos, desde el verde intenso de las coníferas a los tonos rojizos de los árboles de hoja caduca. Distinguimos abetos, hayas, arces, y otros menos reconocibles que nos parecen encontrarse en muy buen estado y poco aquejados de la contaminación, como hemos oído decir. El Tonton del autobús busca la dirección de Füssen, dando algunos rodeos en su determinación de tomar el camino más rápido, que a veces es el más largo. La siguiente indicación es la de Allgäu y finalmente Neuschwanstein, donde está el Königschloss más conocido de los que mandó construir el rey Luis II.

El autobús nos deja al lado del Hotel Müller, el hotel en donde tenemos reservada la comida, en la parte alta del núcleo turístico que se ha formado al pie de la montaña, entre los dos conocidos castillos, el de Neuschwanstein y el que ya existía anteriormente que es el de Hohenschwangau y que descubrimos con asombro cuando empezamos a caminar por la calle principal para buscar el autobús oficial que nos va a subir hasta el primero, objeto de nuestra visita.

Tenemos que aguardar la cola compacta y serpenteante para sacar el billete primero y luego tomar los autobuses azules, con la corona real pintada en el centro de su carrocería, que suben y bajan durante todo el día para salvar los pocos pero abruptos kilómetros monte arriba que nos separan del castillo. Entramos en ellos a presión, sin que quepa ya ni un alma más y por tanto sin tener ocasión ni de torcer el cuello para contemplar el paisaje, porque no hay sitio. Las curvas son pronunciadas y la pendiente muy acusada y en cada revuelta parecería que vas a caerte si no es porque no hay un espacio libre a donde hacerlo. Finalmente bajamos y nos agrupamos para ir andando unos cien metros hasta un lugar impresionante, el MarienBrücke, un puente de tablas, sólo aparentemente frágil, colgado entre dos enormes acantilados, no apto para quien padezca vértigo, que da a la llanura donde está el lago y la zona que hemos dejado atrás. El panorama es magnífico. Se divisa en primer término el castillo de Neuschwanstein que nos ofrece su cara ancha, -¡lástima que tenga andamios en buena parte de su estructura!- La construcción del castillo está hecha de factura medieval pero idealizado y realzado con elementos que han surgido más bien de la fantasía de quien lo pensó primero y lo mandó realizar después, el rey Luis II.

Este joven rey, que ha pasado por méritos propios a la leyenda, tuvo una vida suficientemente conocida por todos pues ha entrado ya en el ámbito de la leyenda y ha sido novelada y llevada al cine. Hijo del rey Maximiliano II y de María de Prusia, nacido en Munich en 1845. No recibe la educación que se podía esperar para un futuro responsable de las tareas de gobierno. Vive la mayor parte de su juventud con su madre y su desgraciado hermano menor recluidos por el rey su padre en el cercano castillo de Hohenschwangau. Allí, entre los muros pintados con escenas de las leyendas medievales germánicas y el impresionante paisaje exterior, entre el que admira especialmente las ruinas medievales de lo que luego transformará en castillo, desarrolla una fantasía casi enfermiza de admiración por el mundo noble de la mitología germana a la que luego unirá, con una mayor formación en las artes y la música, su rendido sometimiento a la cultura e historia de Francia. Un personaje contemporáneo suyo que condiciona muchas de sus actuaciones será Wagner, que ha musicado los grandes poemas que tanto admira y con el que derrocha la fortuna que pertenece a su reino, desinteresándose paulatinamente de las labores de la política.

Su mayor actividad se centra en la construcción de castillos y de un teatro. Evita vivir en Munich donde no goza con las manifestaciones de apoyo de sus ciudadanos que, por otra parte nunca le faltaron. Es más feliz en las montañas. A pesar de la presión comprensible de su familia y gobierno para que tome esposa, aunque parece acceder en dos ocasiones, finalmente elude el ya claro y penoso cumplimiento de unirse a una mujer y decide permanecer soltero. Solamente mantiene una entrañable amistad con su prima Elisabeth, la emperatriz Sissi. En contra de su natural pacifista se ve obligado a enfrentarse en una guerra contra Prusia de la que sale derrotado y obligado a pagar al estado hermano grandes sumas de dinero. Más tarde se siente de nuevo presionado a entrar en coalición con Prusia en una terrible guerra contra su amado y admirado país, Francia, y a reconocer a Guillermo de Prusia como emperador de Alemania.

Todos estos acontecimientos le vuelven introvertido y misántropo. Sólo encuentra placer en salir de noche, a la luz de la luna por los parajes montañosos que tanto ama y en vigilar la construcción de sus castillos, Neuschwanstein, Linderhof, Herrenchiemsee y todavía pensaba en el de Falkenstein que quedó sin empezar aunque los planes estaban ya hechos. Los desorbitados gastos de estas obras, para las que no ahorra en lujos y dispendios, no son soportables para su país, y los gastos, unidos a su errática actitud, lograron que el Gabinete del gobierno por medio de informes médicos psiquiátricos le declararan demente. Una vez dictaminado el estado de locura, le hicieron prisionero y le recluyeron en el castillo de Berg, a orillas del lago Starnberg donde un lunes de Pascua de 1886 se internó en compañía del médico Dr Gudden para no salir ya con vida, sin que aún se sepan las verdaderas intenciones de esta acción y dejando como colofón de una vida tan alejada de la normalidad las sospechas de su misteriosa muerte.

Nos acercamos desde el puente que lleva el nombre de la madre del rey hasta el castillo y lo vamos descubriendo a través de las ramas de los árboles en sus otras fachadas, como la más estrecha, con las galerías corridas, las torres redondas anexionadas y por fin entramos en el patio donde tenemos que esperar a que los indicadores señalen los números que nos han asignado. La organización es perfecta ya que las masas de gentes que visitan el castillo y especialmente en domingo, como hoy, son considerables. Nos dan unos auriculares a cada uno en nuestro idioma y no tenemos más que seguir el recorrido perfectamente marcado a través de cintas de separación, sin que nos topemos con otros grupos y con la libertad de moverte a tu aire aunque en el reducido espacio que nos corresponde.

Pasamos por las distintas estancias todas ellas profusamente decoradas, con techos en forma de bóvedas de crucería, pintados en vistosos dibujos geométricos muy coloreados y en los lienzos de las paredes pinturas murales que representan escenas de los poemas mitológicos germánicos. Vemos la Antesala de las habitaciones del Rey donde se narra pictóricamente el cántico de los Nibelungos. Pasamos al salón del Trono, un recinto espectacular por el lujo y los adornos, que simula una basílica con su ábside, al que se accede por una escalinata de blanco mármol de carrara, donde tenía que ir el trono, en alusión a la unión de la monarquía con la divinidad, pero que ya no fue colocado tras la muerte del rey. En la pared del ábside están pintados seis reyes que alcanzaron el grado de santidad reconocido por la iglesia, entre palmeras y con sus nombres escritos en vertical al lado de las figuras. Sobre ellos una representación de Cristo en majestad acompañado de la Virgen y San Juan. En los laterales a la altura de la escalera están representados los doce apóstoles.

La parte rectangular del salón tiene un bello suelo de mosaico con animales y plantas, columnas de basas y capiteles dorados y fuste imitando el pórfido, de color rojizo, que sostienen arcos de medio punto pintados con motivos medievales, una monumental lámpara labrada que cuelga desde el centro del techo, donde se pintan las estrellas como si fuera el cielo, un piso superior de arcadas que dan a una galería y arcos de medio punto sobre columnas de intenso color azul imitando el lapislázuli y todos los muros pintados, reflejando escenas de las vidas de los reyes santos y la lucha de San Jorge (el bien) en combate con el dragón (el mal).

Desde un balcón cubierto en el salón del trono se divisa un bellísimo panorama enmarcado por los Alpes tiroleses.
Otra de las estancias es el Comedor donde están pintadas escenas a imitación de las del Castillo de Wartburg, que visitamos en otra ocasión, gran centro histórico clave en la historia de Alemania. Hay momentos de la saga de Parsifal o de Tristán e Isolda que se repetirán en otras habitaciones. Vemos también la suntuosa alcoba dormitorio del Rey, con trabajo de talla de madera admirable especialmente en el baldaquino y la parte posterior de la cama. En esta estancia fue donde le dieron a Luis II el dictamen de su demencia y de donde le sacaron para conducirle al castillo donde sería recluido.

Al lado del dormitorio está la capilla, con escenas en su pintura y en las vidrieras de la vida de San Luis rey de Francia, admirado por el rey por llevar su mismo nombre y por ser francés. El vestíbulo, la sala de estar, el Despacho son otras tantas estancias llenas de lujo y profusión de elementos decorativos. En ésta última encuentro la única pintura que puede servir de puente entre la mitología germánica y la clásica en un cuadro titulado Thannhäuser en el monte de Venus. En él la diosa del amor y de la belleza, espléndida en su desnudez, tocada de una diadema lujosa sobre sus largos y rubios cabellos, como no podía ser de otra manera en un contexto de exaltación de la raza aria, acoge al héroe que lleva un arpa en la mano. En un extremo de la escena las tres Gracias, compañeras de la diosa Venus, contemplan a ambos y por todo el cuadro los cupidos hacen acto de presencia.

Es curioso pasar por la gruta de estalactitas que hizo construir el rey según los gustos románticos de la época entre la sala de estar y el despacho.

Pero la estancia más grande y lujosa del castillo es la sala de los Cantores, con un artesonado en madera de marquetería, columnas y arquerías en los muros, representaciones de cuadros con los mismos temas de las leyendas sobre las que Wagner escribió, unas lámparas doradas que llenan el espacio complementadas con ricos candelabros que deberían de dotar a la habitación de una luz intensa cuando estuvieran todas las velas encendidas y que el rey contemplaba desde el Marien Brücke, orgulloso de su obra.

El castillo está dotado de todos los artilugios mecánicos que le permitían al rey disponer de calefacción, de agua corriente, de montacargas para subir la comida a sus habitaciones desde la cocina, que está muy completa y de otros ingenios para su satisfacción.

Terminada la visita, bajamos andando a través de los bosques que circundan el castillo y llegamos al Hotel Müller, bonito edificio, donde nos dan una comida que no se ajusta en su contenido al lujo y la comodidad del comedor que nos han reservado a nuestro grupo. El sol ha salido y las vistas desde el hotel adquieren un nuevo colorido diferente al brumoso de la mañana.


WIES

Mirando desde el autobús un paisaje de verdes campiñas y tupidos bosques de arbolado llegamos a Wies. El nombre significa “Pradera” y en efecto, sobresale a la vista la espaciosa pradera en medio de la cual se levanta la iglesia que lleva su nombre. Vamos a ver una iglesia en el más puro estilo rococó pero no una más pues ésta ha conseguido la mayor distinción de calidad posible cual es el reconocimiento por la UNESCO en 1983 como patrimonio de la Humanidad.

La historia de que haya llegado a ser un lugar de peregrinación es la siguiente. Un artista local en los primeros años del siglo XVIII esculpió en el pueblo cercano de Steingade, donde había un monasterio, una talla de Cristo atado a la columna en el momento de la Flagelación que no despertó la admiración de los creyentes y fue retirada a un desván. En el año 1738 una mujer se fijó en ella y creyó observar que de la imagen salían lágrimas verdaderas. La noticia se extendió por la zona y ante la acogida favorable y la llegada cada vez más abundante de personas a visitar la estatua, se construyó una pequeña capilla para albergar la piadosa imagen que aún se conserva y que también visitamos.

Pronto la afluencia de peregrinos de Baviera, Alemania, Bohemia e Italia fue tal que el abad encargó la construcción de una iglesia que sirviera de centro de peregrinación. Fueron los hermanos Zimmermann, Dominikus y Johann Baptiste, arquitectos de profesión, los encargados de levantarla lo que duró nueve años.

La iglesia tiene planta ovalada y un pórtico a la entrada. Tiene un deambulatorio o pasillos que conducen al altar mayor por ser lugar de acogida de peregrinos. Su interior es de un estilo rococó luminoso y armónico dentro de este estilo. Destaca el órgano sobre el nártex o pórtico, el altar mayor en cuyo centro está la estatua de Cristo atado a la columna, y el púlpito de la derecha. Todo el programa iconográfico de la iglesia gira en torno a la Pasión empezando por el pelícano esculpido en el altar mayor que es símbolo de Cristo y de la Eucaristía ya que se decía que alimentaba a sus crías con su propia sangre.
En el altar mayor, encima del Cristo, hay un cuadro realizado por Augus Albrecht pintor muniqués que representa al Niño Jesús con la postura de los brazos abiertos en cruz, preludio de su muerte y Pasión. Las columnas que adornan el altar son de color rojo por arriba y azul por abajo, símbolos de la sangre y de la divinidad. En las pinturas que están encima del coro también vemos los símbolos de la Pasión.

Reconocemos las tallas de los cuatro Santos Padres de Occidente, Jerónimo, Ambrosio, Agustín y Gregorio Magno, que ya nos hemos aprendido de tanto saludarlos por las iglesias. Son obra del escultor tirolés Antón Sturm.

La pintura del techo es plana pero en forma de trampantojo (“engaño del ojo”) representando un espacio abovedado que no responde a la arquitectura. Nos presenta a Jesús resucitado, sentado sobre el arco iris. No es el que viene a rendir cuentas sino el Señor del más allá. El trono está vacío y la puerta del cielo está cerrada.

La tarde es clara y luce el sol que resalta los colores de la naturaleza y permite bonitos encuadres fotográficos.


ROTTENBUCH
Es un pueblo pequeño al que acudimos para conocer su Iglesia, puesta bajo la advocación del Nacimiento de la Virgen María, también decorada en estilo rococó pero aún más exuberante y recargado que la de Wies, con todos los elementos característicos de este estilo tan frecuente y aceptado en la zona de Baviera y en general en toda Europa, pinturas, estucos, dorados, estatuas colgantes, columnas salomónicas, púlpitos, órgano capillas laterales además de la principal y otros elementos. Es una iglesia de grandes proporciones para el entorno rural en que se encuentra, hecho que se explica sabiendo que pertenecía a un antiguo Monasterio cuyas instalaciones han sido absorbidas hoy por el pueblo. Frente a la iglesia se encuentra el pequeño cementerio de la localidad y en su entorno amplios espacios donde destaca la frondosidad y buen estado de unos tilos enormes.


OBERAMMERGAU
El río que pasa por esta conocida población es el Ammer, incluido en el nombre del pueblo. Se le conoce también como el “pueblo de la Pasión”, porque en él se representa por los habitantes, cada diez años, la Pasión desde el siglo XVIII, fecha en que data el texto más antiguo conservado. Otras dos son las características del pueblo, una su artesanía de madera, ya que en casi cada casa hay una tienda que ofrece sus productos, desde una pequeña figurita para juguete o adorno casero pasando por relojes o instrumentos útiles para el hogar hasta una talla de alta imaginería religiosa. El otro motivo por el que el pueblo es conocida es por la calidad y cantidad de casas que hay a lo largo de sus calles con las fachadas pintadas.

La afición a la talla de madera viene de siglos, cuando, aislados por las nieves que antaño se hacían más presentes que ahora, sus habitantes aprovechaban la materia prima más asequible para distraerse en los tiempos en que no podían atender al campo, probablemente delante del calor de la chimenea, estimulándose de padres a hijos en su elaboración.

Enseguida se nota que es un pueblo muy visitado por viajeros y por tanto muy cuidado en sus espacios en donde predominan jardines llenos de las más variadas flores, arbustos y árboles, y en sus fachadas, donde además de las pinturas que parecen recién hechas, vemos más ventanas llenas de macetas multicolores de lo visto hasta ahora, que era mucho y los adornos salientes de los muros, en metal y con figuras doradas que anuncian sobre todo establecimientos de cafés o restaurantes, del mejor gusto. En su ancha calle casi cada local es un hotel o una tienda de recuerdos que abre de par en par sus puertas, además de sacar los productos a la calle como es costumbre por toda Alemania. No sólo hay objetos de madera en estos expositores, ropa, complementos personales especialmente los típicos de Baviera, son también oferta que algunos aprovechan bien, comprando, por ejemplo, un magnífico sombrero.

Cerca de donde el autobús ha aparcado está el teatro municipal donde ya se anuncia que se representará la Pasión en el año 1010 desde el 15 de Mayo hasta el 3 de Octubre, así que es un buen pretexto para volver al año que viene. Delante del teatro y en medio de un pequeño estanque que adorna una plaza, hay una estatua de Jesús sobre una burra con la palma en la mano, un bien elegido símbolo del comienzo de la Pasión.

Paseamos por sus calles admirando las fachadas en las que para anunciar el negocio de los locales comerciales de cada casa, aunque sea una agencia inmobiliaria, se pinta el reclamo entre elementos decorativos y se representan escenas alusivas al mismo. Las casas además están pintadas de base en colores vistosos como rosas, ocres o azules donde aún resaltan más las figuras y adornos. Encontramos también leyendas intercaladas entre las representaciones como una que dice (más o menos)

Gott und des Meisters Hand
verdant dies Haus sein´Bestand
Der Strasse zur Zierde
Dem Ort zur Bürde
Uns zur Freude steht das Gabäude

(Algo no va bien del todo, que me perdonen los germanistas)

Y cuando el negocio es de imaginería religiosa, en las paredes se representan escenas de la Pasión o se intercala en la pintura una imagen por ejemplo de Cristo en la Cruz. También se ven escenas de personas con vestidos de época de los que se nos escapa el significado. En una plaza que encontramos en nuestro paseo vemos una escultura en bronce labrado, de forma cilíndrica, tan frecuentes en los pueblos de Alemania. Nuestra meta es ver la casa de Pilatos, con todas sus fachadas pintadas. En la central, que da a un jardín privado, en efecto, además de escaleras, pórtico, cornisas, columnas todas ellas de trampantojo, en la parte superior se representa la escena de Jesucristo conducido ante Pilatos, que sentado en su trono dictamina la condena del preso. Su personaje ha dado nombre a una de las casas más conocidas del pueblo. En el entorno se divisan las montañas que a estas horas del atardecer van tomando un color azulado y sobre los tejados destaca la torre de la iglesia, rematada en cúpula de cebolla. Las mesas, sillas y bancos de los cafés al aire libre están vacías y las primeras apoyadas oblicuamente sobre las mesas pero aún no las han retirado a la espera de que un nuevo fin de semana traiga tal vez una climatología benigna que permita volver a utilizarlas. El ambiente respira el silencio de la tarde del domingo y el final de la temporada.

Después de hacer nosotros también nuestras pequeñas compras, volvemos a Götzis que ya encontramos sin vacilaciones, a disfrutar de la cena y del merecido descanso.


Día 22 septiembre 2008, lunes
A tempranas horas, como viene siendo costumbre, salimos del hotel y salimos de Austria por el camino ya conocido que nos impide ver siquiera la torre de una iglesia de Brengenz, ya que el túnel que lo evita es de una enorme longitud. Pero por visitar iglesias no va a quedar porque llevamos muchas en el programa...


MEERSBURG
Muy pronto llegamos a MEERSBURG, una preciosa población costera, que actualmente vive en gran medida del turismo, atraído tanto por los paisajes del entorno como por el atractivo de su caserío. Está rodeado de campos de vides que muestran bellos contrastes cromáticos a lo largo de las estaciones y la cuidada orilla del lago unida a los pintorescos rincones urbanos proporcionan a los que aquí vienen a descansar y a disfrutar buen escenario y buenas condiciones para ello. La ciudad consta de dos partes, la alta y mayor en extensión y la baja, que se extiende al nivel de las aguas del lago. Estamos en el estado de Baden Wurttemberg, en el sudoeste de Alemania frente a la ciudad de Constanza. El núcleo de la ciudad tuvo sus orígenes en torno a un castillo construido en época merovingia, en el siglo VII, según la tradición por orden del rey Dagoberto I del que toma el nombre una de las Torres de la villa y que aún se conserva en buen estado en la parte alta.

Hubo un pequeño pueblo de pescadores agrupado en la zona baja y otro núcleo en torno al castillo del que no sabemos el papel que jugó hasta el final del siglo XIII. Entonces obtiene el estatus de ciudad libre aunque nominalmente estuvo bajo el dominio del obispo de Constanza hasta principios del siglo XIX. Fue adquiriendo importancia como lugar de comercio y transporte y se hizo más conocido sobretodo desde comienzos del s XVI cuando el obispo de Constanza se ve obligado a salir de su residencia por haberse impuesto la Reforma y se traslada a este pueblo con su administración como lugar de refugio que luego, cuando ya pudo regresar, decidieron convertirlo en lugar de descanso de los obispos y no desligarse de él. Con este motivo se construyen durante los siglos siguientes en las dos zonas de la ciudad nuevos edificios, como casas burguesas de sólidos entablamentos, un seminario y en el siglo XVIII un nuevo palacio obispal con sus dependencias. La pequeña ciudad adquiere así mayor importancia.

En 1803 la ciudad fue anexionada al estado de Baden. A lo largo del siglo XIX fue elegida como residencia por varias personalidades, las más sobresalientes fueron dos, el Doctor Frank Antón Mesmer,(1734-1815) pionero en aplicar la psicoterapia a la medicina tradicional y del que deriva la palabra técnica “mesmerismo” o magnetismo animal, precursora de la hipnosis. De él podemos decir como anécdota que protegió al pequeño Mozart, durante su estancia en Viena, y el músico, en agradecimiento, hizo más tarde una breve alusión a su persona y oficio en su ópera Cosi fan tutte. Le han dedicado un monumento en la ciudad.

La segunda persona más famosa que eligió este lugar para vivir fue la poetisa alemana Annette von Droste-Hülshoff (1797-1848) que pasó aquí los últimos años de su vida, habitando el Viejo Castillo. Después de la II Guerra Mundial Meersburgo fue ocupado por las tropas francesas.

Nosotros iniciamos la visita por la parte alta y para no faltar a las buenas costumbres lo primero que hacemos es entrar a la iglesia. De ella sólo recuerdo una preciosa talla de la Virgen con el cuerpo de Cristo en su regazo, iconografía muy repetida por aquí y de una gran belleza y un tríptico de estilo gótico en que las figuras van vestidas con ropajes de época.

Al adentrarnos por la ciudad, pasando por la oficina de Turismo, descubrimos pronto el encanto de este lugar. En un cruce de calles, donde se sitúa el mercado los días asignados, vemos a un lado la Oberturm o Torre de Dagoberto, de la antigua muralla medieval, alta, esbelta y pintada en un color rojizo, con pequeñas ventanas en su fachada, un reloj en la parte alta y rematada por un tejado escalonado y triangular. Por todas partes que mires hay edificios bonitos, especialmente un mirador que hace esquina en una casa blanca pero cuajada de flores en sus ventanas. Como está anunciado en los dibujos que también la adornan, hoy es el hotel “Zum Bären”. Las casas, pintadas en colores claros, suelen tener enredaderas que trepan por sus muros y delante de casi todas ellas hay mesas y bancos pertenecientes a establecimientos hoteleros o restaurantes, todavía vacías a estas tempranas horas de la mañana. Aquí se encuentra el Alte Rathaus, un edificio de muros en color amarillo con el escudo de la ciudad pintado sobre la puerta de jambas de piedra granítica.

Por una suave pendiente seguimos el itinerario. Nos encontramos con el Antiguo Castillo medieval, de sobria construcción, con chaparras torres redondas en sus extremos, muros en color pardo que contrasta con los tejados rojos, con un enorme árbol que tapa su parte central. En la fachada de la entrada hay un calvario, la Cruz, María y San Juan, colocado en el muro entre las ventanas. Se accede por una escalera a una puerta ahora abierta porque ya se ha abierto el museo. Este es el castillo medieval más antiguo de Alemania y todavía habitado. En él vivió ocho años, hasta su muerte, la poetisa que hoy consideran sus habitantes como la gran figura relacionada con la ciudad.

Lo dejamos a un lado y subimos por unas escaleras que nos conducen a la gran terraza panorámica construida delante del nuevo castillo, construido en el siglo XVIII en estilo barroco como residencia de los obispos de Constanza y convertido, tras la secularización desde principios del XIX en un Museo. Aparte de disfrutar de la elegante construcción del edificio, que combina el rojo y el blanco de sus pilastras adosadas y del marco de las simétricas ventanas, y de los cuidados jardines con su correspondiente escultura en el centro, en este caso una moderna Venus reclinada, lo más sobresaliente del lugar es la vista que se divisa desde allí, la parte baja, el lago, el puerto, el campo y los otros edificios destacados.

Para bajar a la parte que nos queda por conocer, a orillas del lago, lo hacemos por una estrecha escalera que nos permite ver de muy cerca una gran noria instalada en la parte trasera de una casa de entablamento de madera.
A la calle principal de la ciudad baja se entra por otra puerta medieval rematada con un tejado en punta y adornada por un gran reloj y las correspondientes flores. Es una zona peatonal a la que dan cuidadas casas y que a estas tempranas horas de la mañana se empieza a despertar abriendo tiendas y enderezando las sillas de las terrazas. Seguimos el paseo por libre y llegamos hasta el Puerto. Es un espacio pequeño, cuadrado, con muchas naves de recreo. Nos acercamos por el espigón hasta el final donde se puede contemplar como monumento erigido en un espacio privilegiado la columna mágica, Die Magische Säule con escenas satíricas, alusivas a los personajes del lugar, especialmente al doctor y a la poetisa, que ha creado un escultor contemporáneo nacido en una ciudad del Bodensee, Peter Lenk, muy controvertido por el tono desinhibido y procaz de sus obras.

Volvemos hasta el punto de reunión por lo que equivaldría a un paseo marítimo, a orillas del lago, entre árboles y arbustos y terrazas de cafés y hoteles. Juntos vamos a atravesar el lago hasta Constanza en un trasbordador que hace la ruta regular cargado de coches, camiones y autobuses. Es un trayecto de unos veinte minutos que permite disfrutar del panorama del lago y divisar en una mirada dos países, Suiza y Alemania y si apuramos la vista allá al fondo Suiza.



CONSTANZA-KONSTANZ.
Es una ciudad media alemana, situada en la orilla Sur del Lago de su mismo nombre o Bodeen See si lo nombramos en la lengua alemana, que tiene, dentro de la misma ciudad, la frontera con Suiza. Atravesamos el río Rhin que sale aquí desde el lago para seguir su curso hacia el este. La historia de esta ciudad se remonta a los más lejanos tiempos. Se instalaron aquí los celtas hacia el siglo II a C y unos siglos después llegaron los romanos, en su conquista del “limes” o frontera con los bárbaros que sigue el curso del Rin. De ellos toma el nombre la ciudad ya que a este asentamiento del siglo IV d C lo llamaron “Constantia” en honor del -por esa época- emperador Constantius Clorus. En el siglo VI ya está documentado que fue sede episcopal y la ciudad se fue haciendo rica comerciando con lino.
Gracias a su prosperidad y a la situación estratégica, de cruce de caminos, que ocupa, fue elegida para ser sede del evento que más fama le ha dado a la ciudad, la celebración del ecuménico Concilio de Constanza, celebrado desde 1414 al 1418, que pondría fin al cisma del Papado o Cisma de Occidente. En ese momento la iglesia contaba con tres autoproclamados Papas, Gregorio XII en Roma, Benedicto XIII en Avignón y Juan XXIII que residía en Pisa y que es quien convoca el concilio para dar una solución al profundo problema, esperando ser él el elegido. Pero el Concilio hace valer su autoridad sobre la del Papado (doctrina del Concilianismo, a la que más tarde se acogería Lutero. De ahí que en 1870, para dar fin a estos conflictos, se declara la infalibilidad del Papa) y los tres son destituidos en decisión conciliar, lo que es aceptado por dos de los protagonistas, no así por Benedicto que se retira a Peñíscola sin querer presentar su dimisión. La historia le conoce como el Papa Luna, nombre que tenía en su apellido y de esta situación se deriva el dicho español “mantenerse en sus trece”, por el número cardinal que le correspondía como Papa. El concilio finalmente elige un nuevo Pontífice en esta ciudad que será Martín V.
Como resultado de la gran actividad y de la gente que se instaló en Constanza, su población se duplicó, crecieron los negocios en torno a esta masiva convivencia. Relacionado con la actividad del Concilio aparece la figura del reformador de la iglesia checa, Jan Huss, que fue sacerdote y teólogo y llegó a ser rector de la Universidad de Praga. Predicaba contra la relajación moral del clero de su tiempo y defendía un retorno al cristianismo primitivo, en oposición a la Jerarquía católica. Sus teorías también tuvieron implicaciones políticas relacionadas con el poder de los obispos ya que los cargos de Bohemia eran ocupados por alemanes que no eran del agrado del pueblo, ansiosos de acaparar poder. Por este matiz nacionalista y por el fondo de sus teorías, tuvo muchos seguidores que se llamaban Hussitas. Fue excomulgado por uno de los tres papas y convocado al Concilio para que defendiera sus puntos de vista pero, a pesar de la promesa de impunidad que le hizo Segismundo el emperador del Sacro Imperio Germano, fue condenado por herético y quemado vivo en esta ciudad en 1415.Sus cenizas se arrojaron al Rin. En Bohemia como consecuencia de ello hubo levantamientos. Se le considera un precursor del protestantismo. A Jan Hus se le ha dedicado un conjunto escultórico en la Plaza de la Ciudad Vieja de Praga.
Constanza perdió el privilegio de ser una ciudad imperial por convertirse al protestantismo. Durante 250 años la ciudad perteneció a Austria y perdió su poder económico a favor de otras ciudades del norte de Alemania. En el siglo XIX volvió a Alemania y fue respetada en la guerra mundial y no sufrió bombardeos aéreos. Por eso su caserío y sus monumentos se han conservado intactos
Nos disponemos a conocer esta interesante ciudad y el autobús nos deja en una ancha calle, la Marckstätte, que va a dar al Puerto, que es de unas dimensiones mayores que los vistos hasta ahora. A mano izquierda se puede ver un gran edificio de altos techos de color rojo y un zócalo en la parte de arriba de madera. Aquí se le conoce como el Edificio del Concilio pero no parece cierta la teoría de que fuera aquí donde se celebraron las sesiones sino que debieron de celebrarse en la Catedral. En todo caso sí pudo tener lugar la elección del nuevo Papa.
Delante de la casa de los Concilios, en un extremo junto al lago de una despejada zona ajardinada, se levanta una estatua que es un monumento para honrar a uno de los hijos más ilustres de la ciudad, el conde Ferdinand von Zeppelín, nacido en 1838 e inventor de la nave de transporte aéreo que lleva su nombre. Naturalmente el personaje sacado de la mitología griega que vemos en lo alto de la columna no puede ser otro que Dédalo. No hay ningún nombre que lo atestigüe y la primera reacción es llamarlo Ícaro pero una primera razón para esta atribución es que la figura representa a un hombre maduro, con barbas y el segundo y más lógico argumento es que fue Dédalo el ingenioso que concibió la manera de volar e invitó a su hijo a ponerse también las alas para escapar del laberinto en donde les había encerrado el rey Minos, como castigo por haber proporcionado a Teseo, a través de Ariadna, el recurso del hilo con el que lograría salir del Laberinto después de haber matado al Minotauro, hijo de Pasifae, su mujer, y de un toro. Dédalo consiguió volar y llegar sano y salvo al sir de Italia. Como sucede con los dirigibles, en cambio Ícaro se acercó demasiado al Sol y la cera que sujetaba las alas se derritió y el joven cayó al mar, perdiendo la vida, En medio de la columna hay la siguiente leyenda:
GRAF ZEPPELIN
DEM SOHNE DER STADT KONSTANZ
ZUM GEDÄCHTNIS
Otro homenaje al inventor del dirigible es que uno de ellos sobrevuela el lago Constanza al igual que el primero que lo hizo en 1900, como una atracción turística en los aires de la ciudad donde había nacido.
Mirando hacia el puerto vemos al final del malecón que cierra uno de sus lados una extraña figura femenina, de grandes proporciones pues mide 9 metros, que gira sobre su eje. Es un original y artístico mareógrafo, -aparato que sirve para medir o registrar las mareas y que suele estar situado a la entrada de los puertos para orientar e informar a los barcos- que tiene nombre propio. Se llama Imperia y es una obra del artista local Peter Lenk del que veremos más adelante otra extraña obra con pretensiones decorativas. Es una mujer provocativamente vestida, que deja su larga pierna derecha al descubierto a través de la falda y con los pechos marcados y los brazos levantados sujetando a dos personajillos dando a entender un simbolismo que pronto conoceremos.
Entre las gentes que acudieron a Constanza durante el Concilio, no fue menor el grupo de barraganas que se presentaron y que sabemos que fueron catalogadas en su tiempo, seguras de encontrar “trabajo” con tantos hombres desplazados de su entorno familiar y amistoso. Una prostituta de lujo y de gran personalidad, famosa en la antigüedad, fue la romana Imperia, que Honoré de Balzac en una novela suya la sitúa anacrónicamente a la cabeza de las llegadas desde Roma a Constanza en época del Concilio, aunque parece que no fue cierto desde el punto de vista histórico. Pero el poder de la literatura en este caso es mayor que el del rigor de la historia y desde entonces Imperia se relaciona con Constanza hasta el punto de ser una de sus señas distintivas. Los personajes que altaneramente sostiene en sus brazos son el Papa y el emperador Segismundo, los poderes de la iglesia y del estado sometidos al servicio del amor.
A mano izquierda y dando tres de sus lados a las aguas del lago, están los Jardines de la ciudad, con unos árboles preciosos que dejan ver las aguas hoy tan calmadas y azules, entre el espacio asimétrico de sus troncos y el tapiz que constituye el césped. Hay bancos colocados de cara al lago en uno de los cuales, a lo lejos, se ve a una pareja que, ajena al barullo de la ciudad y concentrada en ellos mismos, ponen una nota humana en este privilegiado rincón de la naturaleza por otra parte vacío de gentes en medio de la mañana.

Seguimos andando por la Konzilstrasse, paralelos al lago y a nuestra mano derecha hay un edificio en una pequeña isla unida a tierra por un estrecho istmo donde en otro tiempo hubo un convento de dominicos y tras varios empleos dispares ha terminado siendo un hotel. Enfrente vemos una iglesia y un edificio anejo que es actualmente el Stadt Theater pero que antiguamente formaba parte, junto con la iglesia y el seminario, de la orden de los Jesuitas y era utilizado por éstos como un medio educativo. Hoy es una iglesia veterocatólica, un grupo desgajado de la Iglesia de Roma desde 1870 por no aceptar la inhabilidad pontificia y que se encuentra especialmente en Alemania.
La calle termina junto al moderno puente sobre el Rin que tiene a su lado una antigua Rheintorturm o torre de entrada donde se controlaba el paso de viajeros que querían entrar en la ciudad por el viejo puente de madera. Data de 1400 aproximadamente. Por el lado que da a ésta es un edificio cuadrado con nueve ventanas, friso de madera y tejados a cuatro caras de color rojo. La puerta propiamente dicha tiene el arco apuntado.
Giramos por la armónica Rheingasse y a la entrada de la calle vemos un edificio barroco, pintado en rojo, con un elegante balcón, que era la antigua casa del Vicario General los canónigos y hoy es un edificio gubernamental. Nos adentramos en el barrio más antiguo de Constanza, formado por casas de los siglos XV y XVI, de tres pisos y pintadas en los más variados colores, que eran las de los gremios artesanales de los que todavía queda el recuerdo en los carteles que anuncian el negocio que tuvieron. También había posadas. Hay una, la Blauen Schild, que está fechada en 1350.
Al final de la calle, torciendo a la derecha nos encontramos de frente con la imponente mole que es la Catedral dedicada a Nuestra Señora. En ella se pueden observar todos los estilos, desde el románico originario al gótico, representado sobretodo por las naves laterales añadidas, con elementos también del renacimiento como la Capilla de los Belzer, banqueros de Carlos V (una hija de esta familia era Filipina Belzer, casada con un sobrino de Carlos V, de la que se decía que tenía una tez tan blanca que el vino se le veía pasar por la garganta... estaría anémica, lo más probable, dejándonos de metáforas) y tampoco le faltan elementos barrocos y neogóticos. El claustro está sin terminar, le faltan dos lados. La puerta por la que entramos tiene la fecha de 1681.
Nos disponemos a ver objetos artísticos en su interior pero primero el recuerdo de la historia ya que aquí fue condenado Ian Huss, del que ya hemos hablado y veremos el lugar exacto donde estaba situado cuando le condenaron.
Vemos en la nave central los arcos de medio punto sobre columnas característicos del románico. En la parte posterior hay un bonito órgano, con figuras policromadas adosadas. También el púlpito merece nuestra atención. El altar mayor lo preside un cuadro de la Asunción de la Virgen. En un ángulo de dos muros nos hace volver la mirada una preciosa talla de una Virgen de transición al gótico. En la capilla de Santo Tomás, situada en un lateral, encontramos una colección de esculturas muy valiosas. En el retablo del altar principal vemos representado el motivo que da nombre a la capilla. Su parte de arriba imita en mármol una cortina blanca de flecos dorados, sobre la que aparece la figura del crucificado y a sus pies dos ángeles. La parte baja está compuesta de un altar en mármol negro, con la figura de Cristo en cuyo costado le está introduciendo Tomás los dedos, según la narración del Evangelio. A los lados dos personajes con corona real, hombre y mujer. En la misma capilla admiramos una bella escalinata gótica del siglo XV que tiene esculpidas escenas de la vida de la Virgen y a su lado un relieve que en una marcada policromía representa la Dormición de la Virgen rodeada de los Apóstoles.
Descendemos a la cripta, una construcción del primer románico del siglo X con el encanto y el clima de recogimiento que estos primitivos espacios ofrecen. Las columnas son de color rojo y los capiteles labrados también sobre un fondo del mismo color. El espacio está presidido por un Disco en bronce dorado que representa a Cristo en el trono reinando sobre vivos y muertos y que se puede datar hacia el año 1000. Las criptas suelen ser lugares de enterramiento y en ésta se halla el sepulcro de San Pelagio. Entramos en unas capillas que cubren sus muros con pinturas murales muy bien conservadas. Como en casi todas estas pinturas que a la vez son instrumentos didácticos no puede faltar una representación ingenua que quiere ser terrorífica del infierno. Siempre se representa su entrada como las fauces abiertas de un gran dragón monstruoso . Aquí le vemos bien el ojo, los colmillos y los orificios por donde echa fuego. Un demonio sentado pesca con una caña. En la otra parte de la representación figuran las almas de los justos que van al cielo. En el centro las tumbas abiertas de donde salen las almas. Todo un proyecto iconográfico que se repetía en todas las iglesias en frescos murales y en relieves y de las que afortunadamente se conservan muchos y buenos ejemplares.
Vemos también otros frescos que representan la vida de Jesús en múltiples escenas. En una capilla circular conocida como Mauritiusrotunde, se conserva la Heilige Grab, un monumento de finales del siglo XIII, en forma de capilla gótica adornada de figuras entre las que distinguimos a Santiago. Este lugar era una alternativa para los que no podían hacer el camino de Santiago, que llegando aquí obtenían indulgencia o bien otros partían de aquí.
Abandonamos la catedral saliendo por la puerta principal, la que da directamente a la nave central, admirando al atravesarla la puerta de madera de casetones esculpidos con escenas de la vida de Jesús, de gran belleza.
Seguimos el paseo por la ciudad y nos topamos ahora con lo que podría ser un moderno, sarcástico, atípico y poco convencional Arco del triunfo, obra del escultor de esta tierra ya conocido Peter Lenk, que a través de su personal impronta, deja su lección moral como un reproche de la conducta de los hombres, amantes del dinero, de las mujeres, de los coches y de otros lujos, en las muchas figuras, algunas de ellas en poses provocativas o en actitudes valientes que adornan el arco. Está situado delante de una de las antiguas puertas de entrada a la ciudad.
Visitamos la Iglesia de San Esteban, la parroquia más antigua de Constanza, que tiene elementos arquitectónicos románicos y góticos y actualmente está muy restaurada. El ábside es más largo de lo habitual y muy luminoso por las vidrieras que dejan pasar una luz tamizada y por las pinturas del techo en colores claros. Las columnas que separan las naves son octogonales, en color gris y con escenas pintadas. Sostienen arcos apuntados y por encima de ellos pinturas enmarcadas en espacios cuadrados y por encima hay una fila de ventanas que proporcionan luz al templo. El órgano, en el que predomina el color azul, es muy bonito. Aquí estuvo el Tribunal de la Rota durante la celebración del Concilio de Constanza.
Se encuentran de vez en cuando casas profusamente pintadas. En una de ellas destaca el águila bicéfala de los Ausburgo.
En una pequeña y agradable plaza abierta en las confluencias de la Wessenbergstrasse y la Paradiesstr se encuentra la casa Zum Hohen Hafen, del siglo XV. En sus pinturas murales, de finales del siglo XIX se narran acontecimientos de la vida de la ciudad, como los concernientes al Concilio. A su lado un moderno hotel, el Barbarroja, recuerda también un acontecimiento histórico que tiene por protagonista a este personaje de una vida tan agitada ya que aquí firmó, en 1183 una paz con la Liga Lombarda.
Aquí en este punto tuvo lugar en el siglo XV la concesión por parte del Rey Segismundo, emperador del Sacro Imperio Germánico, del marquesado de Brandeburgo a Federico I de Nuremberg, de la familia de los Hohenzollern.

Siguiendo por la calle Hussenstrasse se llega a la Schnetztor, puerta del siglo XIV donde se terminaba la ciudad. Por la parte interior se ven las ventanas y el entablamento. Exteriormente está ahora recubierto de hiedra en gran parte. A su lado una casa en estilo gótico con un mirador rematado en chapitel.

Nosotros en grupo todavía torcemos por la calle Kanzleigasse donde se encuentra el Ayuntamiento, un edificio del siglo XIV que fue antes la sede de la corporación de comerciantes de lino y de vino. Su fachada está recubierta de pinturas de tema histórico, como ya hemos visto en otros edificios, especialmente los situados inmediatamente encima de las puertas que son cuatro cuatros divididos entre sí por lisas pilastras que reflejan los siguientes acontecimientos:
-La paz que Federico II Barbarroja firmó con los lombardos en 1183.
-Fernando II de Hohenstaufen entra en Constanza en 1212
-Segismundo concede la ciudad al príncipe elector de Branderburgo Federico I en 1417
-Lucha contra las tropas españolas de los tercios de Viena que acuden para hacer volver a la ciudad al catolicismo y lograr que abandonen la reforma en 1548.
Dentro del edificio hay un precioso patio con una fachada Renacentista que logra un ambiente recogido y armónico que en verano se emplea para dar conciertos.
Seguimos hasta la Markstätte, punto principal de la ciudad que sale al Puerto, cerca de donde hemos iniciado el recorrido. Allí vemos la Fuente que conmemora la paz con los Lombardos en la que están representados los principales artífices de ella.
En el tiempo libre tenemos un atractivo: pisar Suiza y es que saliendo por la Schnetztor y andando unos cien metros más allá sin dejar la calle se llega a ese país. Una misma calle dividida en dos países.

LA ISLA DE REICHENAU
Oficialmente somos un grupo de estudiosos interesados por las pinturas medievales y nos va a recibir un guía y nos va a acompañar en la visita por la isla. Después de comer el autobús nos conduce unos pocos kilómetros más hacia el norte a visitar esta isla, unida ya por un dique artificial a la costa construido en 1838. Reichenau es Patrimonio Cultural de la UNESCO. Va a ser una provechosa visita y nosotros vamos a estar muy metidos en nuestro papel y vamos a hacer al guía muy creíble la información que Chivite le ha hecho llegar.
El autobús aparca cerca de la iglesia de San Jorge y allí conocemos al personaje, Don Alfredo para los amigos, un hombre de más de sesenta años, de rostro agradable, sonrisa fácil, ojos azules, cabello cano y ralo, vestido con una cazadora a cuadros roja y negra con un aspecto desaliñado, al que pronto le notamos los recursos y ademanes de un maestro, hecho que posteriormente confirmaremos, que nos acoge con agrado como el cazador que vislumbra una buena presa. En Chivite encuentra un alter ego perfecto y es el puente de transmisión que nos informa a los no bilingües, a pesar de que el señor habla un buen alemán. Antes de entrar en la iglesia ya nos hace una prolija disertación para meternos en materia, utilizando los recursos escolares de preguntas y respuestas propias de un pedagogo.
(¿Por qué las iglesias están orientadas al Este?
-Porque por allí sale el sol y el hombre está hecho para el día. Ex oriente lux
El oeste es la zona de la oscuridad. En el oeste se levantan las torres)
Este es un lugar privilegiado, como iremos aprendiendo de sus palabras, que aúna arte, historia, naturaleza y tradiciones.
En el año 724, en la época de los reyes merovingios, el obispo Pirmin fundó un monasterio cuando la isla estaba aún deshabitada. Es la primera noticia que se tiene de la isla En las cercanías de la iglesia de San Jorge, cerca de la costa hay una moderna estatua de este obispo.
En los inicios de la edad media, el monasterio alcanzó su momento de máximo esplendor, tanto político, científico como cultural. Nos cuenta don Alfredo que trabajaban la orfebrería con tal perfección que la corona de Carlomagno fue hecha aquí en la isla. En 896, el abad Hatto acompañó al emperador Arnulfo a su coronación a Roma, donde recibió unas reliquias de San Jorge, que llevó a la isla de Reichenau. Nos dice que se trajo la cabeza de San Jorje, -¡ni más ni menos!- Pero en la edad media y en lo concerniente a reliquias se lo creían todo a pies juntillas y esto fue tal acontecimiento para la isla que quisieron hacer algo grande y levantaron una iglesia en su honor.
Durante los siglos X y XI la isla de Reichenau fue un centro de arte y de cultura lo que podemos comprobar al ver las pinturas murales en la iglesia de San Jorge. También fueron famosas las miniaturas que hacían los monjes en los libros manuscritos, que aparecen en obras magníficas y se pueden encontrar en las bibliotecas del mundo entero.
A finales de la edad media, decae su importancia. En el siglo XVI, el monasterio fue incorporado a la diócesis de Constanza y, en 1757, después de una disputa con el obispo, fueron expulsados los últimos monjes. Hasta su desmantelamiento definitivo en 1803, el monasterio de Reichenau fue tan sólo un pálido reflejo de una gran historia.
En un momento dado, en la isla de Reichenau se llegaron a contar más de veinte iglesias y capillas. Únicamente tres de ellas han sobrevivido a través de los siglos: La iglesia-monasterio de Santa María y San Marco, San Pedro y San Pablo y San Jorge. La primera sólo la podemos ver por fuera.
La iglesia de San Jorge, construida a finales del siglo IX, en tiempo de los reyes Ottones tenía como finalidad albergar las reliquias de San Jorge y se ha conservado su estilo de principios de la edad media. Fue habitada por cistercienses y aquí se ilustraban libros. En el exterior parece un pequeño castillo, no tiene la torre en un extremo porque no tiene de quien defenderse. En su interior, la entrada estaba toda pintada, se denominaba el Paraíso. La iglesia es de planta basilical con columnas rojizas que sostienen arcos de medio punto, admiramos sobre todo las magníficas y bien conservadas pinturas murales que representan los milagros de Cristo, distribuidos en cuatro cuadros a cada lado (cuatro es también un número simbólico aplicado a lo terreno frente al 3 que se refiere a lo divino, según D. Alfred). Las del lado norte son los siguientes
1. La curación de los endemoniados de Gerasa
2 La curación del enfermo de hidropía
3. Jesús calma la tormenta en el lago de Galilea Este es un motivo frecuente en la pintura del tiempo de los reyes Ottones. Es curioso que la figura de Jesús aparezca dos veces, una dormido y otra de pie mandando calmar las aguas.
4. La curación del ciego
Las del lado sur son:
5 La curación del leproso
6. la Resurrección del hijo de la viuda de Nain
7. la Resurrección de la hija de Jairo y la curación de una mujer enferma.
8. La resurrección de Lázaro.
Todas las escenas tenían una finalidad educativa, para enseñar a gentes iletradas y creyentes que aprendían con imágenes.
En un lateral del ábside hay una pintura que difiere del estilo que hemos visto, en efecto, está elaborada cinco siglos después, en plena época gótica y se titula “Geschwätz der Fragüen” el parloteo de las mujeres. Aparecen dos damas vestidas de época hablando detrás de lo que podría considerarse una pancarta extendida por unos demonios que pululan en primer plano por la escena.
Entre los arcos vemos unos retratos circulares que representan a los abades y entre éstos y las escenas evangélicas están pintadas unas grecas geométricas que el guía nos hace ver que conducen la mirada hacia lo que interesa. Su explicación es tan exhaustiva que a la mitad se presenta una Señora que resulta ser otra guía que tiene a su grupo esperando fuera y le requiere con cierto tono de impaciencia a que se de prisa en terminar. Difícil tarea parece, a juzgar por la parsimonia con que se toma la explicación hasta de los más mínimos detalles.
D. Alfred se monta con nosotros en el autobús y nos guía hasta el final de la isla para mostrarnos la segunda de las iglesias en la que también vamos a disfrutar de sus pinturas murales, conocedores, como somos, de esta parte de la historia del arte y con deseo de profundizar...
La iglesia de San Pedro y San Pablo fue fundada por el obispo Egino de Verona, con dos compañeros quien tenía conexiones con los fundadores y patronos del monasterio de Reichenau. El abad del monasterio, temeroso del poder del obispo, les asignó este terreno en el extremo de la isla para la construcción de su iglesia. Fue consagrada en 799, luego derribada y, en el siglo XII, se construyó una iglesia nueva en el mismo sitio. En su exterior tiene dos torres a la cabecera y naves laterales adosadas. Está rodeada de un pequeño cementerio, en el que no faltan flores de todos los colores y desde sus tapias, por dos de sus lados se divisan las aguas tranquilas del lago. En su interior, de planta basilical también, con tres naves, se descubrieron en 1900 en el ábside unas pinturas murales medievales que en este caso comparten estilo artístico con el rococó del techo.
Las pinturas del ábside están presididas en su parte alta por un Cristo pantócrator rodeado de los cuatro evangelistas, y abajo se distribuyen en dos hileras de figuras enmarcadas entre columnas y arcos de medio punto. La superior nos presenta a los apóstoles y la de abajo a los profetas. Estos frescos datan del año 1130. Como una muestra de la historia social del siglo XII nos hace notar don Alfred que los profetas están tocados con unos sombreros de color amarillo como los que llevaban los judíos en la época que se pintaron. (El color amarillo es el de la mala suerte, el que suele llevar Judas. También las prostitutas llevaban ropas de ese color. Por otra parte también es símbolo del oro) Nosotros escuchamos muy atentos sin que esta vez se presente nadie a apremiarle.
A la vuelta hacia la zona donde empezamos, hacemos una parada delante del monasterio de Sta María, al que sólo podemos fotografiar por fuera y recorrer el huerto de hierbas medicinales y aromáticas que tienen dentro del recinto.
Otras muchas informaciones nos da D. Alfredo sobre esta isla que parece un lugar donde se están experimentando las utopías más bellas sobre la vida y la convivencia de los seres humanos. Son sólo 400 habitantes, los frutos de los árboles son comunes, viven de la agricultura de excelente calidad con productos naturales, viñedos, frutales y hortalizas. No les falta la pesca, las aguas del lago son tan puras y salutíferas que tienen mayor calidad que las embotelladas, sus casas están abiertas, en el buen tiempo salen por la mañana a bañarse al lago en lugar de la ducha, no se puede construir más edificaciones para no dañar el entorno, en fin, que nos pellizcamos para ver si no hemos entrado en un cuento.
Llega el momento emotivo de la despedida, Don Alfredo, el antiguo profesor que tal vez eche de menos ocasión de explayarse, lo ha revivido esta vez con este grupo de españoles que le han escuchado con atención todas sus palabras. Nos da muchas lecciones, me quedo con una frase:
“se ve únicamente lo que se sabe” Claro, don Alfredo, tiene razón, en todos los órdenes de la vida. Por eso nos gustan tanto estos viajes, porque aprendemos a ver mejor con tanta sabiduría que tienen la amabilidad de compartir con nosotros. (Va por ti, Chivite)
Otros edificios de la isla nos quedan por visitar pero habrá que dejarlo para una próxima visita. Nos despedimos amigablemente y nosotros hemos pasado una buena tarde pero él seguramente también se queda con la buena impresión de la misión cumplida.

Día 23 septiembre 2008
KLOSTER UND SCHLOSS BEBENHAUSEN
Hoy nos vamos a adentrar ya en la región conocida como la Selva Negra, que antaño fue un “lugar ignoto”, hasta que en el siglo IV se descubre su rica naturaleza y hoy es uno de los reclamos más atractivos de Alemania a pesar de las señales de alarma que han lanzado ecologistas y escritores (por ej. Claudio Magris) del deterioro de sus masas arbóreas. Sigue habiendo valles recoletos y zonas para practicar senderismo. Los campesinos de esta zona habitan unas casas muy particulares y mantienen sus tradiciones. Este espacio limita al norte con la capital Stuttgart, al sur con Suiza, al Este con una autopista que sigue los cauces de los ríos Danubio y Neckar y al oeste con el río Rin y la actual autopista que discurre paralela
Hemos dormido en Donaueschigen y desde allí salimos en dirección a Tübingen para empezar la visita en un Monasterio cercano que no suele ser uno de los puntos incluidos en los programas más frecuentado por el turismo. Esto le da un valor añadido, el de hacernos descubridores de rincones interesantes.
Mientras llegamos Chivite nos ilustra sobre la historia del Monacato en Europa. Esta institución surge en el siglo III en Egipto y subsiste en formas diversas hasta que aparece la figura clave que es San Benito, (480-547) el fundador de la orden benedictina y del primer monasterio en Europa, en Montecasino (Italia). Los monasterios contribuyen grandemente a la formación de Europa –concepto que no surge en la historia hasta el siglo VIII tras la batalla de Poitiers, cuando se adquiere el concepto de ser europeos por diferencia a los árabes- y un reconocimiento de este hecho es que San Benito es considerado el patrón de Europa. Los benedictinos, que visten hábitos negros, pronto se fueron extendiendo por toda Europa, abriendo monasterios. Con el tiempo fueron relajando las normas dictadas por San Benito. En el siglo XI surge la orden del Císter como una vuelta a las reglas de San Benito, refundados por Roberto de Molestes en 1098 junto a otros dos monjes. El teólogo que lanzó la orden hasta ser conocida universalmente fue Bernando de Claraval. Sus monjes visten de blanco. En el siglo XII surge otra orden religiosa de vida monacal llamada Premostratenses.
El monasterio de Bebenhausen, patrimonio cultural de Alemania, está situado a tan solo tres kilómetros al norte de Tübingen, en medio de un precioso paraje y es uno de los más importantes monumentos desde el punto de vista artístico e histórico. Llegamos allí temprano en la mañana cuando la bruma aún no se ha levantado del todo. Los muros de piedra, muchos de ellos recubiertos de hiedra, que forman los distintos edificios que componen el enclave rezuman todavía la humedad matutina y el lugar resulta misterioso y sugerente. Curioseamos la zona queriendo retener en la retina todos los detalles de lo que nos rodea, admirando la solidez de las redondas torres rematadas en tejados puntiagudos en pizarra o en teja roja, la cuadrada, alta y sólida torre de entrada al recinto, con pequeña puerta y más pequeñas aún ventanitas en sus muros por la parte interior y con un bonito grupo escultórico del Crucificado, la Virgen y San Juan por la exterior, los patios que se abren tras pórticos de arcos semicirculares, la fuente que serviría de abrevadero a las bestias, la torre de la iglesia que sobresale por encima de los tejados, los ventanales góticos de los muros de la iglesia, el espacio de las caballerizas, las ventanas abuhardilladas que se abren en el amplio tejado del pabellón palacio. No hay nadie más que nosotros y se podría esperar que apareciera una fila de monjes encapuchados paseando en silencio de un lado a otro. En su lugar aparecen dos teutonas jovencitas que nos dividen el grupo y nos sirven de guías en el recorrido por las dos partes de que se compone el actual monasterio.
Si hacemos un poco de historia previa sabemos que en la época de la fundación del monasterio ya había aquí una aldea con su parroquia y algunas casas nobles. La fecha aceptada es 1183 y el promotor fue Rodolfo de Tübingen,, conde del Palatinado, con la idea de levantar para él y su familia una Casa que también fuera monasterio. Eligió primeramente para habitarlo a los monjes de la orden premonstratenses, fundada por San Norberto unos sesenta años antes en la población francesa de Prémontré. Ellos abandonaron el monasterio sin una razón conocida pocos años después. A éstos les suceden en el siglo siguiente los monjes cistercienses que la llevan a su máximo apogeo durante tres siglos hasta el XVI.
Cuando en la zona se arraiga la reforma protestante, el Margrave suprime los monasterios de la zona y éste entre ellos por lo que los monjes se ven obligados a abandonarlo y el Monasterio se convierte en un Seminario Evangélico-teológico donde se llevan a cabo profundos estudios de Religión (En Francia le achacan todos los males a la religión, en Alemania en cambio, la religión fundamente la esencia y cultura alemana, es la gran diferencia entre los dos países)
Una parte del Monasterio al mismo tiempo se convierte en Residencia para los reyes de Württemberg y las dependencias que habitaron los monjes en el monasterio se convierten en el siglo XX en la Sede de la Asamblea Legislativa del estado de Württemberg-Hohenzollern al tiempo que en vivienda para sus diputados.
Empezamos la visita por el Palacio donde habitó la familia real de Würtemberg, los últimos reyes, Guillermo III y su segunda mujer Carlota. Nos muestran los aposentos privados algunos de ellos sólo desde afuera a través de las puertas abiertas. En los pasillos el adorno predominante es la cornamenta, con o sin cabeza del animal que los llevaba, que, como trofeo de caza cuelga de las paredes, lo que denota bastante palpablemente cuál era la principal actividad de estos reyes tardíos aunque en verdad esta residencia fue concebida como castillo para cazar. El rey y la reina tenían sus aposentos diferenciados y vamos pasando por todos ellos donde se exponen todo tipo de objetos, colecciones de cerámica, lámparas, fotografías, relojes, cuadros, las bellas estufas de cerámica etc. Hay un cuarto de juegos donde mataban el tiempo cuando no estaban cazando y otro de Lectura que esperemos sirviera también para ser utilizado. Ya nos advierte la guía que la reina leía sólo obras de entretenimiento. Un cuadro llama la atención por su estilo bruegeliano y en efecto, su autor fue un alumno del gran artista. En otro rincón una bella arqueta que da la impresión de una obra de marfil de gran valor y nos enteramos que ya es plástico imitando el marfil en el año 1890. La reina por su parte era coleccionista de obras de arte de Holanda y sabemos también que era muy deportista. Ella vivió aquí hasta 1946. En esta exhaustiva visita nos hacen ver hasta la sala de baño, muy moderna para este tiempo.
En las habitaciones del rey seguimos viendo objetos de valor como un precioso bargueño. Pasamos a la zona de invitados y en ella al Comedor donde llaman la atención las lámparas, con seres como demonios o sirenas labrados como adorno. En lo que sería la entrada principal de la casa sube una escalera cuyo pretil está labrado en sólida madera con escenas de caza, como no podía ser menos.

Seguimos la visita al monasterio propiamente dicho y empezamos por el bonito Claustro que es original de la época cisterciense. Desde él nos hacen notar que las medidas de las naves de la Iglesia del Monasterio resultan algo desproporcionadas y es que su nave central fue cortada y aprovechadas sus vigas y piedras para hacer el castillo de Tübingen. Nos cuentan también que la torre no encaja con el resto de la arquitectura cisterciense del monasterio ya que tenía que haber sido mucho más austera y no tan alta. Uno de los abades, que debía de disfrutar ordenando hacer grandes obras, la levantó a pesar de que la orden recibía periódicamente a un Padre visitador que controlaba los posibles excesos o relajaciones de la orden y habría puesto reparos a esta torre y probablemente mandado destruir. Como el abad también estaba bien dotado para las artes de la diplomacia, tuvo una brillante idea, alegó que la torre era un regalo a la Virgen María y mandó hacer una gran fiesta para la conmemoración de la entrega del regalo. Así no había manera de ordenar tirarla, haciendo semejante feo a la Virgen. Este acontecimiento está reflejado en un cuadro que hay en el interior de la iglesia.
El claustro es semejante al de otros monasterios cistercienses, con el templete de la fuente rompiendo la simetría de los cuatro lados, los arcos apuntados, el jardín bien cuidado, con arriates de aligustres y césped en el medio, una pequeña fuente en el centro. Por los lados interiores del claustro vemos las típicas bóvedas de crucería. Eran los espacios dedicados a la meditación, actividad que ejercían los monjes mientras paseaban por él. Nos recuerda a bellísimos ejemplares de España, como Santa María de Huerta y Guadalupe, Santes Creus y tantos otros.
Y como en todos ellos existen las mismas dependencias que vamos a ir conociendo. Primero entramos en el Locutorio o Parlatorio, que es la misma palabra, habitación donde se reunían a hablar, o a recibir los encargos de trabajo que el Abad les repartía y que es una de las estancias más antiguas. Aquí, nos cuentan y vemos en la cata que han hecho en el suelo, se encontraron restos de una instalación de calefacción anterior al tiempo del Monasterio, antes del siglo XII, pertenecientes a una construcción anterior, propiedad de alguno de los nobles de Tübingen. La prueba arqueológica es que una de las capas de los muros sacados a la luz presenta restos del humo, debido al fuego que hacían para calentarse bajo tierra. El monasterio no tuvo calefacción pero sí la zona dedicada a castillo.
Pasamos a la Sala Capitular, una de los espacios más importantes en el Monasterio. Tenía bancos y el sitial del Abad que, sentado, leía un capítulo de las normas de la orden de San Benito. También se celebraba aquí la confesión de las culpas y se imponía la penitencia. Están enterrados algunos abades. La pintura que cubre los espacios entre los nervios de las bóvedas de crucería es del siglo XVI.
Entramos ahora al Dormitorio donde dormían 80 sacerdotes y 130 legos, todos juntos, sin separación y sobre montones de paja. La estructura de celdas independientes que vemos ahora es del principio del siglo XVI, cuando el edificio dejó de ser monasterio. Más tarde fueron las habitaciones que ocuparon los diputados del Parlamento de Bad Wütemberg, que por cierto disponía de muy poco dinero y ridículo presupuesto.
La Capilla está en obras y sólo podemos ver una parte desde el ángulo que han dejado libre para las visitas. Finalmente entramos al llamado Refectorio de verano, construido ya a principios del siglo XIV, que hoy se usa para conciertos. La decoración de la habitación, cuyos techos están totalmente pintados con ingenuos motivos, es del siglo XIX, cuando servía de pabellón de caza, y se hizo a imitación de los salones medievales.
Abandonamos el recinto del Monasterio y Castillo y volvemos al autobús dando un rodeo para conocer el caserío que lo circunda, tranquilas casas con entablamentos de madera, adornadas de flores en todas sus ventanas, con jardines a un lado de la casa y un gran silencio en la calle.

TÜBINGEN
El nombre de esta ciudad debe de quedar asociado al de su Universidad. Aunque la villa es anterior, entra en la historia desde que en 1477 se funda en ella la Universidad que jugó un importante papel en el afianzamiento de la Reforma luterana. En ella estudiaron conocidos hombres célebres, como Hegel, el poeta Hölderling, el científico Kepler y otros nombres de la ciencia alemanas. Conocemos también los nombres de los teólogos Hans Kühn y Joseph Ratzinger.
Llegamos a media mañana y el clima juega a nuestro favor, la bruma se ha disipado y ahora luce el sol que embellece las fachadas de la ciudad antigua, objeto de nuestra visita. Nos acercamos a la parte más típica y conocida de la ciudad, la que da a la orilla del río Neckar y que tiene su mejor vista desde el puente Eberhard que lleva este nombre en honor al primer conde de Württemberg, fundador de la Universidad. Se reflejan en las aguas del río toda una hilera de casas de techos triangulares, pintadas en diversos colores, y presididas por la torre de la iglesia de San Jorge, formando uno de los conjuntos más conocidos de la Selva Negra. La regularización del curso del río ha formado frente a esta zona central una isla donde a principios del siglo XIX se plantó un paseo de plátanos que hoy forman una de las avenidas más bellas de Alemania, un romántico paseo entre árboles a orillas del Néctar.
Una casa sobresale de las demás por la nobleza de su construcción ya que tiene en el centro una torre redonda terminada en un puntiagudo tejado y pintada en un luminoso color amarillo. En la ribera y al lado de la casa unos grandes y frondosos sauces dejan caer sus ramas a modo de tupida cortina hasta rozar la superficie de las aguas. En ella vivió 36 años el poeta Friedrich Hölderlin y aquí murió loco. Hoy la han convertido en un museo de su memoria.
Nosotros nos adentramos por la zona peatonal, llena de acogedores rincones dentro de una armónica asimetría en la sucesión de las antiguas casas, de techos triangulares y adornos en sus fachadas. Son calles comerciales que a estas horas están muy animadas. Llegamos a la plaza donde está la Iglesia colegiata de San Jorge, construido en el siglo XV, de culto protestante. Tiene un bello Letner, en estilo gótico flamígero. Vemos también un gran tríptico obra del pintor Martin Schaffner y nos asomamos al ábside, iluminado por altas vidrieras y convertido en artístico cementerio por los catorce labrados sepulcros que el duque Ulrico mandó colocar. El más lujoso es el del propio duque.
En el exterior de la plaza se levanta una estatua policromada de San Jorge matando el dragón, sobre una columna rematada por un capitel corintio.
Seguimos por una calle ascendente hasta encontrar la bellísima plaza del mercado a la que da el Ayuntamiento y unas magníficas y cuidadas casas de los siglos XVII y XVIII en los otros tres lados Es el corazón de la ciudad, donde varios días a la semana se instala el mercado de frutas y verduras, con unos puestos que se protegen con toldos de rayas en diversos colores. Hoy no los hemos podido ver porque no es día de mercado. El edificio más bonito de la plaza es sin duda el del Ayuntamiento, empezado a construir a mediados del siglo XV y reformado un siglo más tarde para subirle una altura. Está totalmente cubierto de pinturas que representan a personajes históricos relacionados con la historia de la ciudad, entre los que ocupa un lugar destacado de nuevo el conde Eberhard. Además de un balcón-púlpito en el primer piso, en su fachada se abren ventanas en las tres alturas. Tiene un bonito reloj astronómico del siglo XVI en la parte alta rematado por una torre puntiaguda.
Delante del Ayuntamiento hay una fuente presidida por el dios Neptuno, representado en una estatua barroca de oscuro metal, que agarra con fuerza el poderoso tridente y que asemeja a un serio guardián del orden en la plaza.
Nuestro paseo nos conduce ahora calle arriba hasta alcanzar el Castillo. La puerta de entrada al recinto es un magnífico ejemplo del arte renacentista. Se asemeja algo a un arco de triunfo romano que estuviera pegadoo al muro y su arco central es el paso al interior. Cuatro columnas adosadas sostienen un rico y labrado remate en el que sobresalen dos figuras laterales. En los triángulos formados sobre el arco de medio punto de la entrada y su marco, hay unas figuras en relieve en las que se reconocen a los dioses Posidón, con el tridente, y Ártemis con un haz de flechas y un perro a su lado, como diosa de la caza. En la base de las columnas unos relieves representan escenas de la vida de Hércules. Encima de la dovela central del arco vemos una grotesca cara en la que sobresalen los largos colmillos. Cuando se traspasa esta puerta aparece, rodeado de jardines, el edificio del castillo, terminado en sus esquinas por unas anchas torres circulares y con una puerta también ornamentada que, tras pasar el foso, conduce al gran Patio cuadrado.
Son los condes de Tübingen en el siglo XI los que convirtieron este lugar en una fortaleza que fue completamente demolida en el siglo XVI para dar paso a este castillo, uno de los más suntuosos de Alemania. A partir del siglo XVIII son ocupadas sus dependencias por la Universidad, tan presente en la vida de esta ciudad. Hoy es la sede del Museo Arqueológico que depende de ella así como de otros institutos científicos que tienen su entrada por el gran patio.
Nos acercamos por un corredor que discurre por la parte más alta del castillo hasta un lugar desde donde se divisa una bonita panorámica del río Neckar y gran parte de la ciudad. Tras un tiempo de recorrido libre para volver a disfrutar de alguno de sus espacios más agradables, sobre todo con vistas al río y tras la obligada visita al restaurante dada la hora, nos dirigimos a nuestro próximo destino.
ROTTWEIL
Es una antigua ciudad medieval por la que también pasa el río Neckar. Fue fundada por los romanos en el siglo I d C como Arae Flaviae y conserva restos arqueológicos de ese tiempo. En la Edad Media fue una ciudad imperial libre, como otras que hemos visitado. En 1803 fue conquistada por Napoleón.
Es una ciudad de calles en cuesta con profundos desniveles respecto al paisaje que la circunda. Desde uno de los pequeños parques, en una zona recoleta que no ha entrado en nuestro paseo pero que algunas hemos encontrado, se puede divisar un precioso panorama en el que el verde predomina en prados y bosques y por el que serpentea una pequeña carretera local que discurre paralela a una vía de tren. Como muchas de estas ciudades tiene un centro antiguo peatonal y agradable. Lo primero que nos encontramos es una escultura en bronce del perro que lleva el nombre de esta ciudad, con lo que está clara su relación con ella. Más tarde encontraremos otros monumentos similares por otras calles.
Entramos en una de las dos grandes iglesias góticas que no conseguimos averiguar si es de culto católico o protestante porque tiene signos de ambas, como por ejemplo confesionarios. No nos llama la atención. Las dos están siendo restauradas y de la segunda podemos admirar los relieves del tímpano y le damos un rodeo para intuir su estructura.
Lo más sobresaliente de esta ciudad son los bonitos y policromados miradores con que se adornan las fachadas de casi todas las casas, que a su vez están pintadas en colores suaves y variados y que dan una nota de color alegre a la ciudad.

El monumento más destacado es la Torre Negra, que era la puerta de entrada medieval, situada al final de una calle peatonal, y que se conserva en muy buen estado, con ventanas en la parte alta y un tejado chaparro a cuatro lados.
La visita termina yendo por libre y Chivite hace un descubrimiento, que aquí vivió la mujer del militar que atentó contra la vida de Hitler y que consiguió convencer al tribunal de su inocencia. Volvemos a Donaueschingen

Día 24 septiembre 2008, miércoles.
DONAUESCHINGEN
Hemos pasado dos noches en un hotel de esta localidad pero antes de abandonarla es obligado visitar el accidente geográfico que se convierte en topónimo de la ciudad, las Fuentes del Danubio, o el nacedero si se quiere, esa expresiva palabra. No todos están de acuerdo en que este manantial sea la verdadera fuente de donde parte el gran río, hay algún otro lugar que reclama el privilegio. Pero el nombre de la ciudad ya está en el mapa y el sitio es objeto de visitas continuas atraídas por la magia que emana.
Nosotros vamos a primera hora de la mañana y buscábamos la entrada que siempre hubo a través de los jardines que rodean el palacio- residencia de los condes de Fürstenberg, un magnífico edificio habitado y un entorno que habría hecho las delicias a los que disfrutamos con bosques y jardines. Pero la propiedad privada trae consigo deseos de exclusividad y para evitar el paso continuo de gentes por sus dominios, han decidido levantar un muro que los aisle del pequeño espacio donde nace el manantial y de la mucha gente que va a visitarlo. Así que tenemos que rodear la extensa zona en cuyo centro está el palacio para entrar por el nuevo y directo acceso.
El lugar es muy interesante y en él se ha levantado un monumento conmemorativo. Una verja circular protege el pequeño estanque de aguas cristalinas que se supone son el inicio de esa corriente de vida e historia que será el río Donau y concéntrica a ésta y en un nivel más alto, otro muro con balaustrada de piedra la circunda también, dejando un pasillo en el medio por donde uno se puede asomar a distinguir las monedas que la mímesis y a veces la ingenuidad de los turistas incita a arrojar en estas verdes y transparentes aguas, aunando naturaleza con dinero que por desgracia es asociación frecuente en nuestra civilización . Esta fuente, construida en el siglo XIX está presidida por una escultura de tres personajes, una mujer, una joven y un niño, figuras alegóricas sin duda.
En sus muros leemos placas conmemorativas de poblaciones por donde discurre el río y nosotros también aprovechamos un buen rato del tiempo en este lugar y más tarde en el autobús para escuchar de nuestro historiador de cabecera algunos datos geográficos del curso del Danau y el relato de algunos de los acontecimientos históricos que lo tienen como protagonista, que no puedo pretender reproducir con exactitud pero que voy a apuntar sucintamente.
El Danubio es calificado como río integrador, frente al papel que en la historia jugó el Rin. Tiene 2888 kmtos de recorrido. De aquí, por gargantas y abriéndose en pequeñas lagunas llega a Ulm, donde ya se hace navegable. Atraviesa varios países, Austria, Eslovaquia, Hungría, Croacia, Servia, Bulgaria, Rumanía y desemboca en la República de Moldavia en el mar Negro formando un delta.
Baña ciudades como Ratisvona, Passau, Linz de Austria, Krems, Viena, Bratislava, Budapest, Belgrado y otras menos conocidas.
Ha jugado un papel decisivo para Europa en sus relaciones con el oriente. Cerca del Danubio aparece uno de los símbolos de las primeras culturas, la Venus de Willendorf, actualmente en el Museo de Ciencias de Viena. Los romanos llegan hasta aquí y el río les va a servir de limes, de frontera. Fundan campamentos, por ejemplo Carnutum, Regisbona etc. Trajano cruza el río para luchar y vencer a los Dacios, en Transilvania. Según Ortega, Europa esta formada de un sustrato romano mezclado con uno germano. El río es luego sobrepasado por los pueblos germanos del otro lado que junto a los que habitaban al otro lado, forman una civilización nueva, la europea. En tiempo del obispo de Colonia, Gero, que conocimos el año pasado, va una embajada hasta Bizancio por el río a buscar una princesa para su hijo Otón II y traen por el mismo medio a Teofanú con la que se casa.
Luego se producen las Cruzadas, los ejércitos utilizan el Danubio para desplazarse. Federico Barbarroja lo hace y acabará sus días en Asia Menor. También Ricardo Corazón de León bajó por el Danubio. Se casó en Sicilia con una princesa de Navarra y continuó hasta Tierra Santa. Hace un acuerdo con Saladino y vuelve cogiendo de nuevo el Danubio. Fue hecho prisionero y encerrado en un castillo en Dürstein, una bonita población a orillas del río, de donde fue liberado por intervención de su amigo Blondel, que reconoció desde el exterior una canción que cantaban ambos.
Doscientos años más tarde los turcos también entran por el Danubio y pasan Hungría y llegan hasta las proximidades de Viena. Entonces les hace frente Fernando, hermano de Carlos V con la ayuda de los tercios españoles. En 1532 viene el mismo emperador a Viena para salvar a Europa y la batalla de Lepanto en 1571 contiene momentáneamente el poder otomano.
Pero en el siglo XVII de nuevo por el camino del Danubio se presentan a las puertas de Viena al mando del visir Kara Mustafá. Son 150000 turcos frente a una coalición de las naciones cristianas excepto la Francia de Luis XIV que ha apoya a los turcos por su interés. El 12 de septiembre de 1663 tiene lugar en un monte cercano a Viena la batalla de Kahlenberg, que ganan los cristianos y salvan así a Europa del dominio otomano. En esta batalla destaca un joven príncipe, Eugenio de Saboya que desde entonces irá de triunfo en triunfo hasta convertirse en uno de los más importantes personajes de la Viena de ese siglo. Los turcos se vuelven derrotados por el Danubio. Después de la batalla Austria, Hungría, Ucrania y Rusia van recuperando sus territorios tomados por los turcos.
Algunas de las tierras liberadas a los turcos son regaladas a los fieles servidores del rey de Viena, entre otros a catalanes que habían sido partidarios del pretendiente, archiduque Carlos, luego Carlos VI, al trono de España.
Salimos a la naturaleza dejando de lado la historia y nos adentramos por un bello paisaje montañoso buscando el Titisee, o lago de Tito, cerca de la ciudad de Neustadt un centro de ocio y esparcimiento situado al sur de la región de Bad Württemberg. Los alrededores del lago están ocupados por establecimientos hoteleros y tiendas con todo tipo de objetos-reclamo que pueden atraer a los visitantes, jarras decoradas y demás adornos, ropa, complementos, libros y postales etc. Avanzando por una ancha calle llegamos a las orillas del lago. Tiene una superficie de 1,3 kmts cuadrados y su entorno de montañas y bosques en un día tan luminoso como el que hemos tenido la suerte de tener, nos proporcionan un precioso recuerdo de este lugar. Las aguas son de un intenso color azul pues captan el color del cielo, tranquilas y en ellas se reflejan como en un espejo las montañas y los árboles de su entorno. Hay un pequeño embarcadero de tablas de madera y pequeñas embarcaciones varadas en la costa que se pueden alquilar para navegar por el centro del lago. También hemos visto un barco grande de pasajeros que hace el recorrido pegado a la orilla del lago. Un grupo de patos se acercan hasta el borde esperando siempre recibir algún alimento de los turistas que no son muchos en esta mañana no festiva. Tenemos un rato para pasear por la zona y nos vamos a llevar la visión del paraje en las numerosas fotos ya que, desde cada ángulo por el que nos desplazamos, nos parece más bonito.
A la hora convenida volvemos al autobús y nos dirigimos, siguiendo la misma carretera entre montañas y valles hasta el pueblo de San Blasien, San Blas. Aquí se fundó una abadía benedictina en el siglo XII que ardió por un incendio en el siglo XVII. Un abad, Martín Gerbert, consiguió de la monarquía austriaca que entonces era dueña de estas tierras, privilegios que beneficiaron a la orden para construir el nuevo monasterio, esta vez en estilo neoclásico y a lo grande porque el edificio termina en una cúpula que es la tercera en tamaño del mundo. Cuando se produjo la secularización los monjes fueron expulsados. Actualmente son los Jesuitas los que lo ocupan.
Verdaderamente la cúpula tiene unas dimensiones impresionantes. La fachada tiene un atrio con columnas al estilo de un templo griego. La piedra es de color blanco. El interior es tan grandioso como ya se intuía desde el exterior, una especie de Panteón del siglo XIX, de planta circular, rodeada de columnas con capiteles corintios. El atrio de entrada y el ábside son estrechos, para no desvirtuar la línea circular de la planta. Predomina el mármol blanco en todo el recinto sólo alterado por los colores llamativos del altar de San Blas, en un lateral y por algún relieve.
El pueblo es muy agradable. Está atravesado por un río a muy poca profundidad, con un paseo amplio y alegre al que dan las terrazas de restaurantes y cafeterías. Una buena idea para embellecer una ciudad es la que encontramos en este pueblo: una exposición al aire libre de esculturas en madera, diseminadas a lo largo de plazas, muelle y calles, algunas de ellas interesantes por su temática como una reproducción de la Venus de Milo o un Ícaro con largas alas. Tenemos tiempo libre para comer y seguir viendo el pueblo y retomamos el programa de hoy.

BELCHEM
Esta es una de las sorpresas que nos aguardan en este viaje por la Selva Negra, la ascensión en autobús primero, en teleférico después y finalmente andando hasta un punto geodésico desde donde las vistas son magníficas y la experiencia de subir a la cumbre en plena naturaleza nos da verdadera satisfacción. El paisaje que vamos viendo mientras vamos en el autobús es impresionantemente bonito. Verde que ya no nos asombra, con unos valles profundos, en los que aparecen pequeños pueblos o casas de campesinos, tan características, con la leña ordenadamente amontonada y pegada a uno de los muros de las casas, (holzvorderhütte, término que también tiene otro significado que hemos aprendido bien) como una ostentación del bienestar económico, grandes árboles de poblado follaje. La carretera tiene mil curvas y el autobús asciende lentamente, lo que nos permite disfrutar mejor del paisaje.
Llegamos hasta la estación de donde parte el teleférico, a 1414 metros y vamos ocupando las cabinas para ascender hasta lo alto donde hay un restaurante aislado entre el paraje. Allí la vista es espectacular, un oleaje inmenso de montañas. En los días claros se ven los Alpes a un lado y los Vosgos a otro. Nosotros cogemos un día variado en que las nubes, impulsadas por el viento, van pasando envolviéndonos a veces en ellas y ocultando partes del paisaje pero permitiendo que nos hagamos cargo de lo bonito del entorno. Todavía subimos por un sendero un kilómetro y medio más o menos hasta llegar a la meseta más alta. Por el camino se ven en las laderas rebaños de ovejas y en el fondo de los valles pueblos que desde arriba parecen el decorado de un belén. Es una buenísima experiencia y aprovechamos para hacernos la foto conjunta de los “campeones del alpinismo”. Un grupo de valientes desciende por otro camino más largo para seguir disfrutando de este paraje de montaña. El teleférico nos devuelve a la zona del autobús y todavía tenemos tiempo de adentrarnos un poco en el bosque que rodea la estación donde algún artista anónimo ha tallado en los viejos troncos sin vida una serie de figuras de animales que le dan un aire de cuento de hadas y de gnomos. Un poco más al interior hay un observatorio de madera al que se asciende por una rústica escalera pero que algunas jóvenes y otras no tanto lo probamos buscando una perspectiva nueva de este lugar. Por el suelo, entre helechos y hierba húmeda, salen numerosos grupos de setas u hongos que hacen las delicias de alguno aunque sus preciados trofeos de un par de boletus no soporten el viaje de vuelta para ser guisados y haya que devolverlos a la tierra...

ST. TRUDPERT
Las sorpresas paisajísticas no han terminado aún porque ahora el autobús desanda el camino y se interna por otro que también discurre pos valles bonitos y pueblos pintorescos. Nos adentramos por el valle de Münstertal, lleno de casas rurales y campings y pequeños hoteles. Es una zona de esquí en invierno y muy apropiada para hacer excursiones en verano desde donde se ven valles y montañas. La meta es el monasterio de San Trudpert, san Trudberto en español aunque sea poco conocido en el santoral que manejamos en España.
Es este un lugar precioso, tranquilo, solitario, pero del que después de disfrutarlo un rato dan ganas de salir en busca de la civilización. Para mayor abundamiento los edificios que componen el monasterio son o residencia de ancianos o lugar de retiro espiritual.
A principios del siglo VII, en época de los merovingios, vivió san Trudberto, en un eremitorio. Procedía de Francia pues fue de allí de donde vino la fe cristiana hasta estas zonas, encarnada en la persona de diversos personajes que pronto alcanzaron el grado de santidad, que se instalaron aquí y se dedican a la conversión de los territorios del entorno. Uno de ellos fue San Trudberto. Este personaje fue martirizado en este lugar y más tarde, en el año 815, los benedictinos fundaron el monasterio que llevó su nombre. Estuvieron ocupando el monasterio durante mil años, hasta el 1806. Hoy lo habitan las monjas de San José y San Marcos que se ocupan de las residencias dedicadas a mantener la salud religiosa de los que aquí vienen en distintas actividades, retiros espirituales, momentos de descanso, turismo tranquilo.
Ya desde lejos el panorama que nos ofrece el conjunto formado por las dos iglesias y el monasterio es digno de ver. Una de ellas tiene una alta torre terminada en cúpula de cebolla y es de estilo gótico. La otra, incluida dentro del recinto, termina en una gran cúpula circular. La pradera y los árboles que la rodean en esta tarde que se ha cubierto de nubes le dan un marco natural de gran belleza.
Para alcanzar el monasterio subimos a través de un original cementerio, construido en terrazas, con sencillas lápidas de piedra y cubiertas de flores. Llama la atención que en la primera de ellas vemos una escultura original, cuatro enormes dedos en metal de color rojizo que surgen de la tierra no sabemos si con algún simbolismo o no. Los árboles empiezan a tomar el color dorado del otoño pero las flores conservan el vigor del verano. Es un momento especial del que disfrutamos en esta época con la suerte de que no nos ha llovido. En la zona reina un silencio profundo y no se ve a nadie por la calle.
Entramos en la iglesia que está abierta pero sin ninguna persona a la vista. Su interior esta decorado en arte barroco alemán tan frecuentemente visto. Intentamos ver la otra iglesia de la que tenemos muy buenas referencias pero la monjita que nos abre la puerta de la residencia no está dispuesta a que profanemos la intimidad de su Comunidad y dice que es para su uso exclusivo.
Todavía nos acercamos hasta una pequeña capilla erigida sobre una gruta donde hay un manantial de agua medicinal. También aprovechamos las oportunas escaleras que hay delante del edificio residencia de las monjas para hacernos una bonita fotografía de grupo.
Salimos para la cercana ciudad de Friburgo.

Día 25 de septiembre 2008, jueves.
FRIBURGO DE BRISGOVIA FREIBURG IM BREISGAU
Esta ciudad, la más meridional al oeste de Alemania, fue fundada en 1120 por el conde de Zähringer, miembro de un linaje señorial de esta región. Uno de sus descendientes en 1200 mandó construir la catedral. Cuando se extinguió la dinastía por la falta de herederos, los ciudadanos compraron su independencia y libertad al emperador y después se pusieron bajo el cetro de los reyes Habsburgo, (o Absburgo) monarquía de Austria y por tanto esta región se convirtió en la capital de Austria Anterior (Vorderosterreich) Esta situación duró casi 500 años. En 1457 el duque Alberto VI de Austria fundó la Universidad y en el 1470 se continúan los trabajos de la catedral.
En la Guerra de los Treinta años, en el siglo XVII, la ciudad quedó en ruinas. En las guerras entre Austria y Francia Friburgo es ocupada por los franceses hasta 1745 en que es devuelta a Austria y tras varias vicisitudes permanece bajo su dominio hasta el Congreso de Viena, celebrado entre 1814-5 para restablecer las fronteras de Europa tras la derrota de Napoleón I. Muchos detalles quedan todavía en la ciudad de su pertenencia a Austria, por ejemplo en las vidrieras, en las esculturas de algún edificio etc veremos representados a los reyes Habsburgos.
Por su Universidad han pasado ilustres pensadores entre ellos el escritor alemán Reinhold Schneider (importante obra suya es “Las Casas ante Carlos V” denunciando la época nacional socialista y contando el trato que los nazis daban a los que no pensaban como ellos. Otro libro suyo resultado de una estancia en Viena es “Winter in Wien”)
Otro de los importantes profesores de esta universidad fue Martin Heidegger, filósofo representante del existencialismo cristiano. Tuvo un hermano, Fritz que parece fue más inteligente que el filósofo.
El escudo de Friburgo es una cruz roja y el de Baden son tres leones.
El día aparece lluvioso y gris y hoy vamos a conocer la ciudad. Y aunque parezca un contrasentido empezamos por un campo de vides situado en pleno centro urbano, en la calle de la Estación. Es la ciudad de Alemania que tiene en su entorno más superficie dedicada al cultivo de la vid y aquí, en la calle, hay una especie de museo con cepas de distintas clases cultivadas para fines pedagógicos.
Salimos a un jardín en el centro del cual hay un palacete en un estilo neogótico con elementos que evocan el arte árabe. Aquí lo llaman Schlössle Colombi, elevándolo a la categoría de palacio pero pequeño. Fue construido en el siglo XIX para Gertrudis de Cea Bermúdez y Colombi, la viuda de un diplomático natural de Málaga. Actualmente alberga el Museo Arqueológico y guarda importantes colecciones procedentes de restos celtas, romanos, etc.
En los jardines hay una graciosa escultura de las que tanto abundan en las ciudades alemanas que representa un niño cabalgando un caracol. Se puede comentar que es ésta la única ciudad alemana en la que se comen caracoles, por influencia de la cercana Francia. No sabemos si guarda relación con este hecho o es una fantasía del escultor.
Un enorme edificio que tiene adosada una iglesia, por cierto de veterocatólicos, -que ya sabemos quiénes son-, al lado de la muralla, es el que fue convento de ursulinas y hoy está ocupado por la Volkshochschule, Universidad popular. Enfrente vemos el edificio del Teatro Municipal, de 1910 y muy destrozado en la segunda guerra mundial, como toda la ciudad, con esculturas en su fachada y en este momento con una pancarta llamativa en color naranja colgado en lo alto del edificio que dice: “IN WELCHER ZUKUNFT WOLLEN WIR LEBEN?” imaginamos que responde a una campaña de concienciación acompañada de algún espectáculo o exposición.
Vamos a iniciar el rodeo a la ciudad aunque estamos a dos pasos de la plaza del Ayuntamiento. Pasamos por la plaza de la antigua Sinagoga que ardió el 9 de noviembre de 1938, en la noche de los cristales rotos. Esta es una fecha crucial en la historia de Alemania porque también un 9 de noviembre cayó el muro de Berlín.
Pasamos por la Vieja Universidad, la fundada en el siglo XV por los Habsburgo, donde se afianzaron los Jesuitas, igual que en otras universidades como Viena, Graz o Heidelberg. La iglesia es de estilo jesuítico, con tres cuerpos, altares y gran ventanal que da luz al interior. En la fachada San Luis Gonzaga y san Estanislao de Kostka, sus dos santos más conocidos.
Nos hacen fijarnos en una de las características de esta ciudad, los canalillos o acequias de piedra por donde discurre siempre agua y que están en todas las calles del casco antiguo, con lo que hay que tener cuidado de no caerse en ellos. Servían para abastecer de agua a las personas, para que el ganado abrevara en ellas o para echar mano de agua en caso de incendio pero nunca como alcantarilla.
Nos hemos introducido ya por la zona peatonal y vemos casas muy bonitas, algunas de estilo neogótico, con entablamento de maderas y tejados en forma triangular o rematados con molduras, otras en el estilo racionalista de principios del siglo XX, con esculturas que adornan sus fachadas. Muchas de ellas, pintadas y adornadas como es costumbre en Alsacia, región vecina. Llegamos a la Puerta de San Martín, al sur de la ciudad vieja, una de las dos antiguas torres de entrada a la ciudad conservadas. A principios del siglo XX se elevó su altura manteniendo el estilo del siglo XV. Tiene un enorme reloj encima de tres pequeñas ventanas y está rematada por cuatro miradores góticos en sendas esquinas, terminados en chapitel. Al lado de la Puerta se encuentra una de las cervecerías más conocidas de la ciudad, de agradable ambiente.
Vemos la parte posterior del exterior del Museo de los Agustinos que recoge muestras de arte y cultura de la parte alta del Rin.
Atravesamos un mercado cubierto que encontramos a estas horas tempranas de la mañana en pleno funcionamiento y que ofrece múltiples productos, lo que nos hace tomar un poco el pulso de la ciudad en su vida cotidiana
Al salir del mercado, en la calle Salzstrasse vemos el meson Zum grossen Meyerhof que, dentro de su estilo neobarroco bien cuidado y pintado en tono rojizo, tiene en la parte central una gran hornacina simulando un baldaquino del que cuelgan pesados cortinajes recogidos y dentro de él un personaje lujosamente vestido a la época del siglo XVII. Para evitar que lo ocupen las sucias palomas, está recubierto de una tela metálica que le da un extraño aspecto de prisionero.
Llegamos a una zona atravesada por el canal, donde se encuentra el islote. Allí se instalaron muchos artesanos en la edad media. Hoy es un barrio romántico y agradable con casas bajas, muy cuidadas y como en tantas otras ciudades y pueblos, llenas de flores. El canal presenta una curiosidad y es la escultura de la cabeza de un cocodrilo en medio de sus aguas que da la impresión que emerge de verdad. Pasando por un pequeño puente vemos el edificio del antiguo Ölmühle que hoy anuncia el taller de un orfebre porque en la Edad Media el oficio de talladores y pulidores de piedras preciosas fue la actividad más próspera de Friburgo.
En nuestro paseo llegamos a la segunda de las Puertas de la ciudad, más reciente que la de San Martín. Es la Schwabentor, Puerta de Suabia, del siglo XIII igualmente de gran altura porque fue ampliada también a principios del XX, pintada de blanco que alterna con la sillería de la base y de los ángulos, y con su correspondiente y vistoso gran reloj. La particularidad de esta puerta es la pintura de gran tamaño que hay en su fachada y que representa a un San Jorge victorioso pisando al dragón que ya ha matado y que yace muerto a sus pies. El santo es el patrón de la ciudad y veremos su representación en otras partes. Por la fachada que da hacia el interior de la ciudad podemos ver un fresco que representa a un comerciante suabo con su carreta. Sobre esta escena hay una leyenda que dice que el comerciante vino con unos barriles llenos de oro con la intención de comprar la ciudad pero, cuando los destapó, sólo encontró arena pues su mujer había sustituido el valioso material.
A la derecha dejando a nuestra espalda la torre sale una pintoresca calle, muy comercial y adornada con guirnaldas que cada pocos trechos van de lado a lado como si fueran toldos verdes y vivos. La mayoría de ellas son glicinias y otras plantas trepadoras aunque ahora ya no es la época de la bonita flor de color azul y sólo permanecen sus ramas.
Por aquí llegamos a la plaza del Ayuntamiento. Está situado en la antigua plaza de los Franciscanos y a ella dan edificios destacados de la ciudad. La iglesia de San Francisco, el actual museo instalado en el antiguo convento que ocupa los lados norte y este, el Ayuntamiento Nuevo y el Ayuntamiento Viejo. En el nuevo, formado de dos casas unidas con miradores en las esquinas, admiramos los relieves en sus muros, bellas rejas en la planta baja y las consabidas flores en sus variadas ventanas. Las dependencias de interior pertenecieron a la Universidad. El Ayuntamiento Viejo, pintado en un color rojo casi chillón que se alterna con el verde claro de la puerta y la parte interior de las ventanas, alberga en sus bajos la oficina de Turismo. Con los bombardeos se perdieron las pinturas de la fachada.
El suelo de las calles de Friburgo es muy original, compuesto de piedras de forma circular, con un aspecto muy artesanal que a veces tiene símbolos o emblemas con algún significado. Pues bien, en la acera que hay delante del Ayuntamiento están representados en piedra los escudos de todas las ciudades hermanadas con ella que son ni más ni menos que nueve, una de ellas Granada. En el centro de la plaza, entre los soberbios castaños de indias, está la fuente de Berthold-Schwarz, que honra a un fraile franciscano en una realista estatua.
Entramos al Patio del Ayuntamiento que fue primitiva Universidad y dentro está la sede del antiguo Concejo cuya existencia ya consta en 1303. En él tuvo lugar en 1497 una famosa Dieta imperial convocada por Maximiliano I, el esposo de Maria de Borgoña.
Cerca de estos edificios podemos contemplar la fachada de la Casa de la Ballena, un bonito edificio civil en estilo gótico que mandó hacer un acaudalado hombre de negocios, Jacob Villinger, tesorero del emperador Maximiliano a principios de siglo XVI. Está también pintada en rojo fuerte que alterna con molduras doradas y llamativas gárgolas en su puerta y mirador central. Esta casa es famosa porque en ella vivió dos años Erasmo de Rótterdam. La casa da a la plaza del Mercado de las Patatas, con una graciosa fuente, Raubrunnen, en el centro. Cuando nosotros pasamos coincide que hay una clase de pequeños colegiales, sentados la mitad en el suelo y la otra mitad encima del brocal de la fuente, escuchando con toda la atención y absortos ante un personaje que lleva una capa roja y una gran bufanda del mismo color que les está contando algo. Nos quedamos sin saberlo porque seguimos nuestro camino.
En uno de los muros de la calle vemos un relieve muy realista del busto de Maximiliano I, reconocible fácilmente sobre todo por la descomunal nariz que poseía, la melena, el gorro de ancha ala. Lleva colgado el toisón de oro y en sus manos una bola, como una granada. Arriba de la imagen el escudo con el águila imperial bicéfala.
Salimos a la Kaiser Joseph Strasse, la vía principal de la ciudad, más ancha que las de sus alrededores y calle muy comercial, que termina en la puerta de San Martín. En ella además de los grandes almacenes alemanes, hay un edificio histórico, la Basler Hof, donde vivió el obispo de Basilea mucho tiempo hasta que pudo volver a su ciudad. Por eso está labrado el escudo de Basilea. Hoy es la sede del gobierno de Bad Würtemberg.
Hemos recorrido hasta ahora la parte antigua de la ciudad haciendo círculos concéntricos en torno a la Plaza de la Catedral, que ocupa el espacio más amplio y central de ella y que resulta lo más atractivo para habitantes y visitantes. La catedral se levanta majestuosa en medio de la plaza. Se dice de ella que tiene la torre más bella de la cristiandad, terminada en un chapitel que es una verdadera puntilla en piedra, pero nuestra pequeña contrariedad es que no podemos disfrutarla del todo porque tiene andamios. La catedral se construyó sobre la primitiva iglesia parroquial que era románica y de estilo tardo románico se conserva la parte más antigua que corresponde al crucero con el cimborrio que se podrá observar desde el interior, y las dos torres laterales del coro. Posteriormente se construye en estilo gótico. La parte más reciente es el enorme coro añadido de estilo gótico tardío sin contar con el pórtico renacentista del lado sur que se agregó ya en el siglo XVII.
La plaza es también el lugar del mercado y a esta hora de la mañana la encontramos llena de puestos, al lado norte se venden las frutas y verduras y otros alimentos, al lado sur encontramos una oferta de objetos de artesanía. La atención que reclama todo este bullicio de la compra venta nos impide apreciar en el primer momento la belleza del entorno que luego por la tarde, en la soledad y el silencio, podremos saborear mejor. La plaza tiene varios edificios históricos, los más de ellos reconstruidos después de la guerra. A mano izquierda de la Münstergasse por donde hemos entrado, que corresponde al lado norte, vemos el edificio de la alhóndiga o granero, la Kornhaus, donde se guardaba el grano, pintado en color blanco, con soportales en la planta baja de tres arcos apuntados, y con tejado triangular escalonado.
Nos acercamos para bordear el exterior de la iglesia antes de entrar, sorteando puestos que no nos permiten ver con perspectiva los adornos de los muros de la catedral. En la puerta del coro del lado norte, hecha alrededor de 1360, se representa en las arquivoltas la historia de la Creación, con escenas de las que destaca el episodio de la formación de Adan y en la siguiente la de Eva que la recoge el Creador como una muñeca del costado de un cuerpo echado de espaldas. En el tímpano vemos la caída de Lucifer, la tentación en el Paraíso, su expulsión y en la última escena se ve a Adan y Eva haciendo trabajos con sus manos. Son relieves con expresividad unida al arte que requieren sus fines didácticos. En la del lado sur, se representa la Dormición y coronación de la Virgen, de la misma fecha.
Por el lado sur de la plaza destaca la casa llamada de los emperadores o Historisches Kaufhaus, de extraña arquitectura, pintada en rojo, con amplio porche abierto en cuatro grandes arcos, dos torres voladizas góticas con un pequeño mirador a cada lado rematadas en alta y puntiaguda torre y techadas con cerámica de diversos colores, una serie de atípicas ventanas y lo más característico, las esculturas de cuatro emperadores de la casa de Augsburgo pegadas en los muros entre las ventanas.
Uno es Maximiliano primero. El otro es su hijo Felipe el hermoso, otro Carlos V que lleva un gorro de rey de los romanos, y es el único emperador del sacro imperio germánico y el cuarto Fernando I, hermano de Carlos V y rey de Austria. O sea tres generaciones Tiene también de adorno los escudos de Castilla y Austria y el águila bicéfala. La casa fue primeramente la sede administrativa del mercado municipal, casa de aduanas y de finanzas, de ahí la utilidad del gran soportal
En la misma plaza al principio está la que fue alberge de la guardia, la Alte Wache, una sobria casa pintada en tono amarillo claro. Y en el otro extremo vemos otro inmueble importante, la Haus Zum Ritter, edificio del siglo XVIII construido sobre una primitiva venta que llevaba este nombre. Destaca por el bonito balcón que adorna su fachada fue lugar de reunión de los caballeros de Brisgovia, luego sede del arzobispado y hoy es la Escuela de Canto y por la tarde, cuando la plaza está tranquila, se ven a madres que acompañan a sus hijos y al abrir la puerta se oyen las voces de los que ensayan.
Otros elementos artísticos y decorativos hay por la plaza que nos pasan desapercibidos en un primer momento por estar en parte tapados por los puestos de venta. Uno es la Fuente del Pescado, (de 1483 del maestro Hans von Basel) frente al edificio de la Kornhaus, con cuatro figuras adosadas en su templete gótico y policromadas. Otra es la Fuente de San Jorge que se erige sobre una historiada columna en estilo también gótico obra reciente de 1935 del escultor Antón Meckel, con la imagen del santo toda ella recubierta en tono dorado mientras que el dragón al que está matando, éste sí, está en sombrío color negro como le corresponde. Por último las tres columnas barrocas que se levantan delante de la Puerta de entrada a la catedral, bajo la torre principal, que sostienen tres figuras de los patrones de la ciudad, San Lamberto, San Alejandro y en medio la Virgen María.
Entramos ya a visitar la catedral en su interior. Se empezó a construir hacia el año 1200 sobre una iglesia románica de mediano tamaño de la que han salido restos en excavaciones recientes. Los trabajos duraron hasta mediados del siglo XVI. El material con el que está hecha es una piedra arenisca extraída de la zona, en un tono que va del rojo al amarillo que le da un aspecto muy particular.
Empezamos viendo el atrio bajo la torre, un espacio que no sé si alguien lo ha calificado ya de “capilla sixtina” del arte gótico pero que se lo merecería. Hay una profusión de figuras en las dos pareces, en el tímpano, en las arquivoltas y en el parteluz, todas ellas recién restauradas en su policromía pero el tributo que hay que pagar para su conservación el mayor tiempo posible en este estado, es que las tenemos que contemplar a través de una tela metálica que protege este lugar de arte de la devastadoras palomas que estropean todo lo que frecuentan. La gente se amontona en este lugar no muy grande y levantamos la cabeza al tiempo que la giramos 180 grados para no perdernos nada de la historia sagrada que se narra iconográficamente en la puerta y para intentar reconocer a los personajes que, vestidos con ropajes de la época, se alinean sobre sus góticas peanas bajo los chapiteles sobre sus cabezas. Una de las figuras que más atraen la atención, a pesar de que las condiciones de luz no son ahora las mejores, es la representación de la lujuria, en el lado oeste y que, como su propio nombre simboliza, está desnuda, dejando ver gran parte de su cuerpo en contraste con los que la rodean, castamente vestidos, lo cual puede que provocara en aquellos iletrados espectadores más motivos de confesión que aprendizaje del mensaje que se quería trasmitir. En el parteluz hay una bonita imagen de la Virgen Maria con el niño en brazos en esa actitud de diálogo tierno entre madre e hijo tan característica del gótico.
El interior tiene una nave central ancha y de gran altura y dos naves laterales más reducidas. El techo son bóvedas de crucería y en los muros vemos una buena colección de vidrieras de gran valor porque son de las pocas iglesias alemanas que ha conservado gran parte de ellas de origen medieval. Grandes columnas compuestas que sostienen arcos ojivales dividen las naves y adornando sus fustes hay estatuas de los Apóstoles. Un órgano renacentista esta sobre uno de los muros laterales de la nave principal, contrariamente a lo acostumbrado. No falta un bonito púlpito de estilo gótico. Hay capillas laterales y nos llama la atención una donde está representada una Sagrada Cena de grandes proporciones y vivos colores.
Para poder construir más capillas laterales pagadas por los nobles de la zona se añade un coro después del crucero que resulta casi tan grande como la nave principal y al que se le añaden quince capillas. Damos una vuelta por el deambulatorio y vemos capiteles y relieves de la época románica. Admiramos los tesoros que guardan las capillas y las vidrieras que representan a los emperadores de la rama de Absburgo. En el centro del coro se puede ver el retablo Mayor que es un tríptico pintado por ambas caras, una obra maestra de un pintor alemán de principios del siglo XVI, Hans Baldung Grien contemporáneo y amigo de Durero. La parte posterior la podemos admirar cuando damos la vuelta por el deambulatorio.
Las grandes vidrieras de las naves, de los siglos XIII, XIV y XV tienen una particularidad, que sus donantes, los que las costearon, dejaron constancia de su personalidad en sus escudos que se pueden distinguir en la parte baja de ellas. Especialmente son los diferentes gremios artesanales, como zapateros, cuyo escudo es una bota, o los toneleros cuyo escudo es, naturalmente, un barril y los panaderos que tienen una rosquilla y pan y así algunos más.
Muchas imágenes de gran valor hay por todas partes donde mires. Fotografío una sobria escultura en piedra adosada a un muro, de un personaje con aparente traje militar que pisa a un dragón y que yo lo tomo por San Jorge pero luego me hacen ver que es San Miguel, componente de la milicia de los ángeles que también lucha contra el dragón del Apocalipsis. Tenemos ya un poco de lío con tanta imaginería religiosa, a pesar de las muchas iglesias que llevamos visitadas.
Después de esta inmersión en las Sagradas Escrituras, en la liturgia y en el arte ha llegado la hora de atender a una de las necesidades vitales y materiales que no admiten espera: el alimento. Tenemos ya una idea de la ciudad como para desenvolvernos por ella y elegir alguno de los lugares apetecibles. La tarde nos va a ofrecer tiempo libre para descubrir nuevas posibilidades en la ciudad o repasar lo ya visto o el sano deporte de la compra para lo que la oferta es amplia y apetecible.


27 de Septiembre 2008-
HEIDELBERG
Es posiblemente la ciudad universitaria más famosa y bella de Alemania y tiene el privilegio de haber sido la primera de este país, fundada en 1386. (Otras dos universidades donde se hablaba alemán existían ya, en Praga 1348 y en Viena 1365) Su casco histórico se asienta en una orilla del río Neckar que aquí discurre ancho y majestuoso. En la otra orilla frente a esta parte vemos casas unifamiliares, como pequeños palacetes rodeados de sus jardines.
Su historia se remonta a los tiempos más remotos pues el maxilar inferior del conocido como hombre de Heidelberg hallado en esta zona data de hace más de 600000 años. Hubo una ciudadela celta y los romanos instalaron aquí campamentos. En el siglo III fue ocupada por tribus germánicas. Desde el 769 su existencia consta en documentos. Pasó por distintos dueños y sufrió ocupaciones militares. En 1386 Ruperto I, elector del Palatinado, funda su universidad que desempeña un papel fundamental en la época de la reforma. En 1518 recibió a Lutero poco después de que proclamara sus 95 tesis.
A mitad del siglo XVI el príncipe del Palatinado y elector Otto Heinrich apoya la Reforma y unos años más tarde Federico III instaura el calvinismo y su sucesor Federico IV se pone al frente de la Liga Protestante. Un episodio que tiene la religión como causa está en el origen de las guerras que conocemos como Guerra de los Treinta años (1618-1648). El emperador de Austria Fernando Ii, cuñado de Felipe III de España que estaba casado con su hermana Margarita, es un ferviente católico educado en los Jesuitas que quiere restablecer la fe católica en los estados de Bohemia, para entonces protestantes. En las cláusulas matrimoniales del rey de España, había una según la cual España se comprometía a intervenir en el imperio de Austria si tenían dificultades con los protestantes. Fernando II manda a dos embajadores a Praga para anunciar su llegada. Pero los bohemios los arrojan por la ventana –la segunda defenestración de Praga-. El rey de Bohemia era elegido por los ciudadanos y a raíz de esto ellos eligen a Federico V el del Palatinado, protestante como ellos, como su rey, al que se le conocerá como “Rey Invierno” porque sólo dura ese tiempo. En la primavera se enfrenta a las tropas católicas en la “Batalla del Monte Blanco”, junto a Praga, y sufre una derrota y con ella pierde también su dignidad de Elector Palatino que pasa al rey de Baviera, Maximiliano que le escribe al Papa la siguiente frase émulo del gran Cesar pero con el matiz religioso: “veni, vidi, Deus autem vixit”.
Entonces comienza la guerra. Holanda y Dinamarca toman parte en ella contra los Ausburgo. También los suecos y finalmente los franceses que apoyan a los protestantes para cortar el poderío de la dinastía imperial. Con la huída de Federico entran los católicos en el Palatinado y en la ciudad de Heidelberg destrozan el castillo y roban la Biblioteca que la trasladan a Roma. Entonces es la ocasión para recatolizar la ciudad y es el momento en que los Jesuitas se hacen cargo de la Universidad. El general católico bávaro Tilly conquista la ciudad en 1622
Al final de la guerra, con la Paz de Westfalia, el conde del Palatinado protestante reconstruye el castillo y se instaura la libertad religiosa.
Al final de siglo tiene lugar una guerra del Palatinado contra los franceses ya que Luis XIV, queriendo aumentar sus dominios a costa de estas tierras fronterizas, las reclama alegando infundados derechos sucesorios porque su hermano, el conde de Orleáns, se ha casado con una hija del conde del Palatinado que muere sin descendencia. El rey dice que los hijos que hubieran podido tener serían los herederos. Las consecuencias de esta guerra son terribles porque se destroza el castillo por segunda vez y ya se decide no reconstruirlo, así como el resto de la ciudad. En 1803 la ciudad pasa a manos del gran ducado de Baden. No fue bombardeada en la II Guerra Mundial y hay distintas teorías sobre las causas. Actualmente es una ciudad cosmopolita, activa y al tiempo tranquila y sus habitantes gozan de gran calidad de vida y medio ambiente.
La visita obligada es subir en primer lugar a su Castillo, el monumento más visitado de la ciudad y uno de los más famosos de Alemania a pesar del estado ruinoso, intencionadamente dejado así, de alguno de sus edificios. El castillo con sus ruinas se ha convertido en un símbolo del romanticismo alemán.
Se inicia su construcción hacia 1300 como castillo y se completa hasta llegar a ser un gran conjunto de diferentes estilos. Fue la sede del gobierno del Palatinado. El príncipe elector Otto Heinrich en 1556 manda construir el palacio renacentista. Cincuenta años más tarde es Federico V el que todavía sigue edificando y ampliándolo y rodeándolo de bellos jardines. Fue derribado y desmantelado a finales del XVII, luego parcialmente reconstruido. Volvió a sufrir en el XVIII un gran destrozo debido a un rayo que provocó un incendio. Pero ahí sigue, bello testigo de la historia y es visitado anualmente por miles de personas.
Al entrar en el recinto lo primero que se ve es la ornamentada y bella puerta de Elisabeth en medio de los jardines de acceso, de estilo renacentista. Según la leyenda el arco es un regalo de cumpleaños que Federico V lo hizo construir en una noche, en 1615, como regalo en el veinte aniversario de Isabel Estuardo, su mujer, -¡original regalo¡-
Continuamos atravesando el foso por un puente en cuyo pretil hay una placa que recuerda que desde aquí Goethe tomó apuntes para dibujar el castillo. El escritor visitó Heidelberg ocho veces en su vida. Los escritores alemanes del XVIII y XIX contribuyeron a difundir la fama de belleza y romanticismo de esta ciudad. Está frente a la Torturm, la gran puerta fortificada que va a dar paso al recinto interior o gran patio.
La impresión al entrar en él es magnífica. A él dan diversos edificios construidos en distinta épocas, a cual más bonito. Aquí residieron los príncipes electores durante casi cinco siglos. De uno de ellos situado a la derecha, el de la época del príncipe elector Ottheinrich, en el siglo XVI, sólo se conserva la preciosa fachada renacentista. En ella están representadas muchas figuras, tanto históricas como mitológicas, metidas en las hornacinas rematadas con la concha típica del arte renacentista, Por ejemplo en el último piso y en lo más alto se representan los dioses que dan nombre a los siete días de la semana: Ártemis-Diana que simboliza la luna, a la que se le consagra el Lunes, Ares-Marte que da nombre al Martes, Hermes-Mercurio es el Miércoles, Zeus-Júpiter es el Jueves, Afrodita-Venus es el Viernes, Cronos-Saturno es el “Saturday” o Sábado y Helios-El Sol es el Sunday o Domingo. También encontramos a Hércules que no podía faltar y otras figuras simbólicas. En el sótano se encuentra el interesante Museo de la Farmacia alemana.
En frente está el palacio de Federico de estilo similar algo posterior pero éste restaurado y con un suntuoso interior. Las figuras ornamentales de la fachada representan a dieciséis antepasados. En el interior se encuentra la cuba de vino más grande conservada en todo el país. La mandó construir Carlos Teodoro en 1751 y se necesitaron 130 troncos de roble. Tiene capacidad para 222000 litros de vino. Han construido una escalera de madera que permite rodearlo y verlo desde arriba. Allí vemos la escultura en madera policromada de Perqueo, su cuidador.
Pero lo más bonito de la visita está al salir por el arco de debajo del palacio de Federico y encontrarnos con el panorama que se divisa desde su terraza. La vieja e histórica ciudad, de tejados rojos, se agrupa en una armónica disposición a la orilla del río Neckar, que discurre majestuoso surcado de puentes, el más bello de los cuales es el de Carlos Teodoro, el más antiguo. Sobresale la gran iglesia del Espíritu Santo, los edificios de la Universidad, la iglesia de San Pedro, las plazas del centro y las preciosas villas de la orilla opuesta. Allí está el “Philosophen weg” o camino de los Filósofos, que asciende empinado por la montaña y desde lo alto se puede contemplar la vista en sentido contrario, es decir, con el castillo dominando la ciudad. Pero es ardua la tarea y hoy no hay tiempo.
Todavía vemos otra perspectiva del castillo, la destrozada torre de la pólvora, construida con muros de seis metros y medio de espesor para conservar la pólvora propiedad del príncipe pero que no soportó el ataque de los franceses que volaron el muro, tal como se puede ver. Cerca de ella la llamada Torre gruesa, que también sucumbió en la misma guerra a pesar del grosor de sus muros.
Descendemos a la ciudad que precisamente hoy celebra una fiesta de otoño y está ocupada literalmente por puestos de comida, de artesanía, por escenarios donde músicos y cantantes ofrecen su repertorio, por mercado medieval y otras actividades que han atraído a multitud de personas en un día soleado y caluroso. El espectáculo hoy es más bien sociológico que turístico. El casco antiguo ofrece mucho que ver y visitar aunque no esté el ambiente tan propicio al arte y la historia. Vemos la plaza de Kornmarkt, la del mercado de trigo, presidida en el centro por una imagen de una Virgen barroca sobre un ancho pedestal, prueba de la afirmación del catolicismo frente a la Reforma, la cercana plaza del Mercado, centro neurálgico de la ciudad, en donde se levanta una columna a Hércules, con la maza y la piel de león que le caracterizan, en medio de una fuente cuyo brocal se apoya en dos escalones que es lugar de citas obligado o de descanso. Hoy es casi imposible ni ver las escaleras. En frente contemplamos el edificio del Ayuntamiento, de sobrio barroco adornado hoy con las banderas locales y una gran línea de flores sobre los soportales de la entrada
Frente al Ayuntamiento y dejando en el medio la fuente de Hércules se encuentra la iglesia más importante de la ciudad, la del Espíritu Santo, de estilo gótico. Su torre mide 82 metros y se divisa desde todas las partes. En ella se enterraban los condes del Palatinado En un tiempo albergó la famosa Biblioteca Palatina. Se destruyó durante la guerra contra Francia y reconstruida posteriormente. Durante tiempo ha sido compartida por católicos y protestantes y hoy es sólo de culto protestante.
De aquí arranca la Hauptstrasse, una de las más largas de Alemania y que hoy está literalmente tomada por puestos, gente, música y bullicio. Nos acercamos hasta el Puente de Carlos Teodoro, llamado así en honor de uno de los príncipes electores que lo mandó construir hacia 1786 en piedra pues desde el siglo XIII hubo en este lugar hasta siete puentes de madera uno tras otro. El puente está fabricado con ladrillos de arenisca rojiza y tiene nueve arcos. Al final de la segunda guerra mundial el puente fue bombardeado pero se rescataron del río las piedras en un ejercicio de paciencia y meticulosidad y se reconstruyó fidedignamente. Dando a la parte histórica tiene una Puerta de entrada con dos grandes y redondas torres, blancas en la parte superior y a franjas blancas y rojizas en la inferior. Están rematadas con tejados de pizarra terminados en punta.
Una vieja tradición relacionada con el puente cuenta que un mono se paseaba siempre cerca de la puerta del puente, llevando un espejo consigo que mostraba a los que por allí paseaban. En la década de los noventa se encargó una escultura en bronce que recogiera esta anecdótica historia para ponerla al lado de la Puerta Sur. Hoy se ha convertido en un hito para los turistas, que se agolpan debajo del moderno mono para llevarse el recuerdo, especialmente si de japoneses se trata.
Seguimos abriéndonos paso entre la multitud que ocupa terrazas y aceras por la Steingasse volviendo a la plaza del Mercado. Contemplamos una bellísima casa de estilo renacentista que fue la unica que quedó después de la guerra con los franceses. Data de 1592 (el destrozo de la ciudad fue en 1693) Se la conoce como edificio Ritter (el Caballero) y desde hace trescientos años se utiliza primero como posada y actualmente como un hotel y restaurante. La mandó construir un hugonote francés de nombre Charles Bélier que se hace representar él en un casetón y a su hija en el contiguo bajo una ventana del primer piso.
Seguimos recorriendo la parte histórica, pasamos por la Iglesia de los Jesuitas, por el edificio de la antigua Universidad, que hoy está dedicada a museo. El edificio, blanco con los marcos de las ventanas y las puertas pintados en rojo, fue construido a principios del siglo XVIII. Los Estados Unidos que han admirado mucho a esta ciudad, hicieron una colecta de dinero para construir la Nueva Universidad que se abrió en 1933 al lado del histórico edificio. Otro lugar emblemático relacionado con la Universidad es la cárcel de los estudiantes, Karzer, que decoraron sus muros con dibujos y escritos que hoy se han convertido en un retazo de la historia local.
Abandonamos la zona peatonal para reunirnos en una comida de despedida que pone fin a un espléndido viaje. Assela Alamillo Sanz


.



La
CO



NCC




.

1 comentario:

Javier dijo...

Hola

Gracias por tus comentarios, con los que paso el rato leyendo.
deberias poner alguna foto.

Un saludo y a seguir asi. (me das envidia de la sana y de la no, de todo), me gustaria viajar tanto como tu.

Saludos.