MÉXICO. 29 VIERNES. ÚLTIMOS DÍAS
Estamos ya en estricta familia, padres e hijos. Hemos despedido a los amigos que sabemos han llegado bien a Madrid y, después de pasar la tarde del 28 en la casa de Nelia madre, donde hemos conocido a sus hermanas, Berta y Gina, a la madre que tiene la cabeza perdida aunque sigue vital, al tío Agustín, hermano de ellas, a algún cuñado y sobrino, nos volvemos a dormir a casa de Carlos.
Hoy es viernes y Carlos se va a trabajar. Para los chicos es su último día de vacaciones. Mañana ya es un fin de semana normal. Hoy vamos a aprovechar la jornada para conocer algo más del DF que tiene mucho que ver todavía. El objetivo es ir a visitar el nuevo Museo Soumaya, la fundación que ha donado el multimillonario Carlos Slim, con una pequeña parte de sus tesoros personales. El edificio en sí, moderno, lo ha diseñado un arquitecto que es su yerno, ¡así ya se puede¡. Tiene una forma de gran chimenea que se estrecha en el centro. Tardamos muchísimo en llegar hasta allí, al barrio elegante de Polanco, de gran parte del cual es el dueño el propio Slim, y donde aún no ha terminado sus proyectos. Entramos a verlo y se empieza desde el último piso, donde están las esculturas, obras de gran valor que disfrutamos mucho, algunas conocidas, otras no. Se van bajando por unas rampas en espiral hasta los pisos inferiores donde se expone pintura y otros objetos de valor. Los espacios son amplios, blancos, y los objetos lucen en él.
De todos modos, a pesar de la modernidad de los edificios que rodean el nuevo museo, allí muy cerca, vemos unos puestos de frutas y verduras, más elegantes que otros de otras zonas en verdad, pues están cubiertos con toldos verdes y los productos se exponen en orden en una superficie inclinada. Me parece que este contraste que pude captar desde el coche en una fotografía es un buen ejemplo de esta convivencia de distintos estilos de vida.
A la salida vemos más partes de esta zona elegante de la ciudad.
Propongo ir a comer a algún sitio del bosque de Chapultepeck y la idea es bien acogida así que nos acercamos allí y a la entrada en el restaurante nos recogen el coche y entramos en un bonito local que sustituye muros por cristales a través de los cuales se ve un lago rodeado de una zona de paseo y de grandes árboles que se reflejan en sus aguas de color verde.
Al salir paseamos un poco por la orilla del lago y después del largo rato que cuesta volver hasta Tlaplan, volvemos a casa del padre donde la tarde se termina en animada conversación.
El día 30, sábado, Carlos padre no tiene que ir a trabajar y planifica una salida en su propio coche para llevarnos a sitios que nos quedan por conocer y que nos apetece mucho para completar la impresión de una parte de esta desbordante ciudad.
Vamos primero a la famosa UNAM, la Universidad Autónoma de México, donde estudiaron los dos Carlos por ejemplo. La primera novedad es que por fin entramos en coche por la famosa calle Insurgentes, la que mide 60 km de longitud, de arriba abajo. Se divide en sur y norte y por un carril central discurre únicamente el metro-bus que es el más rápido y caro de los autobuses de la ciudad y tiene pocas paradas en el trayecto.
Nuestro primer alto es en el Campus de la Universidad, que es enorme. Desde donde ha aparcado, en una parte alta, se puede ver la famosa Biblioteca, con sus azulejos recubriendo la fachada. También otro edificio, el que muestra los murales de Orozco. Al otro lado de Insurgentes, se ve el estadio de futbol de la Universidad, donde lucen los murales de Rivera.
Pasamos por barrios para nosotros nuevos, en calles que no habíamos transitado hasta ahora, en esta ciudad que nos parece tan grande y difícil de manejar. Hay edificios magníficos en esta zona central.
Seguimos hasta el monumento a la Revolución, que acaba de ser restaurado y han puesto un ascensor que te lleva a la parte de arriba. Al nivel del suelo, en una zona espaciosa y cubierta, han abierto una exposición sobre la historia de México. El venir aquí ha sido un consejo de la tía Berta, que es arquitecto urbanista de profesión además de otros que vamos a seguir, así que ya tenemos trazado el itinerario.
Hoy se celebra el día del Niño y en las carpas que hay abajo, en la gran plaza en cuyo centro se levanta este monumento, se reúnen los pequeños de la zona y la música infantil y el jaleo contrasta en cierto modo con la visita a un lugar tan lleno de historia y de simbolismo. Nos enteramos que es la parte central del gran proyecto del Palacio de Congreso que nunca se terminó, aunque vemos muchos dibujos y bocetos preparados por el arquitecto francés que lo dirigía. Sólo se construyó esta zona y ahora se le ha dado el papel alegórico de ser símbolo de la revolución que derrocó al régimen que pretendía levantar el edificio. Curiosidades e ironías de la vida.
Subimos por el moderno ascensor los muchos metros que nos separan de la cúpula y allí se sale a una terraza protegida por cristales desde donde se ve gran parte del DF, porque decir que abarca todo sería exagerado. Damos toda la vuelta a la terraza, contemplando de cerca las figuras esculpidas en sus bordes y haciendo alguna foto:
Por ejemplo este es uno de los lados, el central, que va a dar al paseo de la Reforma.
En la parte de abajo entramos al museo de la Revolución, de reciente creación y nos demoramos un buen rato viendo fotografías de los personajes, de escenas, recuerdos personales de ellos, objetos curiosos y sobre todo paneles con explicaciones que me confirman lo dificultoso de entender y menos aprender la historia moderna de México en los últimos tiempos. Creo que aprobar la historia para los alumnos tiene mucho más dificultad que aprobar las matemáticas….
Damos una vuelta por la plaza y de nuevo en coche buscando la fuente de la Cibeles, lo cual no es un extravío de mi mente, como tantas meteduras que una ya tiene, sino que la ciudad de Madrid obsequió a la de México DF con una reproducción exacta de su monumento más significativo, la fuente de la diosa latina que se nos ha hecho castiza. Tardamos un rato en encontrarla, porque esos barrios, por otra parte muy bonitos, de Roma, Colonia Rosa y la Condesa se parecen entre sí y por cierto, ahí sí daría gusto vivir sin demasiados recelos. Son calles anchas, con boulevares en el medio, con palacetes de buen gusto que aún se conservan alternando con razonables edificios nuevos, con tiendas magníficas.
Por fin se deja ver la fuente, que difiere un poco en el material, ésta es de tono oscuro, tal vez bronce, pero la misma forma. Paran el coche para que yo me acerque a hacerle fotografías que si se muestran a un madrileño, le desconciertan totalmente porque no reconoce el entorno urbanístico.
Por último buscamos la colonia de Sta María de la Ribera, otra recomendación de Berta, que ha hecho su tesis doctoral sobre este barrio y nos ha hablado de ella. También está en el eje de Insurgentes y finalmente la encontramos. Tiene dos cosas interesantes este Zócalo que es el centro vital de la colonia, y en el medio de él se encuentra el templete morisco que está recién restaurado y que procede de una exposición universal, y el museo de Ciencias naturales que hay en un extremo de la rectangular plaza y que tiene una preciosa escalera de estilo modernista. De uno y otro disfrutamos con su visita y finalmente Carlos nos conduce de nuevo al barrio de la Condesa donde él conoce un restaurante que en verdad es muy agradable y con buena comida y buen ambiente.
Volvemos después de comer a casa y los hijos deciden que será mejor llegar esa misma tarde a dormir a Cuernavaca para prepararse tranquilamente mañana al comienzo del nuevo trimestre. Nos despedimos de Carlos expresándole todo nuestro agradecimiento y nos vamos.
Así termina nuestra experiencia del DF
Assela Alamillo Sanz
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