Méjico, 6
19 de abril, martes.
Es la segunda noche que pasamos en la casa de Carlos Amero padre y durante el desayuno hablamos de los planes para hoy. Nos han invitado a comer la madre, Nelia, y su marido José Antonio pero disponemos de toda una larga mañana para conocer el DF. La opción es seguir con el arte precolombino, del que tan orgullosos y con razón se siente el pueblo mejicano. Vamos a ir al Museo Nacional de Antropología y el camino que tomamos, siempre subiendo los inevitables puentes que facilitan la circulación, nos va a hacer conocer una zona muy bonita del centro, como es la que se articula en torno al Paseo de la Reforma, con barrios como Polanco, el más elegante y europeo en cuanto a tiendas y establecimientos, Roma o Santa Rosa además de ver una parte de Chapultepec, el bosque más que el parque al lado del cual se encuentra el Museo
El MNA es uno de los museos más importantes de hispano América, no sólo por su arquitectura sino por el contenido. A veces sin mucho conocimiento técnico hablamos de aztecas y mayas pero no sólo esos dos pueblos constituyen los antiguos pobladores de tan extensa tierra que llaman Mesoamérica antes de la llegada de los españoles sino que hay otros muchos nombres que antes no nos decían nada y que tras la visita al Museo sabemos al menos de su existencia, como por ej. los propios mexicas, una de las etnias más tardías que tuvo la fortuna de dar el nombre al actual país y a sus gentes.
El edificio en sí es muy bonito y de una modernidad que choca cuando se sabe que se construyó en 1963 y fue inaugurado en el 1964. Su arquitecto fue el mejicano Pedro Ramírez Vázquez con la colaboración de otros dos colegas de profesión. La colección de tesoros artísticos había estado expuesta anteriormente en otros edificios, el último de los cuales fue el palacio de Maximiliano en Chapultepec pero ante la acumulación de ellos se decidió hacer un gran museo exclusivo para contenerlos. Por fuera destaca la blancura de la piedra y en el gran frontal de la fachada tiene esculpido el escudo del país, el águila con la serpiente subida en el nopal. El vestíbulo es muy amplio, contiene la tienda, servicios y las ventanillas donde ya hay a estas tempranas horas un poco de cola de visitantes. Cuando entramos en el gran patio interior donde convergen todas las distintas salas, que en total son 23 más una dedicada a exposiciones temporales, nos encontramos con una estética preciosa. Por uno de los espacios que abre al exterior y enmarcadas por dos árboles de jacarandas actualmente todavía llenos de su características flores moradas, se pueden ver las conocidas como torres gemelas del barrio de Polanco, dos buenos ejemplares de arquitectura moderna.
En el medio del enorme patio que en una parte está cubierto y otra a cielo raso, surge el gran “paraguas” o sombrilla, como se la conoce vulgarmente, compuesta por una gran columna labrada y de color verde alrededor de la cual caen cascadas suaves de agua. En la parte descubierta que hay más al fondo, sigue el elemento acuático siendo preeminente ya que hay un gran estanque que llaman el de los lirios. Sobre las puertas que dan a este patio está escrito el título del contenido por ej. Maya, o Tolteca, o culturas de Oaxaca, olmeca, azteza etc. Las salas se comunican entre sí por el interior y están rodeadas de jardines en alguno de los cuales hay también exhibición de obras de arte, como uno de los templos mayas o cualquier otro elemento.
Todavía en el exterior, antes de entrar a las salas vemos la reproducción de una cancha del juego prehispánico de pelota que se puede recorrer y hacerse una idea de lo que fue. El juego de pelota, conocido también como "Pok Ta Pok" o "Ulama", fue un juego ritual cuya práctica se extendió a lo largo de los tres mil años de historia precolombina mesoamericana.
Entramos en la sala frontal que contiene verdaderas y preciosas esculturas, relieves, pinturas, todas en buen estado, que han salido en los principales yacimientos arqueológicos del México antiguo. Vemos en vivo y en directo el famosísimo y mal calificado como disco del calendario azteca o la Piedra del Sol una de las primeras piezas con que se inició la colección. Se pueden leer las correspondientes explicaciones en los carteles puestos estratégicamente al lado de las esculturas o piezas importantes. Es verdaderamente interesante admirar tanta escultura y tan diferentes a veces entre sí.
A la salida, mientras las compradoras nos entretenemos en la tienda, Rafael nos espera afuera con Carlos, sentados en un poyete bajo un árbol que le da sombra y tiene ocasión de ver, porque Carlos se lo hace ver, uno de los espectáculos más típicos de México, que son los voladores que se tiran desde lo alto de un altísimo palo, atados por los pies. Es un ritual que se origina en los tiempos precolombinos. Está formado por cuatro acróbatas y un quinto que supervisa y descienden hasta la tierra dando giros en sus vuelos.
Cuando ya nos reunimos y nos metemos en el coche Carlos nos da un bonito paseo. Pasamos por el Paseo de la Reforma, cuya construcción fue un encargo del emperador Maximiliano a un ingeniero austriaco que se inspiró en los boulevares franceses. No se puede apreciar bien desde el interior del vehículo porque lo que debería abarcar la vista sólo se consigue desde el exterior, a pie y aquí es difícil aparcar. Además de altos y frondosos árboles, de palacetes del siglo pasado, se han construido altísimos rascacielos, sedes de hoteles y negocios internacionales y en el centro del Paseo se han formado glorietas adornadas con los principales y más representativos monumentos. El más conocido de ellos es el dedicado a la Independencia, coronado por una Victoria alada con una corona en la mano y una postura que adelanta un pie como para echarse a volar. Aquí la conocen como el Ángel pero se les puede disculpar su ignorancia sobre la mitología clásica porque bastante tienen con la suya propia. Se parece externamente al de Berlín pero en éste, en la parte baja hay otras esculturas y creo que es panteón de héroes nacionales. Es el monumento más representativo de México DF y donde se concentran con ocasión de múltiples motivos: triunfos deportivos, manifestaciones políticas y otros eventos que hacen peligrar la querida estatua.
Hay en otra glorieta un monumento dedicado a Cristóbal Colon, que es de los primeros que se pusieron al empezar la calle, con aspecto de un joven imberbe y decidido, subido en un alto pedestal y acompañado a sus pies por otras cuatro figuras relacionadas con la conquista.
Para contrarrestar este españolismo hay otro monumento grande y llamativo dedicado al último emperador azteca, Cuauhtémoc, que va vestido con traje que se supone de gala y empuña una lanza. Éste está en la intersección con la Avda Insurgentes, la más larga de la ciudad.
También hay una glorieta que se conoce como la diosa Diana cazadora empuñando el arco y desnuda para la que posó una conocida dama de la vida social de Méjico y este hecho fue motivo de escándalo por lo que se la cubrió con un faldón de bronce que destrozó la obra original. Luego se restauró y se volvió a colocar en este famoso paseo.
Entre los muchos altos y modernos edificios que orlan ambos lados del Paseo, ejemplo de una arquitectura contemporánea y supongo que modélica, está la Torre Mayor que es el rascacielos más alto de la ciudad y de Hispanoamérica.
Pasamos también por el Auditorio Nacional donde algún admirado cantante de nuestra hija viene periódicamente. Me refiero a Joaquín Sabina.
Otro moderno edificio lo llaman del Caballito porque está al lado de un colorista, atractivo y abstracto caballo, de color amarillo chillón, que junto con otras esculturas similares son restos de los adornos que para conmemorar los juegos olímpicos del 1968 pusieron por toda la ciudad.
En el medio del boulevar se exponen una serie de esculturas muy actuales todas las cuales tienen la característica de tener alas y pico sobre el rostro humano. Habría sido bonito ir paseando y deteniéndose delante de cada una de ellas pero no es posible. También nos introduce Carlos un trecho por el bosque de Chapultepec, sin que nos dé tiempo de bajar porque ya tenemos que ir a buscar el restaurante donde tenemos la cita.
Se encuentra éste en el barrio del Ángel, uno de los más turísticos y famosos, vecino al de Coyoacán. El restaurante se llama, precisamente El Ángel Inn y está hecho en una antigua hacienda de un rico español. Es un edificio precioso, con patio lleno de flores, su capilla, un segundo patio más interior y un comedor que ocupa toda la parte baja de lo que fue la residencia. Nos colocan en una mesa redonda, bien preparada, acogedora y no tardan mucho en llegar los anfitriones, la madre de Carlos y su marido. El encuentro es agradable, la comida es excelente y deciden que el postre lo vamos a tomar en su casa.
Hasta allí nos trasladamos y aunque está lloviendo, traen el coche a la puerta los encargados del restaurante y allí acudimos todos, a otra bonita casa familiar aunque de características muy distintas a la racionalista del padre. Tiene un jardín cuidado, con alguna curiosidad tal como que una palmera crece en el hueco de un árbol seco. Pero la tertulia la hacemos en uno de los salones interiores, a distintos niveles unas estancias de otras y llenas las habitaciones de bonitos objetos. Allí acude luego también Nelia hija, la hermana de Carlos, con su pequeña Alina, de dos años. Ella se suma a la tertulia y la pequeña alegra con sus actividades aunque no se decide a tratar a tanta gente extraña que ve de repente.
Assela Alamillo Sanz.
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