viernes, 17 de junio de 2011

Crónica de algunas impresiones del viaje a México utilizando vocablos de allí.

La república de México es de una extensión enorme y comprende distintos estados con sus correspondientes capitales. Muchos nombres ya me eran conocidos y algunos los he conocido ahora. Otros muchos he aprendido y desconozco todavía una gran parte.
Hay bastantes autopistas que recorren el país aunque algunas son de tres carriles solamente, -en total, no por cada lado-, más un buen acotamiento (arcén) donde poder pararse en una emergencia. Son todas de cuota porque si eliges la carretera libre puedes tardar mucho tiempo atravesando pequeños o grandes pueblos y encontrándote en el medio de la carretera algún que otro animal, mulos, perros, patos aunque se puede disfrutar más fidedignamente del verdadero país.

Circulando por las autopistas te encuentras muchos carteles de recomendaciones a los conductores. He tomado nota de alguno de ellos:
“No maltrate las señales”
“No deje piedras en la calzada”
“Conceda el cambio de luces”
“Permita rebasar. Use acotamiento”
“No maneje cansado, su familia lo espera”
Y éste es muy bueno:
“No grafitees ni maltrates los señalamientos viales”

También en las grandes vías del DF hay carteles que dan avisos de todo lo que uno pueda esperar. El más frecuente es el de mantener la velocidad señalada, orden totalmente inútil porque no pasas de 15 kmtos por hora aunque puedas ir a 70, y en el raro caso en que no haya tráfico, tampoco se respeta el tope máximo. Se encuentran también otros anuncios como:
“Evita que se tapen las coladeras. Mantenga limpias las vialidades”
“Despacio. Vialidad con topes”
O ésta: “Si tomas, no manejes”

Mientras vas por las ciudades puedes ver todo tipo de establecimientos y tiendas de los más variados productos. Nos encontramos por ejemplo con un edificio que en la puerta ponía “Reclusorio Femenino”, un bonito eufemismo, por supuesto y en otro se anunciaba “Policía Preventiva”

En el pueblo de Ocotepec, anexionado a Cuernavaca, donde entramos a visitar el cementerio, -lugares particularmente interesantes y originales en cualquier pueblo del país-, no se anunciaba en la puerta con este sustantivo sino que hay la siguiente leyenda en el frontispicio de la puerta de entrada:
“Lugar donde terminan las penas y comiensan los recuerdos….”
(porque la confusión de la s y la c o z es constante en carteles expuestos públicamente en la calle, algo parecido a las faltas entre nuestros alumnos con la b y v), frase que invita a cierta reflexión.

Las ciudades son vitalistas, llenas de gentes y de colores. Por sus calles circulan muchos vehículos, la mayor parte son los peseros (autobuses) locales, casi todos de color blanco, públicos o privados, que paran en cualquier punto de la ciudad que se lo pida un viajero, aparte de las paradas. En el DF está el metrobús, que circula por el centro de Insurgentes, -la calle que mide 50 ktos-, entre los dos carriles y es más caro y rápido. Otros transportes públicos de las ciudades son los camiones (autocares) o la ruta.

En los zócalos, las plazas mayores de la ciudad, se reúne inmensa cantidad de gente, los que pasan el rato sentados tranquilamente en los bonitos bancos de hierro labrado, los que acechan a los turistas y les ofrecen sus mercancías de todo tipo y a los que con sólo decirle: “no, gracias”, logras alejar sin que te agobien más, los que sujetan inmensos ramos de globos que no parecen vender a nadie pero adornan mucho, los que venden en sus pequeños garitos todo tipo de chucherías, los limpias que sientan a los clientes en unos pequeños asientos con toldo mientras lustran sus zapatos, ferias provisionales o toldos bajo los que se celebran festivales de música o canciones y sobre todo, en el centro, el gran templete de música que creo debe de ser una herencia de las plazas españolas y que a veces es verdaderamente bonito.

En sus calles hay tiendecitas en los bajos de todas las calles. Las que más predominan son los abarrotes (ultramarinos) (no sé si por lo abarrotadas que están de productos o por los barrotes que las protegen o por alguna razón filológica más seria) pero también se puede leer en los títulos negocios de Mueblerías, -que sacan sus sillas, mesas, camas y estanterías a la calle, al aire libre, en exposición permanente salvo la temporada de lluvia, imagino, de Antojerías, a veces seguidas del adjetivo mexicanas, Palaterias y neverías (polos y helados), Tlapalerías y ferreterías, Plomerías, y Huaracherias (zapaterías o más bien sandalias) También hay tortillerías y taquerías que son de maíz o harina, no de huevo.

Lo más variopinto y atractivo son los mercados populares de productos de la zona, de todo tipo y condición, por ejemplo las hojas del nopal, el símbolo nacional que está bajo el águila en todos los sitios, que previamente limpian de espinas y que van amontonando para venderlas pues se comen en diversos guisos.

En las afueras de las ciudades sobre todo pero también en cualquier calle de éstas, hay infinidad de talleres y cementerios de coches. Su anuncio es Refraccionaria. En uno de los muchos que hemos visto en el DF había un gran cartel que anunciaba “Especialista en autos chocados”. En casi todos anuncian que venden mofles, (tubo de escape) y con frecuencia los colocan en torno a un palo vertical a modo de adorno, como un buen árbol de metálicos productos. Alguno, incluso, he visto en el que cada uno estaba pintado de un color distinto. No me extraña que se rompan porque en todas las calles, cada pocos metros, hay topes en la calzada que te obligan a reducir la velocidad si no quieres destrozarte los bajos.

En otros talleres pone “limpieza y maquillaje” refiriéndose a los coches, o bien en otro “Se limpian salas” que me tuvieron que aclarar que se refiere a las tapicerías de los coches. A lo mejor al lado del taller hay una tienda de ataúdes o de recambios de electrónica o te anuncian rosticería, buenos pollos rostizados. Hay muchas Farmacias pero la cadena principal es la del Ahorro con grandes letras y en otras detrás del anuncio de Farmacio, se encuentran títulos curiosos y publicitarios, por ejemplo las que se llaman Farmacias y similares, o las que ponen: “lo mismo pero más barato” e incluso otros epítetos detrás del anuncio de farmacia en la misma línea. Son diversas cadenas.
Se puede aparcar el coche en las calles donde pone una E y por el contrario está prohibido cuando la E como señal está atravesada por la raya roja. Algunos previsores, anuncian para disuadir al que tenga la tentación de aparcar delante de la puerta de su casa lo siguiente:
“se ponchan llantas gratis” que viene a querer decir que te pinchan las ruedas como se te ocurra dejar el coche allí. No se paga por tener vado en las puertas, no lo conciben. Otros más civilizados ponen el cartel con la siguiente leyenda:
“Respete mi entrada y yo respeto su coche”
Aunque también se encuentran en las fachadas de muchas casas, bellas placas de cerámica con el nombre de la calle, el número y los apellidos de la familia. Alguna familia, mejor intencionada que la citada anteriormente, pone delante de estos datos la leyenda “Dios es amor”

En las ciudades hay muchos fraccionamientos, en los que vive gente de clase media o alta o bien extranjeros y a los que se entra a través de una barrera que levanta el guardián metido en su garito. Si son más pequeños se llaman Condominios, como en italiano, creo. Son lugares agradables para vivir. Las casas son diferentes. Puedes ver grandes mansiones con preciosos jardines cubiertos de pasto o zacate (césped) y con grandes y limpias albercas (piscinas) aunque en todas hay arbolado y flores. Los árboles más lucidos son las jacarandas que en abril se recubren de flor morada, los tabachines que a finales de abril y mayo están totalmente cubiertos de flores rojas y los flamboyanes que no son tan frecuentes y en los que predomina el amarillo, por no hablar de bouganvillas de todos los colores. A todas horas se oye el piar o los distintos trinos de miles de pajaritos y por supuesto los inevitables ladridos de toda clase de perros. Al lado de la casa de Asse y Carlos vive una familia que tienen unos changos (monos) como animal de compañía a los que también se les oye gritar.


Por las carreteras o por las ciudades hay tianguis, mercados de cualquier cosa. La gente anuncia en carteles colgados en sus ventanas o puertas sus necesidades. Una que nos chocó en un pueblo decía “Solicito chavos para chambelanes”. Naturalmente llevamos a Assela para que nos tradujera y en esto tengo que ayudaros yo también aunque otras cosas las supongáis. Son los chicos que van a hacer de comparsa y acompañamiento en la gran fiesta que celebran todas las muchachitas cuando hacen 15 años, en que se visten de princesas y recorren el pueblo seguidas de amigas y
chambelanes, vestidos con el mismo traje. Hemos tenido ocasión de ver uno de estos cortejos. Acuden todos los cuates (amigos y amigas) de la quinceañera y las amigas van vestidas con lo mejor de sus closets (armarios).

En su afición por poner carteles anunciadores o moralizantes hemos visto en varias ocasiones delante de la iglesia un anuncio que decía:
“hermano, Dios te va a hablar, pero no por celular. ¡Apágalo¡”
En esa misma iglesia, en Tule decía al otro lado de la puerta: “hermano, antes de entrar al templo, saluda a Jesús con una reverencia, descubriéndote la cabeza, gracias”

Hay carteles por todas partes. En los edificios con ascensores anuncian las precauciones que hay que tomar en caso de sismos, palabra que naturalmente es la misma que nuestro “seísmo” aunque, dadas las características del subsuelo de esta tierra, aquí sí hay que tomar precauciones por mayor probabilidad de que se produzcan. La palabra viene del griego “seísmos” y lo correcto en la transcripción es que dé el término sismo. Es el español de España el que lo hace anómalo, de la misma manera que decimos Poseidón y no Posidón que sería lo correcto.

Hemos frecuentado buenos restaurantes y salvo en un par de ocasiones no hemos aceptado la comida corrida y hemos pedido la carta de la que se entiende muy poco si no tienes ayuda. Empezamos por la botana y nos dan a elegir entre varias marcas de cerveza y te ofrecen rico mezcal, sobre todo en Puebla donde cada poco se ve escrito en los bares “Expendio de mezcal” porque es la bebida típica. Además del conocido tequila está también el pulque, que se saca del maguey y son las tres parecidas.

Los meseros en general, en todos los restaurantes, son muy amables y profesionales. Respecto a los menús hay tantas palabras nuevas que responden a otros tantos productos extraños para nosotros que me resulta difícil retener. Yo pedí un día unos camarones capeados que estaban muy buenos por cierto y así aprendí que ahí entran gambas, langostinos y otros animalillos de esa misma especie y que capear es rebozar. Entre otras muchas cosas que merecen capítulo aparte, conocí también los chiles en nogada y moles de distintos colores, lo mismo que los fríjoles.
Allí no es lo mismo comerse un taco que decirlo, por supuesto. Ellos se los comen y muchos.
Nos llama la atención que el producto traído por cierto de allí y tan utilizado por nosotros como es el tomate, allí se llame jitomate. Creo que los españoles le quitaron el ji porque no hablan de manera tan risueña como los mejicanos sino, como ellos dicen, de manera golpeada.

Se ven muchos tipos de rasgos indígenas, por eso cuando una o uno es güerita o güerito llama la atención (rubia). Entre las mujeres elegantes las hay más frecuentemente pero se nota lo artificial.

Comprendo bien que todos digan “mi mamá y mi papá” y que a Assela su abuela política, con la cabeza algo perdida, le recriminara una vez por mala educación y atrevimiento, cuando se refirió a mí como “mi madre”, porque las palabras madre y padre tienen otro significado. El termino madre es negativo. Se está “hasta la madre” de una situación o persona, cuando ya no puede aguantar más, está harto. En cambio cuando algo es “muy padre” o sencillamente “padre” es un adjetivo calificativo de los más positivos, lo mejor que se puede decir y además es el adjetivo más empleado, se oye constantemente. (No sé qué hacen aquí las feministas). La única expresión que mantienen de cierto valor positivo con la palabra madre es decir que algo es “de poca madre”, lo cual supongo que es una moralización o eufemismo que traduce la vulgar expresión castellana “de p. madre”.
Respecto al género me llamó la atención un anuncio de una profesional de ginecología que anunciaba su profesión después de su nombre claramente femenino: “Beatriz Adriana García Estrada
Médico Cirujano
Y Partero”
Seguido de otros datos prácticos

Hemos paseado por preciosos jardines públicos de inmensos árboles, estatuas, adornos, kioskos y más cosas. Todo lo podemos calificar de padrísimos. Cuando entras a un edificio público hay que tener cuidado porque en la misma puerta está escrito si tienes que jalar (tirar) o empujar. A Rafa en el museo le hicieron zafarse el bolso que llevaba colgado. Si pagas con tarjeta, a la hora de presentarte la factura te dicen “regáleme una firma” como expresión habitual.

Aunque el restaurante sea muy elegante, uno puede ir vestido con una playera, (camiseta manga corta), pantalón corto y huaraches pero se ven gentes muy elegantes, señoras pintadas y enjoyadas con aretes y valiosos dijes.
Son gente amable, no se friegan unos a los otros en general. Dicen con frecuencia “órale” que significa, “de acuerdo” y si algo les causa sorpresa dicen ¡híjole¡ para expresarlo aparte del conocido ¡ándale¡. Sólo existe el ahorita, en diminutivo pero ni por esas se dan prisa.
Algunos hablan entre sí lenguas indígenas, imposible de entender nada y que es una buena herencia lingüística .

Ahora hemos entendido también el significado de alguna frase de canciones rancheras mejicanas que cantábamos sin saberlo, por ejemplo muchos cantábamos: “medeco, medesatuna, medeco, medesatuna, aunque me pinche la mano”
Y la realidad es “me he de comer esa tuna, aunque me espine la mano”, sabiendo que la tuna es el higo chumbo, el fruto del nopal que es un poco diferente pero podría identificarse con una chumbera de las del levante. Un poco más adelante la misma canción (Guadalajara en un llano, México en una laguna…) dice lo siguiente:
“L’águila siendo animal, se retrató en el dinero; (bis) para subir al nopal...pidió permiso primero”. Ahora entendemos que no se subiera a un nogal como cantábamos algunos en España. También se entiende lo de retratarse en el dinero pues el relieve de todas las monedas, aparte de encontrarlo en otros muchos sitios.
Una amiga mía me dice que cantaba “me he de comer esa tuna aunque me cueste la mano” creyendo que la tuna era una señorita más o menos esquiva.
Hasta aquí son algunas de las reflexiones de estos días. Seguiremos aprendiendo
Son muy instructivos los viajes….

Assela Alamillo.

9 mayo 2011

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